Alter Turba Philosophorum

La foto de arriba fue tomada mientras esperábamos para la inauguración del Museo de la Alquimia de Córdoba. Las tres figuras del centro son tres de los alquimistas más esclarecidos que es dado conocer (mejorando lo presente el legítimo propietario de esta gacetilla): Luis Silva Mascuñana, Eloy Sanz Cerezuela y Ángel Alcalá Malavé.

Antes, durante y sobre todo, después de la inauguración del museo, de la que hablaré en otra ocasión, se formó una auténtica Turba Philosophorum o Asamblea de los Filósofos, en la que cada uno añadía su aforismo. Me sorprendió dicha asamblea, puesto que nunca había asistido a una. Eloy abrió la conversación y, entre otros muchos temas, se habló sobre la luz, sobre ciertas materias universales y diversos procedimientos de laboratorio; sobre la importancia de aprender lógica, ética y física para ser propiamente filósofo (sabia y fundamental contribución de Luis Silva); sobre la teurgia y el hermetismo. La asamblea, lejos de decaer, fue increscendo, en curioso paralelismo con nuestra consumición, primero cerveza y después de vinos olorosos cordobeses, cuya sequedad fascina a mi paladar saturnal. Concluímos la velada en una hermosa plaza antigua, departiendo sobre los filósofos andalusíes y su vinculación con el hermetismo (tema en el que Ángel es un experto y sus libros al respecto, al par que estudios profundos, son amenos y recomendables).

Me ha agradado la turba de los filósofos, que al igual que ciertos fenómenos atmosféricos, se forma por acumulación.

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Editorial: Avalancha administrativa para presentar una tesis doctoral

 

Tras el largo periodo de inactividad, esta gacetilla vuelve a estar a disponibilidad de nuestros lectores. No piensen que se ha debido a la inacción o la pereza. No, la causa de este lapso ha sido la espantosa burocracia que conlleva el depósito y la lectura de una tesis doctoral. En efecto, lo principal de una tesis no consiste en investigar o en escribirla, ni siquiera en defenderla adecuadamente. Consiste en obtener un permiso del director de la tesis, así como una declaración de que se ha respetado la propiedad intelectual; presentar una propuesta de tribunal de siete personas ―cinco miembros y dos suplentes― así como un informe de idoneidad con los datos y méritos de cada uno; preparar una copia en papel de la tesis; una copia o certificado de una publicación de un artículo académico en una revista de calidad (30 ítems del índice Latindex); un resumen de la tesis para TESEO, que es el archivo de resúmenes de tesis del Ministerio de Educación; un curriculum vitae actualizado; un CD (no sirve pendrive) que contenga la tesis en formato pdf, así como el resto de la documentación referida en formato electrónico; otro CD (no sirve pendrive) que contenga exclusivamente la tesis.

Una vez que se ha presentado todo lo anterior y obtenido el beneplácito de las autoridades académicas, hay que coordinar a todos los miembros del tribunal (dos locales, tres de fuera y dos suplentes, por si acaso) para fijar una fecha que les resulte conveniente. Además, hay que activar los suplentes en caso de baja por enfermedad u otros motivos (dos, en el caso que nos ocupa). Hecho lo cual, hay que notificar de nuevo a la administración. Llegados a este punto, lo que menos le importa al doctorando es la investigación o la lectura, sino escapar de la afamada parábola kafkiana de la Puerta de la Ley. Refiero todo esto, no esperando la exoneración por parte de los lectores, pues el lapso de inactividad del blog es largo, antes bien para que sirva, ya que no de eximente, sí de atenuante.

Como se verá, después de semejante alud, defender la tesis ante un tribunal es coser y cantar. Y así fue.

 

 

 

 

 

 

Microtonalidad Renacentista

Es frecuente encontrar personajes entregados a las sutilezas teóricas. El compositor renacentista Nicola Vicentino también estaba interesado por las sutilezas prácticas. En 1551 participó en una discusión pública en Roma, enfrentándose dialécticamente a otro compositor, Vicente Lusitano, ante un tribunal de dos jueces, compositores también: Bartolomé de Escobedo y Ghiselin Danckerts.  O tempora, O Mores! El juicio tuvo fama internacional. Hoy en día, como todo el mundo sabe, una discusión sobre teoría musical también tendría amplia repercusión, dando una medida exacta de cuán superior es nuestra inteligencia a la de nuestros antepasados.

Sin embargo, el contenido de la polémica, sobre la pervivencia de los modos griegos y la música diatónica frente a la incorporación de música cromática y enarmónica, no es relevante para este post. Lo es que Nicola Vicentino estuviese dispuesto a construir cuantos instrumentos fueran necesarios y a componer la música adecuada para demostrar su teoría. Y así nos legó una obra de vanguardia renacentista, música microtonal pura, con más maestría y menos pretenciosidad en su descubrimiento que la de Julián Carrillo, quien se atribuyó la paternidad del invento en el siglo XX. No es nada nuevo. También pasó con Colón y Leif Eriksson.

