Centenario de La Consagración de la Primavera

Hoy se cumplen cien años del estreno de La Consagración de la Primavera, de Stravinsky. Probablemente el estreno más accidentado y delirante de la historia de la música. Independientemente de que la obra guste o no, escucharla en este día un siglo después es un acto musical cuasi teúrgico. Aquí va en la dirección del propio Stravinsky.

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2 comentarios el “Centenario de La Consagración de la Primavera

  1. Felicidad dice:

    Oh, Dios del cielo, a mí me encanta la Consagración de la Primavera. Me caigo de espaldas cada vez que la escucho ¿Y dices que es el Centenario?. Desconocía que se hubiese estrenado precisamente en primavera. Gracias por el regalo.

  2. Felicidad dice:

    Voy a comentar algo curioso: existe una peculiaridad senso-perceptiva que se ha dado en llamar “Sinestesia”. Consiste en que dos sentidos están de alguna forma cruzados, unidos, de tal manera que uno puede literalmente ver colores cuando escucha música, por ejemplo. Habitualmente, la sinestesia más común es esta que refiero: la sinestesia oido-vista. Algunos músicos como Rimski Korsakov, Scriabin, Messiaen y pintores como Kandinsky la tuvieron. Es por ello que sus obras, en general , son tan coloridas. Scriabin, en particular, en su obra Prometeo, ideó una parte con un órgano de luces para mostrar qué colores él veía . Normalmente, los músicos que ven colores, dicen que es con acordes y cambios tonales que el fenómeno sinestésico se produce, no tanto con notas aisladas. Tampoco todas las melodías producen sinestesia. Es más habitual con aquellas más coloristas y con mayor carga expresiva . Kandinsky, por ejemplo, veía colores con el Lohengrin de Wagner y, concretamente, cuando intervenían con mayor fuerza los instrumentos de viento. Algunos músicos sinestésicos tienen tan integrados ambos sentidos que necesitan mostrar esa conjugación en sus obras , incluso a través de su temática. Tal es el caso del músico Messiaen. Muchos títulos de sus obras lo muestran ( por ejemplo: “Colores de la ciudad celeste”). La música de Stravinsky suele ser fuente de goce para los sinestésicos, por eso estoy hablando de ello. Para muestra, un pequeño botón: yo soy sinestésica y me resulta verdaderamente excitante escucharla. Mi sinestesia es menos habitual, pues los sentidos que tengo relacionados son oido-tacto. Podemos decir, por tanto, que yo siento la música en la piel. Es por ello, entre otras cosas, que me caigo de espaldas con La consagración de la primavera. Lo dicho, una obra magnífica en todos los sentidos.

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