Encarnación y teofanía. Escoto Erígena

Me he provisto del tratado Sobre las Naturalezas de Escoto Erígena. No es sólamente un clásico de la filosofía, sino que el libro resplandece con tanta luz y sabiduría que bien pudiera decirse que fuera de sus márgenes se extiende la obscuridad, como en La lista de Schindler.

El siguiente pasaje sobre las teofanías es muy apropiado para este tiempo navideño, porque examina el fundamento último del descenso o encarnación. Hay una semejanza entre el descenso del Logos a la naturaleza humana y el descenso de la naturaleza divina hasta la naturaleza de las criaturas para divinizarla. De modo semejante, el descenso del entendimiento divino para informar el entendimiento humano es la experiencia que subyace en la cuestión del intelecto agente que informa el intelecto pasivo. Esta cuestión es crucial, porque muchos maestros medievales la consideran culmen y  finalidad de la filosofía misma, como Avempace, Averroes o Avicena.

Hallamos que le monje Máximo, filósofo divino en la exposición de los Sermones de Gregorio el teólogo, disputó sobre esta teofanía de forma muy profunda y sutil. Pues dice que la teofanía no se realiza desde otra parte sino desde Dios; sin embargo, se realiza con el descenso del Verbo divino, esto es, del Hijo unigénito, que es la Sabiduría del Padre, descendiendo hacia la naturaleza humana, creada y purificada por Él, y por la ascensión de la naturaleza humana elevándose hacia el citado Verbo, por medio del amor divino. Aquí llamo descenso no al que tuvo lugar en la encarnación, sino al que se hace por la divinación, esto es, por la deificación de la criatura. Por tanto, se hace la teofanía a causa del mismo descenso de la Sabiduría de Dios hacia la naturaleza humana por la gracia, y de la ascensión de esta misma naturaleza hacia la Sabiduría por el amor A cuya interpretación parece sumarse el santo padre Agustín exponiendo el texto del Apóstol: “Quien se hizo para nosotros Justicia y Sabiduría”. Pues así lo expone “la Sabiduría del padre, en la cual y por la cual fueron creados todos los seres, la cual no es creada, sino que crea, se hace en nuestras almas por cierto descenso inefable de su misericordia y se une a nuestro entendimiento para que de cierta manera inefable se haga una cierta sabiduría compuesta por el mismo que desciende hasta nosotros y que habita en nosotros, y por nuestra inteligencia atraída por Él, hacia Él y formada en Él”. Semejantemente diserta sobre la justicia y sobre las demás virtudes que se hacen no de otra manera que por cierta admirable e inefable conformación de la divina Sabiduría y de nuestra inteligencia. Pues -como dice Máximo- cuanto el entendimiento humano asciende por la caridad, tanto la sabiduría divina desciende por la misercordia; y esta es la causa y sustancia de todas las virtudes. Así pues, toda teofanía, esto es, toda virtud, se realiza no sólo en esta vida, en la que aún comienza en quienes son dignos de ser informados, sino también en la vida futura en quienes habrán de aceptar la perfección de la beatitud divina, no fuera de ellos, sino en ellos, y por Dios y por ellos mismos.

(Juan Escoto Erígena. Sobre las naturalezas, I, 449A-450A. Pamplona, Eunsa, 2007)

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Heráclito. Fragmentos.

En la biblioteca de filósofos de esta casa, rica en presocráticos, faltaban los fragmentos de Heráclito. Fue llamado el Obscuro, a causa de la concisión de sus escritos y de los múltiples y arduos sentidos que se intuyen. Actualmente se le conoce por una metáfora afortunada, la del río esquivo a cuyas aguas no puede bajarse dos veces; imagen que tiene la virtud de aplicarse al tiempo, a la vida, al flujo de nuestros pensamientos y a las aguas de cualquier río. Crátilo, que debatió con Sócrates acerca de la esencia de los Nombres, era uno de sus discípulos. No despreciemos la sabiduría de los presocráticos. Hay un extraño gozo al leer sus fragmentos que no se da con filósofos más fatigosos, como Kant o Hegel. La naturaleza ama ocultarse, decía Heráclito, y nosotros amamos ingresar en la obscuridad de su ocultamiento.

