La vendetta urinosa

A la sazón tendría el Cosmógono unos 16 años y hallábase en la tesitura de ejercer de boy scout en una finca en el Pirineo, entre otros muchos y muchas boy scouts. Hasta aquí bien. El caso es que, por alguna razón, cundió la especie entre la grey de que un servidor era gran experto en ciencias ocultas, de forma que, tant si com no, fui obligado a discursear al respecto ante un auditorio de unos veinte coetáneos, reunidos todos al amor de la lar formulándome preguntas absurdas. Prontamente, percibí que la cosa adquiría tinte de chunga y ofensa, que se prolongó a lo largo de mi sesuda charla. El caso es que durante este tiempo estuve aguantando mis ganas de mear con encomiable estoicismo, ganas que se iban haciendo más insoportables según pasaban las horas. Llegó un momento en que mi ansia de mear rozaba los límites de lo apocalíptico, pero la soporté como un espartano. Cuando el sueño hizo mella en los circunstantes, sin agradecer nada, se retiraron a dormir y me dejaron allá, solo. Mi vejiga, a la sazón, ya era como un púlsar cósmico. Se apagaron todas las luces y retirados todos a sus retiros, allá me dejaron, solo y burlado. No obstante, aún pude aguantar media hora larga reprimiendo mi imperioso deseo de miccionar. A oscuras, intenté ganar la salida de la masía para descubrir con gran sorpresa, que estaba cerrada por dentro. Ni corto ni perezoso y a oscuras, me adentré en el establo interior a efectos de aliviar mi vejiga. Empecé a mear a ciegas sin tener ni idea de dónde estaba meando, lo cual supe al cabo de un instante: estaba meando sobre los sacos de dormir de mis burlones, que ya estaban dormidos a pierna suelta. Para evitar una desgracia cambié la dirección del chorro, que fue a parar encima de otros durmientes, y volví a girar el chorro una vez más con idéntico resultado… y es que al parecer, estaban hacinados todos por el suelo del establo. Creo que los meé a todos al amparo de la oscuridad. Por la mañana todo eran quejas y bramidos y surgió una gran confusión (llena de aflicción), sobre quién era el desaprensivo que había meado al colectivo con tanta impunidad. Yo no dije nada, como es naturalísimo, pero en mi fuero interno, conservé una suave sensación de impensada vendetta, que aún perdura hoy. Por eso lo he contado ahora.

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Esta entrada fue publicada en General.

2 comentarios el “La vendetta urinosa

  1. Jaganat dice:

    la justicia siempre triunfa….

  2. Felicidad dice:

    Jajajajajaja!! me ha encantado!! ¿No querían escatología? pues la tuvieron.Qué menos que haberlo agradecido las dos veces .

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