Receta de huesos

Repasando en este tiempo cuaresmal El peregrino ruso, ese clásico de la espiritualidad ortodoxa que expone claramente una vía de realización dentro del cristianismo, he reparado en el siguiente pasaje:

Comenzó el campesino a curarme: reunió en el campo, en el corral y en los hoyos de la basura una gran olla de viejos huesos de animales, de aves y de cualquiera otra alimaña; los lavó, los hizo pedazos muy pequeños rompiéndolos con una piedra y los echó en una gran marmita; la tapó con una tapadera que tenía un agujero en el centro y lo echó todo en un recipiente que había puesto bien hondo en tierra. Untó con gran cuidado el fondo de la marmita con una espesa capa de tierra arcillosa y la cubrió de troncos que dejó arder durante más de veinticuatro horas. Al colocar los troncos decía: «Todo esto va a formar un alquitrán de huesos.» Al día siguiente, desenterró el recipiente, en el cual se había depositado por el orificio de la tapadera como un litro de un liquido espeso, rojizo y aceitoso que olía a carne fresca. Los huesos que quedaron en la marmita, de negros y podridos que eran, tenían ahora un color tan blanco y transparente como el nácar o las perlas. Cinco veces al día me friccionaba las piernas con este líquido. ¿Y lo creeréis? Al día siguiente, noté que podía mover los dedos; al tercer día, ya podía doblar las piernas; y al quinto me podía tener de pie y caminar por el patio con la ayuda de un bastón. Al cabo de una semana, mis piernas habían recobrado la normalidad. Di gracias a Dios y me decía a mí mismo: la sabiduría de Dios échase de ver en sus criaturas. Unos huesos secos, o podridos, prontos a convertirse en tierra, conservan en sí una fuerza vital, un color y un olor, y ejercen una acción sobre los cuerpos vivientes, a los que son capaces de devolver la vida. Prueba es todo esto de la Resurrección futura.

Me ha parecido singular la operación aquí descrita. Sobre este mismo asunto dice Conrad Gesner en el Tesoro de los remedios secretos de Evónimo Filiatro:

Por tanto, de toda planta y animal y de cada una de las partes de éstos se extrae: primeramente, lo acuoso y lo crudo; luego lo más cocido y atenuado; y finalmente, lo graso y oleaginoso. Esto último no solamente puede extraerse de cada parte sólida, sino también de los huesos.

Dejo aquí escrita esta consideración por si alguien pudiera hallarla de interés.

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Alter Turba Philosophorum

La foto de arriba fue tomada mientras esperábamos para la inauguración del Museo de la Alquimia de Córdoba. Las tres figuras del centro son tres de los alquimistas más esclarecidos que es dado conocer (mejorando lo presente el legítimo propietario de esta gacetilla): Luis Silva Mascuñana, Eloy Sanz Cerezuela y Ángel Alcalá Malavé.

Antes, durante y sobre todo, después de la inauguración del museo, de la que hablaré en otra ocasión, se formó una auténtica Turba Philosophorum o Asamblea de los Filósofos, en la que cada uno añadía su aforismo. Me sorprendió dicha asamblea, puesto que nunca había asistido a una. Eloy abrió la conversación y, entre otros muchos temas, se habló sobre la luz, sobre ciertas materias universales y diversos procedimientos de laboratorio; sobre la importancia de aprender lógica, ética y física para ser propiamente filósofo (sabia y fundamental contribución de Luis Silva); sobre la teurgia y el hermetismo. La asamblea, lejos de decaer, fue increscendo, en curioso paralelismo con nuestra consumición, primero cerveza y después de vinos olorosos cordobeses, cuya sequedad fascina a mi paladar saturnal. Concluímos la velada en una hermosa plaza antigua, departiendo sobre los filósofos andalusíes y su vinculación con el hermetismo (tema en el que Ángel es un experto y sus libros al respecto, al par que estudios profundos, son amenos y recomendables).

Me ha agradado la turba de los filósofos, que al igual que ciertos fenómenos atmosféricos, se forma por acumulación.

Centena de aforismos que contienen la obra completa de la magia

Este texto anónimo -que hasta dónde se me alcanza, he traducido por primera vez al español- trata sobre alquimia, como evidencia en una simple lectura. Además, pletórico de enseñanzas, establece los fundamentos de la magia pneumática que, como es bien sabido, es la propia (pero no exclusiva) de los filósofos del Renacimiento. Si yo fuera un nuevo Ficino, lo editaría sin duda entre las obras de mi curso de hermetismo. Filosofía hermética en general y su aplicación alquímico-mágica en particular. De nada.

Centena de aforismos que contienen la obra completa de la magia

 

De San Alberto Magno: Scriptum super arborem Aristotelis

Al final del último tomo de las obras completas de San Alberto Magno se encuentra este escrito, probablemente apócrifo, tan breve como enigmático. A mi juicio, es a la vez un tratado de alquimia y un palacio de la memoria, al estilo del arte clásico mnemotécnico, que conocía San Alberto. La imaginería del texto es tremendamente visual y colorida. Pongo aquí la traducción de la obra a modo de regalito navideño. Si logro mantener mi scriptorium a pleno rendimiento, en los próximos días se sucederá algún otro. Disfrútenlo y tengan una feliz Navidad.

Escrito sobre el árbol de Aristóteles

Claro de Luna Químico

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Aprovechando estas celebraciones de mi muy querida Minerva, y siguiendo con su ejemplo docente, pero sin el mochuelo en el hombro (que uno considera la Sabiduría no como una carga sino como un Don) aprovecho para depositar aquí un desconocido tratado que de seguro los asiduos visitantes de este noble lugar sabrán dilucidar, previa consulta y petición, eso sí, a mi amada Atenea.

¡A festejar!

Claro de Luna Quimico