Sobre una costumbre catalana (II)

Para los visitantes que no conozcan esta danza popular catalana: se llama Sardana y suele bailarse en domingo (dies solis) al ritmo que marca una orquestina llamada Cobla. Yo no conozco en el mundo un baile popular tan ultrarracional como la Sardana. Sobre las implicaciones simbólicas, cosmogónicas y fenomenológicas de esta juerga perfectamente kantiana, se podría escribir mucho, pero no sufran porque no lo haré. Y con todo, le he estado dando vueltas al asunto -nunca mejor dicho-, y voy a proponer a la Colla Repuntejant (una sociedad de sardaneros) o a otra, para ver si doce voluntarios/as, estarían dispuestos a sardanear para la posteridad. Estos doce elegidos/as, debieran por necesidad, haber nacido cada uno bajo un signo zodiacal distinto, desde Aries hasta Piscis. Mientras durase la ceremonia, siete pequeños/as rapaces/zas (que representarían los siete planetas tradicionales), se moverían a su albedrío en torno al círculo sardanal, elaborando entre todos un zodíaco viviente que evolucionaría al son hipermatemático de la Cobla. El evento quedaría filmado convenientemente y un equipo de astrólogos se encargarían de descifrar las circunvoluciones con su ciencia sagaz, de la que se extraerían pronósticos para la humanidad. Esto lo propondré cuando esté seguro de que, al oir mi propuesta, no me muelan a palos por entender que mi propuesta es una mofa o una befa, porque no lo es en modo alguno, al contrario.

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3 comentarios el “Sobre una costumbre catalana (II)

  1. richeutz dice:

    Me ha parecido interesante ilustrar la juerga kantiana, popularmente conocida como sardana, con la biografía de su más preclaro prócer, Manel Kant i Reuter.

    Manel Kant i Reuter nació en Vilareig el 22 de abril de 1724, se educó en la escuela de la Salle y posteriormente ingresó en la Universidad de Barcelona, donde estudió matemáticas, física y teología. Su padre, Joan Jordi, era sillero de oficio, y en 1775 se había casado con la madre de Manel, Anna Maria Reuter, con la que tuvo nueve hijos, siendo Manel el cuarto. Se dice de él que nunca fue más allá de 150 kilómetros de su ciudad natal, su estimada Vilareig.
    El 1770 consigue una cátedra en la Universidad, y toma posesión de la misma con su conocida disertación intitulada: “
    Sobre la forma y principios del mundo sensible e inteligible, considerados dinámicamente“, que se considera como el punto de partida de la danza sardanística, aunque otros se han centrado en su aspecto más teórico considerando esta disquisición como el inicio de la filosofía crítica de Manel Kant i Reuter.
    Las obras más conocidas de Manel Kant i Reuter son sus tres críticas:
    Crítica de la razón sardanística“, “Crítica de la práctica de la SardanayCrítica del juicio catalán“, a pesar de que no puede ser considerada como obra menor su conocida Fundamentación de la costumbre sardanística“.
    Manel Kant i Reuter, volcado siempre en sus estudios, no se casó nunca, y disfrutaba de la compañía de sus amigos (“la colla, segun refiere él mismo). Los que le conocieron lo definían como un hombre sencillo, regular y sin perturbaciones, como la sardana. El 12 de febrero de 1804, Manel Kant i Reuter murió en su estimada ciudad de Vilareig. En esos momentos, las reflexiones de Manel ya eran muy conocidas y aceptadas en los principales círculos culturales y dancísticos de toda Europa“.
    GRAN ENCICLOPÈDIA VALLESANA, art: Kant, Manel. Begur: Edicions de la UAB, 1998.

  2. kapellmeistershimmel dice:

    Cierto. La sardana es el único género popular serio, digno, entrañable uqe hay sobre la faz del orbe. Tiene un punto racional, razonable y fanático (digo más, teológico) que a mí me fascina sincerísimamente. Es pura virilidad, pura trempera. Una música cínica, luxuriantemente cínica. Impenetrable. Intangible. Solar, como ha dicho el Cosmógono. Viva la sardónica sardana.

    Sardanas para todos.

  3. Mi señor Kapellmeistershimmel,
    un hombre bebido puede, en una efusión de báquica expansión, arrancarse por peteneras, danzar jotas, zapatear al ritmo de palmas alegres, cantar saetas, pasodoblear o ejecutar contorsiones de candomblé, pero lo que nunca podrá en tal estado, es sardanear con resultados plausibles. Y esto, porque la Sardana es danza que reclama un ademán apolíneo, pasos newtonianos y gorrionescos, pero por encima de todo, una exigible sobriedad matemática. Por eso yo no sé sardanear. Soy hemisardanista con ansias de llegar a más, pero por ahora, no alcanzo.
    Por cierto, con indisimulada emoción, espero la filmación (que la debe haber) de vuestra danza nupcial, de la que toda la Corte fue testigo. Es cosa que se espera.

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