Directorio de las malas virtudes: la autoestima (I)

Al hilo de lo anterior, quiero enumerar y reflexionar acerca de algunas pseudovirtudes que el siglo ha puesto de moda para sustituir a las virtudes auténticas pues estoy en la exacta comprensión de que si las virtudes auténticas nos liberan, las pseudovirtudes nos alienan y reblandecen nuestro sieso, con todas las desgracias que esto conlleva, de las cuales la primera es, entiendo yo, el riesgo de quedar desvivido. Convencido de lo anterior, he pensado en escribir un directorio de malas virtudes (o virtudes simulacrales) de las cuales la primera es la siguiente:

-La autoestima. Si en lugar de pretender una autoestima alta las personas buscaran estimar altamente a los demás ya habríamos dado un paso en la buena dirección. Pero no: al parecer el asunto consiste en ser un bárbaro de bárbaras costumbres y, al mismo tiempo, aspirar a tener una gran autoestima, lo cual me parece contranatural, desatinado y nocivo, amén de imposible. Cuando uno hace o siente el mal, natural es que no tenga motivos para tener una autoestima alta y, si la tuviere, peor será el pronóstico. Por otro lado, se entendería la autoestimación si ésta se explicara como un estimar lo que en cada cual es estimable, a saber: aquel Dios que mora en el interior de todos. De esta forma, uno ha de amarse a si mismo no por lo que uno es, sino por aquello de lo que uno es portador: un Dios que, desde dentro, a todos nos impulsa a hacer el Bien. Quien estima a Éste, se autoestima con motivo y para siempre. Este argumento también explica el amor que debemos a los demás, que no es amor de personas y cuerpos sino amor de Aquel que en cada cual reside como en su morada natural. Por contra, hoy prevalece el antojo personal de autoestimarse a pesar de todos los vicios y defectos habientes (que proceden todos de la ignorancia de lo dicho), como si la autoestimación fuera un prestigio que nos lustra cuando, en realidad, nos hace sombríos y patéticos. Por tanto, no se quiera curar nada del alma sin abajar la autoestima del que la tiene sin motivo, y sin recordar al que se aflige de su poquedad, la magnitud de ese prójimo que habita secretamente en él. Sobre esto hay mucho que hablar.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en General.

8 comentarios el “Directorio de las malas virtudes: la autoestima (I)

  1. elhortulano dice:

    Veo que has recogido el testigo admirablemente, como no esperaba menos, de mi propuesta reflejada en la entrada anterior. Añado, si me lo permites, la frase que oigo a veces tan de moda cuando se dice de forma abierta y rotunda, tras haber dicho algún exabrupto irreproducible aquí o haber puesto de vuelta y media al de enfrente, se dice, repito, “es mi verdad“.

    MI verdad“. ¿La verdad es ahora objetiva, temporal, asimilable al momento e interés de cada cual? Ahí lo dejo…..

    Respecto a la autoestima, tan de moda y boga hoy en día, coincido contigo en todo lo expuesto y es más, añado que he experimentado el intento de bajar a tierra al que acude solicitando ayuda y su resistencia e incluso protesta vehemente de que a lo que venía era a “sentirme mejor conmigo“, lo cual significa en otras palabras: “dime que soy el mejor o la más guapa y haz que me lo crea y así pueda restregarlo por ahí“.

    Dios se pensó a Si mismo y decidió que cada pensamiento tuviera Alma donde alojarse y cuerpo para reconocerse. No verse así y no verLE es las más mísera forma de tener autoestima.

    Un abrazo.

  2. Bueno, bueno! Ya ves mi estimado que estamos en la misma cuerda, como demuestra esa expresión que citas, -explícita a veces, implícita siempre-, del “sentirme mejor conmigo“. Todo el mundo quiere sentirse mejor consigo conservando, eso sí, todos aquellos pensamientos y obras que le hacen desgraciado. ¿Cómo hemos llegado a esto?

    Me viene ahora en mente ese pasaje del Génesis (4, 6-7): “¿Por qué estás irritado y no levantas cabeza? Si hicieras el Bien, podrías alzar tu rostro; pero como no lo haces, el pecado está en tu puerta, esperándote; él te busca, pero tú lo has de dominar“.

    Pues no señor. Y así andamos, estultos sí, pero con la autoestima muy alta.

    Tuyo, siempre

  3. Cuando el Filósofo expuso su Ética, trató acerca de los vicios y las virtudes. En nuestra época, más mendaz y descentrada que la de los griegos, es necesario tratar también las pseudovirtudes. Mientras que el vicio se opone a la virtud, las pseudovirtudes tienen vocación a usurpar el lugar de la virtud, proponiéndose como apariencia de lo correcto sin serlo en realidad. Enhorabuena por este tratadito de filosofía ética, prolegómeno a todo aprendizaje de filosofía.

    Respecto a la presencia de Dios en nosotros y en los demás, tan espléndidamente tratada aquí, añado este artículo de la Summa Theologica donde el Aquinate abunda en el tema con total claridad, sobre todo en la responsio y en la réplica a la primera objeción:

    http://hjg.com.ar/sumat/c/c161.html#a3

    Que además sirve para entender rectamente la virtud de la humildad y evitar caer en jansenismos modernos. Así como para desenmascarar al vicio de la pusilanimidad, camuflado hoy frecuentemente como humildad.

