Estado de la cuestión

Después de haber conversado con Luís sobre el devenir de esta gacetilla, ha convenido en mi propuesta de reajustar su línea editorial -hasta ahora un poco errática-, hacia contenidos algo más estables y previsibles temáticamente. Que nadie se alarme: nuestro homeocinismo literario proseguirá

Ergo, estoy constituyendo el Consejo Editorial por el cual el dr. Luís Roger (Ludovico el Rojo) asumirá el puesto de Prefecto para todo lo relacionado con filósofos griegos y bizantinos, Patrística y todo aquello sobre lo cual le apetezca a él escribir.

El hasta ahora llamado Kapellmaister Edmond, pasará a ser el Profesor Ramón Anta, (porque es las tres cosas), y será  nuestro Conducator en Música sófica. Si quiere hablar de cualquier otra cosa, lo hará, por tener el merecimiento para ello.

Yo haré lo que buenamente pueda.

Queda vacante un lugar para las cosas de filosofía natural. El Orientólogo está al caer. Un divulgador científico nos iría bien. También hablaré con Calixto Pleton, ya veremos.

El dominio oficial pasa a ser http://elcosmogono.com.

Se informará de todo a su debido tiempo y sin ansias.

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“Et luna tota facta est sicut sanguis”

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La razón del título la hallamos en Apocalipsis, 6, 12. El documento hace referencia al eclipse total de Luna que se dio en el signo de Capricornio concurriendo Marte en conjunción en el mismo signo, Saturno en Sagitario dulcificando un poco con su semisextil. El Sol obviamente estaba en Cáncer, opositando lo que se ve, Venus en Leo y Júpiter en Libra. Si alguien quiere saber los pronósticos que se derivan de esta configuración que pregunte a un astrólogo: yo tengo mi propio sistema de interpretar estos eventos.

La foto la tomé desde la estación secundaria Poseidón. Está muy poco filtrada porque no gusto de fantasías gráficas. Este tipo de eclipse recibe el dramático nombre de “Luna de sangre”. Para celebrar el hecho, al día siguiente me rompí el hueso escafoides de la mano derecha, que llevaré enyesada una luna cuanto menos.

 

10 años del Cosmógono y una reflexión

Estimados,

Este pasado mes de Marzo esta gacetilla cumplió 10 años. Una década, que se dice pronto, desde aquella primera entrada: la escena final del Don Giovanni, de Mozart: Es esta.

A lo largo de estos 10 años han circulado por estas páginas muchos inventos extraordinarios, textos de una profundidad inaudita, noticias importantes y extravagantes, eventos muy diversos, bodas, varios nacimientos, varias muertes, música antigua, algunos cometas, bastantes eclipses, mucha alquimia, mucha filosofía, mucha religión, mucha mística, mucha poesía, mucha ciencia, mucho amor que parecía mucho para revelarse poco y algún poco que demostró ser mucho, también hemos tenido amigos nuevos, amigos viejos, inamigos y desamigos y de todo ha habido y va habiendo en esta viña del Señor. Porque esto es una viña del Señor, que ha recibido 348.570 visitantes provenientes de 142 países que han llegado hasta aquí buscando información de lo más variopinto: desde el aedes albopictus a una buena traducción de algún texto cabalístico medieval. También hubo gente que venía a cotillear o a seguir la delirante literatura surgida de nuestra imaginación.

La cadencia de publicación disminuyó mucho a partir de un cierto instante, aproximadamente 2012, cuando Ludovico el Rojo se hizo cargo del mantenimiento de esta gaceta en mi ausencia, cuando yo fui a vivir a China primero y a Japón después, aprendiendo y estudiando nuevas maneras de ser y conocer. Ludovico me hizo el enorme favor de cuidar la casa y en el menester se ha comportado como un santo, o mejor aún: como un amigo (Jn 15, 15), toda vez que, durante seis largos años ha estado en el gobernalle de esta aventura y la ha mantenido dignamente a flote sin desvirtuarla en su espíritu. Hace un año volví de Oriente y hoy, tras un periodo de adaptación, me reintegro al consejo editorial de la casa.

Habrá algunos cambios de contenido, de acuerdo al nuevo rumbo magnético del Cosmógono. Habrá menos Alquimia y habrá menos Cábala. No obstante nada cambiará en lo esencial y siempre se pretenderá que el eventual visitante no salga de esta casa con las manos vacías.

