Vacuna transdérmica en estudio

vaccina

Ayer, aprovechando que tenía un ratito libre, me puse el mono de inventor y descubrí la vacuna transdérmica, que consiste en una suerte de esparadrapo, provisto en su cara interior de un reservorio que aloja los patógenos a combatir. Dado que su efectividad no exige introducir nada en el riego sanguíneo mayor, considerando el excipiente y la vía sutilísima por la cual se verifica la inmunidad (que explicaría con mucho gusto si este fuera el lugar), no hay necesidad de atenuar o modificar la estructura genética del agente infeccioso mediante manipulaciones extrañas y de incierta eficacia. No tiene efectos secundarios ni a corto ni a largo plazo. Aún me quedan un par de asuntillos técnicos para resolver, pero son menores, de forma que en breve podré disponer de vacunas para la gripe A/H1N1 -que tanto perturba a la OMS-, después de experimentarla en mí mismo.

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