El Kilo platónico

Cuando era muy joven, sentía un temor reverencial por el Museo de Pesas y Medidas de París, en cuyos aposentos se guarda celosamente el Kilo. Siempre he querido visitar este Museo, pero en cuantas ocasiones he visitado París he sabido encontrar alguna excusa para evitar la kilofanía. A mi no me gustan las impresiones fuertes. Por eso, al leer esto, los fantasmas de mi niñez se han revuelto en su templo craneal, provocándome un desasosiego cercano a la crisis de pánico. No obstante, cuando he recobrado mi presencia de espíritu, la probable pesadilla se ha desvanecido: en efecto, los científicos que han descubierto la mengua no han tenido en cuenta la respiración atómica, como no la tuvieron en cuenta los que construyeron la pesa original. En algún momento explicaré este concepto, esencial, de mi física de partículas, pero hoy no puedo porque tengo muchos recados que hacer.

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