Creo que no soy el mismo. Ver y tener el arcano que tantos buscaron desde la más remota antigüedad, no tuvo el efecto que de joven supuse, muy al contrario pues, ¿qué hace el constructor cuando ha coronado la obra? El mero acto de concluirla supone el fin de su oficio y de su arte. Ya no tiene obra a la que echar mano. Llegar, conseguir, tener, ganar, no son nada más que una antesala del perder. En consecuencia, se pierde. Se pierde todo lo que es artefactal y en su lugar aparece un infinito espacio de libertad, de demasiada libertad -de libertad sagrada-, que exige un modo radicalmente nuevo de estar en el mundo. Y aquí no supe encontrar este modo. Necesitaba expertos en el vacío, en la nada, en el no-ser, en el tiempo negativo y aquí en Occidente ni los había ni los hay. Hay que ir a Asia.

Hay que ir a Yunnan. Hay que ir a Fukui.

¿Qué hace el constructor cuando ha coronado la obra? Ahora lo sé: se sienta en la postura adecuada y practica Zazen. Abre un espacio de meditación en su pueblo para enseñar a meditar y medita sin esperar nada a cambio. Es agradable y es plausible.

A los que han estado visitando esta casa, gracias por su fidelidad. Todavía no he hablado con el doctor Luis Roger de varias cosas que hacen al caso, pero lo voy a hacer de inmediato. Con el resto ya iremos hablado.

Ahora, quiero celebrar estos diez años, que no se han pasado en un suspiro, sino en una eternidad. Desde la voz del valle,

Santiago Jubany

Una escuela de Zen

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A quien interesare:

Estoy creando una escuela de meditación en la linea del Zen y he pensado que lo correcto era comunicarlo a los amigos que frecuentan esta página.

Esta escuela de meditación, que aún no tiene nombre, es de orientación laica, pero lo que en ella se ofrece tal vez pueda auxiliar a cuantos quieran estrechar más y mejor su íntimo convivio con Dios.

Muy a menudo este convivio se ve comprometido porque la persona no sabe la manera correcta de estar en silencio o de estar en quietud, de manera que las agitaciones de la mente interrumpen aquel buen propósito.

Por ende, también hay un hecho insoslayable y es que una gran cantidad de personas de buena naturaleza interior, se ven aquejados de los sufrimientos propios de la angustia, la ansiedad y el pánico, y dado que no se puede dejar a estas personas a merced exclusiva de psiquiatras, psicólogos y psicofármacos, justo es que aprendan el único remedio para curar -que no paliar-, este sufrimiento suyo.

A tal efecto propongo una enseñanza, unas conferencias, una práctica contemplativa en compañía y lo que se llama Dokusan, que significa instrucción privada.

Por lo pronto esta escuela y comunidad fraternal tendrá su lugar natural en Catalunya. Más adelante, ya veremos.

Cualquiera que esté interesado en la noticia, que me escriba a valgris@gmail.com y me lo haga saber.

Yo soy Santiago Jubany. Os saludo a todos.

Bella virtù

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Según me hago viejo, más estimo la Bella Virtud donde la veo y si puedo, tomo un boceto fotográfico para memoria. En este caso, la Bella Virtud, que es generosa, no me ha prohibido que la exponga aquí, para común agrado y por tanto, con su permiso aquí la expongo, agregando un fragmento de Angelo Poliziano que, a mi modesto juicio, no está de más. Hoy estoy contento.

Directorio de las malas virtudes: la conciencia tranquila (II)

Donde tener la conciencia tranquila significa, las más de veces, tener la conciencia vacante o extinta o engañada, pues de otro modo no se explica que, ante los despropósitos de los que es testigo nuestra era, tanto en lo general como en lo particular, nadie, ninguno, confiese culpa alguna, ni acepte la parte que de ella pueda corresponderle. Nunca había visto yo tantas conciencias tranquilas en mis años.

Pues, ¿no es extraño que yendo las cosas tan mal como se ve, todos prediquen su tranquilidad de conciencia? ¿Cómo es esto posible? A ojos propios todos quedan excusados del universal desaire porque en sus actos todos actuaron de acuerdo a su conciencia, y si hubiera culpa, en todo caso será ajena. De esta forma, queda el actuar en conciencia como la norma moral imperante, pues no estando definida la conciencia sino muy vagamente, siendo palabra de prestigio, se acude a ella sin reparo alguno. Por tanto, para evitar las molestias del escrutinio moral, invoquen ustedes constantemente a su conciencia.

