Maestro Eckhart: Sermón de Navidad.

El aguinaldo navideño viene este año de manos del Maestro Eckhart, y difícilmente puede haber un regalo mayor. Más allá de la alharaca y el festín (buenos y agradables) hay un silencio en la obscuridad donde se produce un nacimiento numinoso y tremendo, más allá del lenguaje, lejos de toda imagen. Cuando estemos volcados hacia fuera, en luz y celebración, si nos hacemos conscientes -por tan siquiera un instante- de esta divinidad desierta y silenciosa, en palabras de Umberto Eco, habremos comprendido en propia carne el misterio inefable de la Natividad. Como dice Pablo: Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; entonces conoceré tal y como soy conocido (1 Cor. 13,12). Que tengamos todos esta feliz Navidad.

Sermón 1 – Johannes Eckhart

Anuncios

Sermón de Navidad de Tauler

Vayan por delante mis felicitaciones de Navidad a todos los lectores. Dado que es costumbre por estas fechas dar un aguinaldo navideño, aquí les traigo este sermón de Tauler rebosante de alusiones eckhartianas. Para leer y meditar junto al fuego bebiendo licores dulces.

Tauler- Sermón de Navidad

 

San Vicente de Lerins: Reglas para mantener la fe

Traduzco un par de avisos del Commonitorio de San Vicente de Lerins, útiles para mantenerse a flote en la procelosa agitación de los tiempos presentes. Como harán falta en algún momento, aquí están a la vista.

Una regla general para distinguir la verdad de la fe católica de la falsedad de la depravación herética.

Frecuentemente pregunté con sinceridad y atención a muchos varones eminentes por su santidad y erudición, cómo y con qué regla universal, por así decirlo, puedo distinguir la verdad de la fe católica de la falsedad de la depravación herética; y siempre, en todo caso, he recibido la misma respuesta: que si yo o cualquier otro desease detectar el fraude y evitar las trampas de las herejías cuando surgen y permanecer completamente seguros en la fe católica, debemos, con la ayuda del Señor, fortificar nuestra propia creencia de dos modos; primero por la autoridad de la Ley Divina, y después, por la Tradición de la Iglesia Católica.

Pero aquí alguno quizá pregunte, dado que el canon de la Escritura está completo y es suficiente por sí mismo para todo y aún más que suficiente, ¿Qué necesidad hay de añadirle la autoridad de la interpretación de la Iglesia? Y es por este motivo, porque debido a la profundidad de las Sagradas Escrituras, no todos las aceptan en el mismo sentido, sino que unos entienden sus palabras de un modo y otros de modo distinto, y así parece que tiene tantas interpretaciones como intérpretes. Novaciano la expone de una manera, Sabelio de otra, Donato de otra; Arrio, Eunomio y Macedonio de otra distinta; Focio, Apolinar y Prisciliano de otra; Joviniano, Pelagio y Celestio de otra; finalmente, Nestorio, de otra. Por eso, es muy necesario, dado lo intrincado de tan varios errores, que la regla de la recta comprensión de los profetas y apóstoles se establezca de acuerdo con la interpretación habitual eclesiástica y católica.

Además, en la Iglesia Católica misma, debe tomarse toda precaución para que mantengamos la fe que se ha creído en todas partes, siempre, por todos. Ya que católico, en su sentido más cierto y estricto, como dice el nombre mismo y su razón, lo comprehende todo universalmente. Así que observaremos esta regla si seguimos la universalidad, la antigüedad y el consenso. Seguimos la universalidad si confesamos que hay una fe verdadera que confiesa toda la Iglesia en todo el mundo; la antigüedad si no nos apartamos de las interpretaciones que manifiestamente sostuvieron nuestros santos padres y ancestros; el consenso, de modo similar, si en la antigüedad nos adherimos a las definiciones consensuadas y determinadas por todos, o al menos de casi todos los sacerdotes y doctores.

Qué debe hacerse si uno o más disienten del resto.

Entonces, ¿Qué hará un católico si una pequeña porción de la Iglesia se separa de la comunión con la fe universal? ¿Qué, sino preferir la seguridad de todo el cuerpo a la inseguridad de un miembro corrupto y pestilente? ¿Y qué hará si por algún contagio novedoso parece infectar no sólo una porción insignificante de la Iglesia, sino la totalidad de la misma? Entonces estará a salvo adhiriéndose a lo antiguo, que en nuestros días no puede ser seducido por ningún fraude novedoso.