El caso es que en el sigueinte vídeo, pueden escuchar una de sus obras microtonales compuesta para archicémbalo, una suerte de clavicordio microtonal. Por su fascinante rareza merece figurar en esta página.

 

 

 

Sinesio de Cirene. Cartas a Hipatia

Sinesio de Cirene es uno de los grandes filósofos, pero también uno de los grandes desconocidos. Entre otras muchas ocupaciones, fue literato, arzobispo de Tolemaida, esposo y padre, filósofo neoplatónico y discípulo de la afamada Hipatia de Alejandría. De hecho, sus cartas son de las pocas fuentes directas que se conservan sobre esta. Aquí van dos de las cartas dirigidas a su maestra. En la primera, bajo la apariencia cotidiana de los azares editoriales se ocultan provechosas doctrinas sobre la iluminación, la filosofía platónica y el modo de vida. La segunda es una petición de consuelo en forma de epístola. ¿Cuál será el divino espíritu de la filósofa, que Sinesio implora al final de la carta? Es de lamentar que se hayan perdido su tratado cinegético y, sobre todo,  su obra sobre cómo alimentar a los perros.

Cartas a Hipatia

Encarnación y teofanía. Escoto Erígena

Me he provisto del tratado Sobre las Naturalezas de Escoto Erígena. No es sólamente un clásico de la filosofía, sino que el libro resplandece con tanta luz y sabiduría que bien pudiera decirse que fuera de sus márgenes se extiende la obscuridad, como en La lista de Schindler.

El siguiente pasaje sobre las teofanías es muy apropiado para este tiempo navideño, porque examina el fundamento último del descenso o encarnación. Hay una semejanza entre el descenso del Logos a la naturaleza humana y el descenso de la naturaleza divina hasta la naturaleza de las criaturas para divinizarla. De modo semejante, el descenso del entendimiento divino para informar el entendimiento humano es la experiencia que subyace en la cuestión del intelecto agente que informa el intelecto pasivo. Esta cuestión es crucial, porque muchos maestros medievales la consideran culmen y  finalidad de la filosofía misma, como Avempace, Averroes o Avicena.

Hallamos que le monje Máximo, filósofo divino en la exposición de los Sermones de Gregorio el teólogo, disputó sobre esta teofanía de forma muy profunda y sutil. Pues dice que la teofanía no se realiza desde otra parte sino desde Dios; sin embargo, se realiza con el descenso del Verbo divino, esto es, del Hijo unigénito, que es la Sabiduría del Padre, descendiendo hacia la naturaleza humana, creada y purificada por Él, y por la ascensión de la naturaleza humana elevándose hacia el citado Verbo, por medio del amor divino. Aquí llamo descenso no al que tuvo lugar en la encarnación, sino al que se hace por la divinación, esto es, por la deificación de la criatura. Por tanto, se hace la teofanía a causa del mismo descenso de la Sabiduría de Dios hacia la naturaleza humana por la gracia, y de la ascensión de esta misma naturaleza hacia la Sabiduría por el amor A cuya interpretación parece sumarse el santo padre Agustín exponiendo el texto del Apóstol: “Quien se hizo para nosotros Justicia y Sabiduría”. Pues así lo expone “la Sabiduría del padre, en la cual y por la cual fueron creados todos los seres, la cual no es creada, sino que crea, se hace en nuestras almas por cierto descenso inefable de su misericordia y se une a nuestro entendimiento para que de cierta manera inefable se haga una cierta sabiduría compuesta por el mismo que desciende hasta nosotros y que habita en nosotros, y por nuestra inteligencia atraída por Él, hacia Él y formada en Él”. Semejantemente diserta sobre la justicia y sobre las demás virtudes que se hacen no de otra manera que por cierta admirable e inefable conformación de la divina Sabiduría y de nuestra inteligencia. Pues -como dice Máximo- cuanto el entendimiento humano asciende por la caridad, tanto la sabiduría divina desciende por la misercordia; y esta es la causa y sustancia de todas las virtudes. Así pues, toda teofanía, esto es, toda virtud, se realiza no sólo en esta vida, en la que aún comienza en quienes son dignos de ser informados, sino también en la vida futura en quienes habrán de aceptar la perfección de la beatitud divina, no fuera de ellos, sino en ellos, y por Dios y por ellos mismos.

(Juan Escoto Erígena. Sobre las naturalezas, I, 449A-450A. Pamplona, Eunsa, 2007)