Sobre el calor del corazón

Probor

La concentración en el corazón -centro de la persona del que el músculo cardíaco no es sino su manifestación física- va acompañada de una sensación de calor derivada del humor natural y de la circulación del espíritu vital. En este sentido parece ir el ejercicio final de la Epístola sobre el fuego filosófico de Pontano. Se pretende el control de este calor natural, con el propósito, creo yo, de ejercitar y  obtener cierto control sobre el espíritu vital. En el método hesicasta del cristianismo oriental, puesto que la oración se armoniza con el corazón, se produce también esta sensación de calor. Así, Gregorio el Sinaíta: Esforcémonos solamente por tener activa la operación de la oración en nuestro corazón. Su acción da calor, alegra el espíritu consume el alma en un indescriptible amor por Dios y por los hombres. Del mismo modo, en El peregrino ruso la realización de la oración de Jesús por parte del protagonista y del ciego va acompañada del calor del corazón. Lo mismo ocurre al final de la Conversación con Motovilov.

No obstante, el calor del corazón es de dos tipos. Uno natural, que se percibe por la acción del intelecto del hombre al concentrarse, y otro sobrenatural que es acción del Espíritu Santo en el alma. Dice Teófanes el Recluso hablando sobre este calor: Los Santos Padres insisten en esta distinción: una es la oración del intelecto en el corazón y otra la oración suscitada por el Espíritu. La primera es una actividad consciente del hombre en oración, mientras que la segunda es dada al hombre; y aunque él no sea consciente de ello, esta última actúa por sí misma, independientemente de los esfuerzos que se hagan.

El calor natural sirve como comburente para que se incendie el fuego del Espíritu Santo. Dice el mismo Teófanes: Quien vive en ese sentimiento interior de calor del corazón tiene su intelecto ligado y atado, mientras que anda errabundo el intelecto de aquel a quien falta este calor. De ahí que si se quiere vivir en el interior se debe buscar ese calor del corazón. El cual no se adquiere sin un intenso esfuerzo por entrar y permanecer en el interior. Para ello, no basta con permanecer recogido solamente en la cabeza, ése es un trabajo vano. Sin calor del corazón, todo se dispersa en un instante (…) Os explicaré el modo de encender en vuestro corazón un continuo hogar de calor. Recordad cómo se puede producir el calor en el mundo físico: se frotan dos trozos de madera continuadamente y primero se calientan, más tarde llega el fuego; otro método es la exposición de un objeto al sol: comienza a calentarse y, si se concentran suficientemente los rayos sobre él, terminará inflamándose. Exactamente así se produce el calor espiritual. La fricción necesaria es la lucha y la tensión de la vida ascética; la exposición a los rayos del sol es la oración interior consagrada a Dios.

Sin embargo, no debe confundirse el calor natural con el don inmerecido de la gracia. De nuevo Teófanes: El principiante, puede, de hecho, cumplir a conciencia todo lo que se enseña en los libros respecto a la posición del cuerpo, la respiración, la atención del corazón. Mas, debido a que las acciones de este tipo conducen naturalmente a un cierto grado de concentración de la atención y de calor, quien no tiene cerca a un maestro experimentado, que sea capaz de explicarle la naturaleza del cambio que se va produciendo en el oficiante, corre el riesgo de imaginar que este calor limitado es suficiente y de verdad lo que busca, confundiéndolo con la gracia que ha descendido sobre él, mientras que en realidad eso no ha sucedido todavía.

Por último, cabe mencionar que Culianu piensa que el calor producido por el método hesicasta (quizá podríamos añadir por el ejercicio del Pontano), al darse en el corazón, sede del espíritu vital en su circulación corporal, produce la purgación y purificación del espíritu, haciéndolo apto para la magia ficiniana de los Tres libros sobre la vida. Pero esto excede el propósito de la presente entrada.

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Esta entrada fue publicada en General.

5 comentarios el “Sobre el calor del corazón

  1. Ludovico el Rojo dice:

    Un desarrollo más extenso de la teología de Teófanes sobre el calor natural y divino en el corazón, puede verse aquí:

    http://theoesis.blogspot.com.ar/2013/09/el-fuego-del-espiritu-y-la-oracion-del.html

  2. elhortulano dice:

    Gracais Ludovico por exponer algo que ya calentaba de forma ígnea en cierto lugar. Es una exposición magistral sobre lo que es, lo que no es y lo que no debe ser, sobre el retiro, el echarse a un lado y dejar paso, y el obstáculo orgulloso del intelecto confundido.

    Me gustaria departir contigo de forma más extnsa al respecto en esta etapa, si así es osible y es graciable. Te dejo mi correo: ateneodeval@yahoo.es

  3. De Lucas, 24:

    “24:13 Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén.
    24:14 E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido.
    24:15 Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos.
    24:16 Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen.
    24:17 Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?
    24:18 Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días?
    24:19 Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo;
    24:20 y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron.
    24:21 Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido.
    24:22 Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro;
    24:23 y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive.
    24:24 Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.
    24:25 Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!
    24:26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?
    24:27 Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.
    24:28 Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos.
    24:29 Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos.
    24:30 Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio.
    24:31 Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista.
    24:32 Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?
    24:33 Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos,
    24:34 que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón.
    24:35 Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan”

    Léase al respecto de esta lúcida entrada de Ludovico, el pasaje 24, 32, que aporta algo a la meditación que se propone.

  4. Eloy dice:

    Gracias Ludovico por tu hermosísima entrada y gracias Santiago por la bella y muy oportuna cita evangélica.
    ¡Cuanta belleza y cuanta SENCILLEZ!,qué simple es la Naturaleza como servidora de Dios!
    Me dice el corazón que hay aquí más sabiduría y verdad que en tantos métodos que denominan ,sugerentemente,”técnicas” de supuesta “autorealización”y de corte oriental tan en boga hoy en día…
    En fin… no se como encontrar el Centro sin corazón…

  5. Ludovico el Rojo dice:

    Estimado Hortulano, será un placer departir contigo. Te mando un correo para que tengas mi dirección.

    Caro Cosmógono, tu referencia es genial. Abrir las Escrituras también hace arder el corazón, como la Escritura dice de sí misma. Brillante. Según colijo del v.27, abrir las Escrituras es indagar en ellas cuanto se dice del Logos, y por eso los Santos Padres lo hacen sistemáticamente cuando hacen exégesis. Esto me trae a las mientes un texto de Reuchlin sobre la Escritura acerca de como la Sabiduría consiste en aprender la analogía, que colgaré más adelante si lo localizo. Sensu contrario, cuando arde el corazón es porque habla el Logos.

    Querido Eloy, gracias por tu comentario. En efecto, no se puede encontrar el Centro sin el corazón porque el corazón es el Centro. Las realidades de Dios son sencillas y simples, porque Dios es pura simplicidad en sí, ajeno a la composición.

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