  4. elhortulano dice:

    No agachar la cabeza ante nadie pero tampoco permitir que nadie la agache ante uno es quizás un buen resumen de la humildad bien entendida.

    La pusilanimidad, bajo mi punto de vista, es la pereza (no la divina sino la humana) que impide el reconocimiento de la fuerza que actúa en nosotros y que ES nosotros.

    Coincido plenamente contigo Ludovico, en lo que dices sobre las pseudovirtudes que quizás hoy en día sean aún más “peligrosas” que el propio vicio en sí considerado, puesto que aportan al ejerciente de las mismas cierto aire de salvación que alimenta la pusilanimidad y el considerarse y sentirse recto y virtuoso, sabio, incluso en medio del gran lodazal.

    Del santo Evangelio según san Mateo 10, 34. 11,1

    «No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada.”

  5. kapellmeistershimmel dice:

    Abundando en lo que con buen criterio habéis dicho se ha dicho, uno entiende que en este asunto de las pseudo-virtudes el maligno tiene gran cuidado de operar a través de la perversión del lenguaje, que es una manera muy sutil de crear confusíón y de hacer daño. Pondré un ejemplo. ¿Cuántas veces no os habéis encontrado con el típico comentario “es que tiene mucho carácter”, cuando lo que procedería decir es “le falta carácter”. Donde cabe entender CARÁCTER como una virtud. Precisamente la frivolidad de estas expresiones convierte una virtud en una pseudo-virtud. Así pues pasará por virtuoso quien proceda de manera desmesurada y fuera de toda forma, exaltando a cada momento su propio ego. Creo que también se suele decir “tiene mucha personalidad”. O incluso “es una persona muy activa”. Sí, creo que el ser “activo” es definitivamente una pseudo-virtud. No sé si estará Cosmógono o el resto de Vds. de acuerdo.

    Un ósculo a todos.

  6. A Ludovico: Salud. Lúcido comentario sobre una usurpación que me temo consumada en el orden civil, excepción hecha de algunos reductos catonianos como el nuestro. Del de Aquino se demuestra que el escolástico no contraviene, sino autoriza dogmas que, explicados de otro modo, serían claramente heréticos, como el del Dios que vive en el Si o Sí.
    Al Hortulano. Gózate. Do quiera que haya un pusilánime, habrá conflicto asegurado, pues su propia mezquindad (pusillus) le llevará a tomar partido ora por este, ora por su contrario, de donde resultará siempre ofendida la parte propia por miedo de ejercerla y las otras partes por juzgar irritante la apuesta del pusilánime, que por querer satisfacer a todos, a todos termina molestando. Tal es el tibio, el perezoso o el cobarde según las Escrituras, etc.
    Al Kapellmeistershimmel. Estoy con lo nuestro, De hecho, mirado y pesado, el Carácter es la fuente primera de la que mana la Virtud, pues no es otra cosa el Carácter que la signacula con la que Dios nos ha firmado a cada uno, autentificándonos como obra suya única e irrepetible y este “me fecit” que en nosotros hay, que en el Universo y tiempo nunca nadie tuvo antes ni nadie tendrá jamás de nuevo, es quien actúa cuando actuamos bien. En este sentido, es amparo ético y sustento del Honor, ya que el Honor -según lo veo yo-, es feliz convivencia con el carisma fiado y defensa acérrima de un modo de Ser, que no se volverá a dar.
    Como es natural, no aprecia este siglo malvado a las personas de carácter, porque al tenerlo lo defienden con tenacidad contra la inquina de los mediocres, pasando por irrecuperables raros, como sabemos.
    Sobre la personalidad, diré algo a posterior, demostrando que es una copia laica, seglar y bastarda del Carácter, pues sobre esto hay confusiones. También diré algo sobre el Carácter cuando se emulsiona con las cuatro complexiones elementales, resultando de ello los temperamentos varios y, por consiguiente, las personas temperamentales.

  7. Laval dice:

    Ciertamente es de necesidad, como apunta Ludovico, notar los peligros de las falsas virtudes y su poder usurpador, tan nefasto como el de los propios vicios. Comenzar con la autoestima, precisamente por versar sobre el amor, aparece a mis ojos, no sólo como acertado, sino cómo enormemente bello. El amor a uno mismo, si es verdadero amor, empieza con la humildad, la humildad de amarse cómo Jesús nos amó: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que cómo yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros”). En el “cómo” reside la humildad, en el “cómo” reside la verdad del amor y en el “cómo” descansan las palabras de Pablo: “el que ama al prójimo ha cumplido la ley”. Esta primera pseudovirtud ha cambiado su signo semántico y ha sustituido el “cómo” por el “cuanto”. Por eso, si se me permite, hago aquí un apunte un tanto mundanal y personal: soy feliz cuando mi amado me dice “cómo te quiero”.

  8. elhortulano dice:

    Es una persona “con mucho carácter” se suele decir y escuchar a menudo, encubriendo así por parte del pronunciante de la misma, su admiración soterrada (no exenta de envidia) sobre lo que aquél ha “hecho” o “dicho”, confundiendo, bastardamente, impulsividad, atrevimiento y osadía ignorantes en la mayoría de los casos, con personalidad (en su sentido de “máscara“) con lo cual el círculo está completo.

    El “cómo” de Laval es, para mí, lo suficientemente descriptivo y completo como para osar comentarlo más.

    Abrazos “cómo” deben ser…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s