Un éxito de público

Siendo unos jovenzuelos, un servidor y Cornelius Robur, decidimos impartir una conferencia para suscitar entre los asistentes un espíritu de rebelión, bajo el principio de que este mundo estaba profundamente desastrado y que debía imperar la lucidez de una vez por todas. Editamos unos pasquines, los colgamos por toda la ciudad anunciando el evento, alquilamos un local con un aforo de 500 personas y el día en cuestión, nos personamos en el lugar. Fuimos los únicos. No acudió ni un alma. No obstante, esto no nos arredró: ante un auditorio perfectamente vacío, impartimos la conferencia a due, que culminó (como se suele) con la tanda de preguntas y el subsiguiente debate. Yo le formulé varias y él me formuló otras varias a mí. Después de debatir entre nosotros en animado coloquio, dimos por concluido el acto, considerando que había sido un éxito total. Esto fue memorable.

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Esta entrada fue publicada en General.

4 comentarios el “Un éxito de público

  1. Marcos dice:

    jaja ja jajajjaa

  2. Cornelius Robur dice:

    Recuerdo nuestra memorable conferencia, no sólo como un acto de valor racional, de desprecio al qué dirán, al si vendrán, al si bostezarán, al si no preguntarán nada, al si mirarán el reloj a partir de los cinco minutos de discurso, porque todos esos posibles pesares se diluyeron de forma total y objetiva al no acudir nadie; la recuerdo con y como el valor de las cosas dichas no ya para un auditorio en su limitación física, sino para el universo entero, para los anales de Akasha, sí, para todos los filósofos del mundo que se fundieron en uno sin ocupar ni una puta silla, es decir, del aforo de quinientos: ¿o era de quinientos-mil?, ¿era un local, o era el camp del Barça?
    Gracias por el recuerdo amigo Albi
    Cornelius Robur

  3. richeutz dice:

    Si es que este tipo de audaces eventos deberían compendiarse hombre! Hechos, ejercicios y astucias memorables de Renard y Cornelius.

  4. Ioannes ViBcherius dice:

    abusando de la confianza, aprovecho esta gran página, para enviar un gran abrazo a don Cornelius, a quien por culpa de los designios del destino, hace muchísimos años que no veo.

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