Iphiclides podalirius

Aquí, una podalirio (Iphiclides podalirius) sorbiendo ávidamente el néctar de mis espliegos. Quieras que no, la contemplación de estos eventos minúsculos nos aboca a una estupefacción que es (no me cabe la menor duda), la antesala de los misterios más hipertróficos de la Naturaleza. Pero debatir estas cosas nos llevaría un tanto lejos ahora mismo.

 

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Esta entrada fue publicada en General.

4 comentarios el “Iphiclides podalirius

  1. Josep Maria Mora dice:

    quien ideo a la polidario y a la lavandula, yo no se si es Dios, pero sin duda es un artista.

  2. Mi padre, Ramón Agenjo, fue -sin falsas modestias- el lepidopterologo español más importante del siglo XX. Una foto como es (el nombre vulgar de la mariposa es ‘chupaleches’) me conmueve,

  3. Ateneo dice:

    Vayamos lejos, pues, pero eso sí, como la polidario, con suavidad mimo, afecto y proximidad silenciosa. Las grandes cosas anidan en los pequeños detalles.

  4. Felicidad dice:

    “…Las grandes cosas anidan en los pequeños detalles”.Ateneo, copio aquí un fragmento de un poeta, amigo de mi familia desde niña, al que aprecio y admiro :

    “…cuando el horizonte todavía no tenía su constelación
    en danza, ni calibre alguno la pasión original, el sino,
    y todo era llano y redondo en la mañana, en su sed
    de crecimiento y esplendor, en su pericia y tiento.

    Fue entonces cuando Dios quiso silbar, ponerle cascabeles
    y cadencias a sus propios oídos, escucharse y sonreir
    a su misma música, a su almirez, a su cometa, a su armonía.

    Y todos sabéis que Dios es sorprendente, que tiene y goza
    un mapa tatuado en la garganta, un atlas que cultiva
    con su almocafre de tiempo, en su azoleta de niebla,
    por eso su estribillo suena bajo tierra y sólo los pájaros
    más pequeños y volátiles acunan sus razones y compases,
    pueden seguirle colgados de sus hombros y repisas.

    Dios lo quiere así, le gusta ser habitado en su aliento.
    Y nos rodea de cacharros, utensilio, de cavidades
    perpetuas donde uno puede asomarse y mirarlo zurear,
    ver en cualquier pedazo de aroma la viva cicatriz que tiene como espina de rosa encima del reflejo”

    El poeta se llama Manuel Rios Ruiz.

    Este fragmento pertenece a su libro de poemas “Una inefable presencia”, 1981.

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