El órgano falárico

Lo llamo falárico en recuerdo del Toro de Fálaris. En su momento ya inventé la mujer-partitura, que fue interpretada en una inolvidable soirée privada que provocó los más grandes deliquios estéticos entre los concurrencia (selectísima). Expongo aquí una pictografía de aquel memorable evento:

Pero convenía dar un paso adelante, un paso valiente y lo he dado inventando el órgano falárico del que aquí dejo un bocetillo, que he trazado a toda prisa, para que se hagan una idea de lo que seguirá. Vean:

Sobre la espalda de una señorita estupenda se dibujará un teclado virtual y virtuoso cuyas teclas corresponderán, escrupulosamente, con ciertas terminaciones nerviosas. Habiendo así procedido, el músico se enfundará unos guantes de Fálaris, cuya particularidad dramática consistirá en lo siguiente: poseen finas agujas hipodérmicas en la zona correspondiente a la yema de los dedos. En efecto, y acto seguido, es posible interpretar una obra de Brahms -esto es preceptivo-, sobre el teclado virtual y virtuoso. Como es lógico, esto suscitará ligeros o severos gemidos de dolor orgánico que serán más o menos intensos según las teclas punzadas y su ubicación dorsal. Cabe decir que este órgano falárico ha de ser previamente afinado, por supuesto. En su momento y antes del estreno, ya tramitaré las invitaciones oportunas. Primero quiero limar algunos detalles.

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