O esto suyo es una insensatez y un desacuerdo con la recta razón o bien estaré yo hablando así por padecer algún género de enfermedad espiritual, pues en lo mío, por más que me examino, más me duelen la pena de tantos errores cometidos por culpa enteramente mía, que el placer que acompaña a los actos presuntamente buenos, que nunca veo lo bastante buenos ni afinados. Y mientras la mayoría se ufana de “dormir muy bien por las noches“, yo entro en las mías con el ánimo contrito, porque en ese recogimiento previo al sueño me vienen a la mente las ocasiones de hacer el bien que durante el día he perdido y las ocasiones malhadadas por torpeza puramente mía, sin paliativos. La conciencia tranquila no es algo que tengo, antes bien, algo que quiero tener y no puedo porque no dejo de actuar contrariamente al Bien.

Sin embargo, a mi me parece que donde hay culpa ha de haber desazón y en la desazón, contrición, y esto a mi se me antoja muy acorde a la sanidad del alma pues está en su constitución natural la facultad de remorderse; este efecto nos intranquiliza y perturba a fin de conducirnos al arrepentimiento de donde se seguirán en el futuro, acciones muy mejores. A esta facultad llamaban los antiguos griegos “sindéresis” o “sindereia“, afirmando que es una chispa divina que, estando en nosotros, nos habla y nos afea las torpezas, como el daemon de Sócrates, que sólo le hablaba cuando hacía o decía algo impropio.

Mas hoy, el remordimiento que tortura el ánimo, no como castigo sino como impulso a buscar el perdón, perdón que es una bendición resolutiva, se esquiva con el enojoso argumento de la conciencia tranquila o muy tranquila, pues este es baluarte donde no alcanzan las censuras, una piel de reptil sobre la que resbalan los consejos más probados; pues, una vez contado y pesado, tener la conciencia tranquila no es ni meritorio ni de presumir, lo meritorio es tener la conciencia recta, buena y sobre todo, inspirada por Dios. Y la prueba de ello arriba cuando no es uno quien afirma la rectitud de su conciencia (afirmación siempre temeraria), antes bien, cuando son los demás quienes, juzgándolo a uno, desean tomarlo como ejemplo, y desean emularlo en lo virtuoso. Pero esto ya nos llevaría a alargarnos demasiado.

Panateneas

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Con la Luna llena de esta noche, siendo san Platón, damos por finalizadas las fiestas Panateneas -o Minervalias- de este año, que otrora fueron fiestas patronales de esta casa y que este año han pasado sin pena ni gloria. No me impida esto recitar su piadoso himno:

Palas unigénita, hija venerable del grandioso Zeus, divina y bienaventurada diosa, provocadora del estruendo guerrero, furibunda, nombrable e innombrable, celebérri­ma, cavernícola, que frecuentas las escarpadas cimas de las montañas y los umbrosos montes, y cuyo corazón se regocija en los boscosos valles. Belicosa, que hieres con desvaríos las almas de los mortales, doncella que practicas el ejercicio, y posees un ánimo que infunde espanto, gorgonicida, que rehuyes el matrimonio, felicísima madre de las artes, excitante, que envías la locura a los malvados y la sana prudencia a los honrados; varón y hembra por naturaleza, engendradora de gue­rras, prudente, de cambiantes formas, serpiente, deseosa de inspiración divina, receptora de brillantes honores, des­tructora de los Gigantes de Flegras, conductora de ca­ballos, tritogenia, eliminadora de desdichas, victoriosa dei­dad, durante el día y la noche, sin cesar, en el último momento. Escucha, pues, mi súplica, dame una paz felicí­sima, abundancia y salud en medio de dichosos momen­tos, ojizarca, inventora de las artes, soberana a la que se diri­gen muchas súplicas“.

Y el que escribió el sabio Homero:

Comienzo por cantar a Palas Atenea, gloriosa deidad de ojos de lechuza, la muy sagaz, dotada de implacable corazón, virgen venerable, protectora de ciudades, ardida Tritogenia. A ella la engendró por si solo el prudente Zeus en su augusta cabeza, provista de belicoso armamento de oro radiante. Un religioso temor se apoderó de todos los inmortales al verla. Y ella, ante Zeus egidífero, saltó impetuosamente de la cabeza inmortal agitando una aguda jabalina. El gran Olimpo se estremecía terriblemente bajo el ímpetu de la de ojos de lechuza. En torno suyo, la tierra bramó espantosamente. Se conmovió el Ponto, henchido de agitadas olas y quedó prontamente inmóvil la salada superficie. Detuvo el ilustre hijo de Hiperión sus corceles de raudos pies por largo rato hasta que se hubo quitado de sus inmortales hombros las armas divinales la virgen Palas Atenea. Y se regocijó el prudente Zeus. Así te saludo a ti también, hija de Zeus egidífero, y a ti compondré otro canto“.

Y hasta el año que viene si Dios quiere.