Fragmentos-de-Heraclito

Leibniz. La sabiduría: Arte de razonar, inventar y recordar.

Leibniz

Este texto fue el primero que leí de herr Leibniz. Como se ve, su propósito no es baladí. Son consejos basados en la experiencia y el sentido común, lo que es cosa de agradecer. Por eso es muy útil, directo y sustancioso.  Con gran verdad se habla de la escala de la Sabiduría, pues los peldaños primeros sustentan a los más elevados. Ciertamente, con aprender a razonar, inventar (o hallar) y recordar, tenemos recorridos buena parte de los preliminares, de modo que este texto debería considerarse troncal de primer curso.

Leibniz. La sabiduría

¿Qué es más util, el agua o el fuego? Plutarco.

Cuatro elementos

Este texto atribuído a Plutarco me parece bastante curioso. Indaga si entre los elementos es mejor el agua o el fuego. Diríase que bajo la apariencia de ejercicio retórico y la trivialidad de la cuestión, acechan multitud de alusiones sobre cuestiones más prácticas: La configuración del mundo y de las cosas, las proporciones de los elementos en las cosas, la vida naciendo del calor y el agua, el fuego como creador de las artes. En suma, un tratado de física bastante útil, pero también una lección sobre el arte de las correspondencias. No he podido resistirme a acompañarlo de esta miniatura medieval, que me parece espléndida.

¿Qué es más útil el agua o el fuego?

Porfirio: Conócete a tí mismo

“Conócete a tí mismo” era el consejo grabado en el frontispicio del oráculo de Delfos. Acaso en este leitmotiv se resuma la historia de la filosofía. Plutarco, sacerdote del oráculo, aclaró que la respuesta al consejo era “E”. Abelardo, en la Edad Media, escribió Nosce te ipsum, libro sensato sobre la responsabilidad personal, que san Bernardo aborreció y no entendió . Entre uno y otro, Porfirio dedicó un tratado a la recomendación oracular, del que apenas han sobrevivido tres fragmentos, que cuelgo a continuación. Imagen no prevista por el autor, el fragmentario hombre moderno sólo puede leer los fragmentos de un tratado sobre el autoconocimiento. En ellos se intuye una gran obra. Cumplir el precepto, dice Porfirio, implica conocer el verdadero Bien. En el erudito siglo XV, Nicolás de Cusa dirá que conocerse a sí mismo implica conocer el principio de todo.

Conócete a tí mismo

Proclo: Comentario a los Oráculos Caldeos

Proclo

Apenas superviviente del estrago universal de la caída de Roma, el impagable Comentario de Proclo nos ha llegado fragmentario, como los propios Oráculos. Fragmentos sobre fragmentos de una enseñanza que, completa, ya ocultaba los misterios. Velos apropiados para un texto que encubría la cúpide de la teurgia, ciencia del ascenso a la Unidad. Es un texto difícil, y no por lo fragmentario; debe ser así, estamos ante el programa de doctorado de los neoplatónicos, cuyos estudios básicos eran ya mucho más eruditos y complejos que los nuestros. Pero, descontando el gozo de no enterarse de nada, si se lee el texto como un tratado apofático, resulta bastante asequible. Las ruinas de este Comentario  aún cumplen su finalidad; lo que ha sobrevivido basta para aclarar el esquema general de los Oráculos.

Comentario a los Oráculos Caldeos

Aristóteles: Sobre la adivinación en sueños

sueño razón

Ojo que aquí el Filósofo dice mucho más de lo que parece. Por lo pronto vemos una declaración de la tricotomía del hombre y del funcionamiento del spiritus. El gran Al Kindi parece que se basa en este texto para escribir De Radiis Stellarum, que es una teoría general de la magia.  También hay implicaciones teológicas tácitas: la relación de Dios con las criaturas y la profecía. No comprendo como se puede obviar este texto para interpretar el pensamiento aristotélico.

Sobre la adivinación en sueños