Embajada con el Virrey de Cipango

Hoy he despachado con Urías, fácticamente ya, Virrey de Cipango. Como buen embajador, me ha transmitido las simpatías de los ultranacionalistas japoneses a los que invitó a pà amb tomàquet. Desde aquí les dedicamos un cálido saludo. Como presente me hace llegar tierra de Nagasaki, zona zero, tierra que al contador Geiger ha demostrado, 65 años después, actividad positiva para isótopos nefastos. Observada al microscopio, esta tierra presenta gránulos de sílice cristalizado y lo que es más importante aún: trazas y polvo de diamante, cuya pieza mayor ha alcanzado el grado 10 en la escala de Mohs, para mayor certidumbre. Este hecho me ha colmado de felicidad por el hecho en si y porque abre una vía, ciertamente execrable, para la fabricación artificial de tan singulares gemas.

(Carbono cristalizado: diamante natural de Nagasaki)

Para celebrar este despacho matutino, agrego el primer movimiento de la ópera renardesca que compusimos, a la sazón, Urías y un servidor, con música del primero. Esto es una primicia de la que se hablará si es llegado el caso.

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