Microhomilía

Que las cosas, queridos hermanos, van mal, es un hecho constatado, pero dado que no existen hechos sin causas, yo quiero apuntar en esta Microhomilía una  de las causas probables: las cosas van mal porque la mayoría de personas carecen de una misión en la vida. Esta misión es secreta, íntima, trascendental y otorga sentido al más nimio de nuestros actos. Nacemos por ella y morimos en ella. No obstante, cuando se carece de una misión personal, el acto de vivir carece de enjundia y uno pasa los días medrando entre miedos, tristezas, angustias, sinsaberes y obsesiones raras, esto es, perfectamente endestinado. Y así, queridos hermanos, no podemos ir bien de ninguna manera, como es natural. Por contra, los que tenemos consciencia de tener una misión vital, vivimos sin vivir en nosotros, alienados para bien, como alegres infanzones movidos de un imperativo (no categórico, como diría el jorobado de Königsberg), sino taxativamente fanático y diamantino. Y es que sin misión, la vida deviene tétrica en lugar de tetraédrica.
En mi juventud, estaba de moda tener una misión en la vida, pero casi todos la dejamos colgada como un sombrero en el altar de juergas ignominiosas y lujurias sin cuento. Esto no es censurable si luego, después de una ominosa resaca sabemos recuperarla y ceñir a ella nuestra vida con solvencia y seriedad. Ya sería triste descubrir nuestra misión en la vida en el funendo momento de abandonarla. No fotem el gamarús! Oremus.

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Esta entrada fue publicada en General.

Un comentario el “Microhomilía

  1. ioannes viBcherius dice:

    Quisiera comentar algo de la misión particular de cada uno, y con vuestro permiso, no se me ocurre otra cosa, que recordar estos versos que don Garci Rodríquez de Montalvo pone en boca de Beltenebros:

    Pues se me niega victoria
    do justo m’era devida
    allí do muere la gloria
    es gloria morir la vida.
    Y con esta muerte mía
    morirán todos mis daños,
    mi esperança, mi porfía,
    el amor y sus engaños;
    Mas quedará en mi memoria
    lástima nunca perdida,
    que por me matar la gloria
    me mataron gloria y vida.

    Supongo que os habréis dado cuenta, que me lo aplico a mí mismo. Un fuerte abrazo, iatré.

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