¿Pero qué hará si en la antigüedad misma se hallase error por parte de dos o tres hombres, o en una ciudad o incluso en una provincia? Entonces se cuidará por todos los medios de preferir los decretos, si los hubiera, de un Concilio General anterior a la aspereza e ignorancia de unos pocos. Pero, ¿Y si surgiera un error sobre el que no hubiera decreto? Entonces debe recopilar, consultar e interrogar la opinión de los antiguos, de aquellos que aún viviendo en diferentes épocas y lugares, pero continuando en la comunión de la fe de la única Iglesia Católica, fueran autoridades reconocidas y aprobadas. Particularmente, buscará lo que ha sido sostenido, escrito y enseñado, no solamente por uno o dos, sino por todos igualmente, con un solo consenso, abierta, frecuente y persistentemente, hasta que él mismo lo crea también sin ningún género de dudas.

El Espíritu Santo y la divinización

El don del Espíritu Santo, cuya venida se celebra en Pentecostés, es el Espíritu Santo mismo. Para el pueblo cristiano es la menos conocida de las personas de la Trinidad, lo que indica precisamente que su ámbito propio es el del Misterio. Su efecto en el hombre no es ni más ni menos que la divinización, la theosis, la transformación del hombre en Dios por la presencia en él de Dios. Iluminadora es la cita de San Basilio, que ilustra las consecuencias con la imaginería de la gnosis: “El Espíritu Santo, iluminando a aquellos que se han purificado de toda mancha, los hace espirituales por medio de la comunión con Él. Y como los cuerpos límpidos y transparentes, cuando un rayo los hiere, se convierten ellos mismos en brillantes y reflejan otro rayo, así las almas que llevan el Espíritu son iluminadas por el Espíritu; se hacen plenamente espirituales y transmiten a los demás la gracia, de ahí el conocimiento de las cosas futuras, el conocimiento de los misterios, la comprensión de las verdades ocultas, la distribución de los dones, la ciudadanía celeste, la conversación angélica. De Él viene la alegría interminable, la permanencia en Dios, la semejanza con Dios; el cumplimiento de los deseos: convertirse en Dios.”

De ahí la importancia de festejar dignamente Pentecostés.

Cartilla para saber leer en Cristo

Letra A

Juan de Falconi, autor de esta obra, fue practicante de la teología apofática. Se trata de una cartilla para leer el abecedario en Cristo. Que se puede leer en Cristo es evidente, porque es Palabra, Verbo o Logos de Dios. Esta obrita es buena para aprender a leer y para la devoción, por ende, adecuada para este tiempo cuaresmal. Además tiene un toque ligeramente cabalístico. Personalmente he encontrado cierto placer espiritual en deletrear el nombre propio en la cartilla de Cristo.

Cartilla para saber leer en Christo

 

Cartografía teológica (II): El Teatro del Mundo

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

 

Abraham Ortelius es quizá el nombre más relevante de quienes practicaron esta disciplina. Perteneció a la Familia Charitatis. Mantuvo correspondencia con el Dr. Dee, con Postel y con Arias Montano. Buscó situar en un mapa a las Diez Tribus Perdidas y la misteriosa Damcar. Hizo el Theatrum Orbis Terrarum, que se tiene por el primer Atlas. Postel, nuevamente, nos informa de la importancia teológica del Teatro del Mundo: Libro talismánico que opera mediante el poder de las imágenes, es la manifestación de la concordia universal. Contemplarla frecuentemente produce una “iluminación interior”. La considera tan importante como la Biblia Polígota y afirma que los estudios cartográficos de Ortelius son de suma importancia para la Iglesia.

Extraída del Teatro, la imagen que ilustra este escrito es el mapa de la arcana tierra hiperbórea.

Cartografía teológica (I): El corazón del mundo.

Oroncio Fineo

Pocas disciplinas son tan cosmogónicas como la cartografía teológica. Pocas son tan ignoradas hoy en día. Más modesta en sus pretensiones que las visiones dantescas o swedenborgianas, esta cartografía se circunscribe a los mapas geográficos. Hermosamente, busca mostrar lo divino que hay en la forma terrestre. Sus orígenes están en la Antigüedad. En el siglo XVII, la grandiosa obra del inmenso Kircher supone el canto del cisne de este género. Los mapas más destacados y recordados, no obstante, surgen en el Renacimiento.

El que aparece arriba es el mapa cordiforme de Oroncio Fineo. Astrólogo y cabalista, astrónomo y matemático, Fineo fue la contrapartida francesa del afamado Dr. Dee. El cardíaco mapa tiene propósito talismánico, y está hecho para fomentar la concordia (con-cordia) y unidad. Además de para la orientación, está hecho para la contemplación. Se trata nada más y nada menos que del corazón del mundo. A Postel le fascinaba, y a mí también.