De Ramón Llull. La Ars Brevis

Hoy me siento espléndido y en los anaqueles de la biblioteca cuelgo la Ars Brevis, o La Arte Breve, del insigne maestro Ramón Llull. Al escribir esta obrita, el beato nos hizo la gran merced de poder acceder a lo fundamental de su Ars Magna sin tener que acudir a su entera lectura, que es larga y muy densa. Por esta razón, movido de un enorme amor y comprensión, escribió este tratadito, a fin de que pudiéramos entender rápidamente y con facilidad, lo principal de su doctrina. Y yo lo pongo aquí para común servicio de todos, pues es una obra difícil de encontrar.

Ramón Llull. Ars brevis

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5 comentarios el “De Ramón Llull. La Ars Brevis

  1. Amanuense dice:

    Gracias, Santiago!!

  2. andrei dice:

    Me sumo a los agradecimientos.

    Ya cuando enfrenté la lectura del Testamento de este autor (que he sido incapaz de leer por completo), me encontré con cierta dificultad por tratarse quizás de un texto atípico dentro de los textos alquímicos (si es que lo típico existiera dentro de este ‘género’).

    Me refiero a que hay cosas que en mi humilde opinión, parecen estar dirigidas a una suerte de ‘entrenamiento’ intelectivo de orden superior, cuasi-matemático y meta-lógico. Y por lo que veo, dicho entrenamiento parece ser omnipresente en este breviario que generosamente nos brindas, Santiago.

    Quizás esta perplejidad mía sea producto de mi falta de entendimiento, ya que como advierte el autor en el Prólogo, “La finalidad de esta Arte es responder a todas las cuestiones, siempre que se sepa el significado de cada término.”

    Mi petición iría encaminada a que, a ser posible, enfocaras un poco la lectura de este texto y su terminología, si es que esta petición no excede lo aceptable y no implica la violación de secreto alguno.

    Afectuosamente,
    Andrei

  3. El Olones dice:

    Gracias..

  4. Andrei, esta petición es justa y procuraré darle una respuesta adecuada con la mayor brevedad posible y hasta donde pueda yo, porque el sistema luliano es muy complejo. No obstante, como toda arte combinatoria, cuando se comprende el funcionamiento, resulta relativamente fácil intuirla.
    Cada una de las iniciales es un signo general que agrupa ciertas realidades conectadas entre si por analogía, sea de concordancia, sea de contrariedad, sea de diferencia: así por ejemplo, -y haciéndolo muy sencillo-, si tomamos B tenemos que la bondad tiene tanta concordancia con Dios como contrariedad tiene con la avaricia. Esto en un sentido horizontal (esto es, lo que cada inicial representa); pero hay otras iniciales, secuenciadas desde la B hasta la K, que en sentido vertical, representan el orden de la Creación: Dios, Ángel, Cielo, Hombre, hasta llegar a la Instrumentativa (que es una suerte de potencialidad anterior a la materia elementada).
    Lógicamente, el sistema sigue un esquema medieval del Mundo y esto hay que tenerlo en cuenta.
    En la escala ascendente, el intelecto infiere de lo particular a lo general, a partir de una afirmación cierta, hasta la siguiente superior y en la descendente se procede en sentido contrario hasta la inmediata inferior, yendo así de lo general a lo particular. En este proceso, muchos sujetos pasan a ser predicados y estos predicados pasan a ser sujetos del siguiente nivel.
    La idea consiste en poder despejar los misterios más grandes a partir de una afirmación cierta en cualquier punto de la escala (ej. este árbol es bello … luego, la resurrección de los cuerpos es posible). Por el camino quedan las mayorativas (afirmaciones que aumentan “es más que“), las minorativas (afirmaciones que disminuyen “es menos que“), et caetera.
    Este tratado no es directamente alquímico, como sí lo es el Testamento, pero el Testamento (que en propiedad no es de Ramón Llull) utiliza un método luliano. A diferencia de otros textos, que basta con leerlos y entenderlos, los del Beato son para ser estudiados: hincar los codos en la mesa y pillar el sistema a base de estudio. Observa que hacia el final, el propio autor indica cómo debe ser enseñada su Arte, indicio claro de que él mismo debía ser consciente de su dificultad.
    Por lo demás, tu frase “una suerte de ‘entrenamiento intelectivo de orden superior, cuasi-matemático y meta-lógico“, es absolutamente exacta y lúcida, como no podía ser menos.
    No espero haber despejado la cuestión, porque no se puede en tan menguo espacio, pero quedamos emplazados a una explicación más luenga, que Dios mediante, se dará. Un saludo.

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