21 millas

Superando con gran circunspección a Scila y Caribdis, cuya aprensión me tenían ligado a la tierra de los lotófagos con la morosidad de un lotófago más, he surcado la océana mar sin novedad reseñable, disponiéndome sobre el piélago apacible del puerto de san Felipe, de las Yeseras donde permanezco al compás de las olas, mecido por el garbi, bien comido y bien bebido, feliz sabedor de que 21 millas más y atracaré en Maupertuis, que es la tierra delectable donde aposento mis reales. Estas millas las espero ganar mañana si los vientos y las corrientes me son favorables (con el beneplácito de Dios), para amarrar mi buque Argos en la marcación de Arenales de Mar, penúltima etapa de la gesta empórica consumada. Júpiter brilla ahora a babor de mi buque con fulgor augurioso y el estandarte aqueo cimbrea en mi embarcación, como una crin tritónica perfectamente imperial. Suenan doce campanadas pías y lejanas anunciando el inicio de un nuevo día oficial. Renard II, capitán, se retira a su camarote a descansar y con unas oraciones de gratitud, se entregará al sueño reparador. Mañana será otro día.

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