Diotógenes: Tratado sobre la santidad.

Estobeo, en el Florilegio que escribió para que su hijo aprendiera filosofía, nos ha transmitido gran cantidad de fragmentos de las obras perdidas de los pitagóricos. Diotógenes, uno de ellos, dejó un tratado sobre la santidad, que no es cosa baladí. Simplemente por el título podemos vislumbrar la diferencia que hay entre la concepción del filósofo para los griegos y para los contemporáneos. Lamentablemente, Estobeo sólo nos ha legado un par de fragmentos del tratado, que traduzco a continuación.

Del tratado de Diotógenes Sobre la Santidad

Es necesario que las leyes no estén guardadas por casas y puertas, sino por el comportamiento de los ciudadanos. ¿Cuál es, al fin y al cabo, el principio de toda política? La educación de los jóvenes. Las viñas nunca darán fruto útil a menos que estén bien cultivadas, ni los caballos serán excelentes si los potros no están bien entrenados. La fruta recién crecida recibe una forma especialmente similar a las cosas cercanas que le atañen. Y los hombres prudentemente están atentos al modo en que las viñas deben cortarse y cuidarse; pero en las cosas que pertenecen a la educación de su propia especie, se conducen de modo negligente y áspero, a pesar de que ni las viñas ni el vino gobiernan a los hombres, sino el hombre y el alma del hombre. Si encomendamos el cuidado de una planta a un hombre de valía, pensamos que el cuidador se merece no menos de dos minas, y sin embargo encomendamos la educación de los jóvenes a los ilirios o a los tracios, que no son hombres de valía. Los primeros legisladores, no obstante, ya que no podían atender al hombre medio del establo humano, añadieron a su educación la danza y el ritmo, que participan del movimiento y del orden; y además añadieron los deportes, varios de los cuales exhortan a la amistad, y algunos otros a la verdad y a la agudeza mental. De modo similar instituyeron la flauta y la harmonía para quienes habían cometido algún crimen por embriaguez y embotamiento, por cuyo medio dieron estructura a la mente, para que el comportamiento madurase y se volviese benigno, y fuesen capaces de mejorar.  […]

Es apropiado invocar a Dios al principio del almuerzo y de la cena, no porque Él tenga necesidad de nada de esto, sino para que el alma pueda adornarse con el recuerdo de la Divinidad. Puesto que, como procedemos de Él y participamos de una naturaleza divina, es preciso que le honremos. Y dado que Dios también es justo, es adecuado que actuemos justamente en todas las cosas. Por otra parte, hay cuatro causas que completan todas las cosas y las llevan a un fin, i.e. naturaleza, ley, arte y fortuna. La naturaleza, en efecto, es el principio universal de todas las cosas. Pero de las cosas que guían desde las costumbres hasta la concordia política, la ley es el hacedor y el guardián inspector. De las cosas que obtienen su consumación mediante la prudencia humana, se dice justamente que el arte es la madre y el líder. Y de las cosas a las que casual y accidentalmente, les acontece por igual lo loable y lo depravado, aseguramos que la causa es la fortuna. La  fortuna no hace nada con peso y medida, de modo prudente y ordenado.

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2 comentarios el “Diotógenes: Tratado sobre la santidad.

  1. Aurora dice:

    Aunque la noche sea larga la misma noche sabe que la “Aurora” llega, y mientras llega la “Aurora” se prepara, se abre, se engalana para resplandecer, para recibir del divino Sol la Luz que ella es.

  2. Eloy dice:

    Nuestro Señor se expresa en la Armonía y mediante ella nos acercamos a El…tal vez debemos regir nuestra vida con el arte de la música…

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