Epístola de Ficino a Hermolao Bárbaro

A Hermolao Bárbaro, su Anfión, su Hércules y su Apolo.

Dios te salve humanísimo y elegantísimo Bárbaro, verdadera salvación mía después de Dios. Poco hace del día en que partiste y encomendaste tu vida a Dios con mis palabras. Encomienda ahora, por el contrario, con tus palabras, mi vida al vicario de Dios. Tengo por cierto, Hermolao mío, que por sólo una vez que te lo he prometido, te satisfaré tres veces al día, porque tres veces al día le canto a Dios el salmo que dice: Exaltabo te Deus meus rex (145). Y después de rezar cuando lo canto siempre me acuerdo de ti. Todos los doctores hebreos sin controversia concuerdan en que cualquiera que por la mañana, al mediodía y por la tarde, alabe a Dios con este salmo, será heredero de la eterna felicidad. Y tú, por otra parte, lo que debes hacer por mi vida lo entenderás cuando leas nuestro libro sobre la vida, así como una apología añadida al libro. Allí, cuando escuches invocar a Anfión, Apolo y Hércules, entiende siempre que invoco a Hermolao.

Florencia, a 15 de Mayo, 1490.

Marsilio Ficino.

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