Tauromaquia correcta

Yo no entiendo el placer estético (porque ético no es) que experimentan algunas personas viendo corridas de toros, espectáculo grotesco y lamentable donde los haya. Yo, que amo a los toros más que a las personas, propongo lo siguiente:

En una plaza de toros se dispongan: 6 morlacos, 6, bravos, con temple y casta, de hechura cortejana, astifinos y corniveletos, de carácter crecido, pero nobles en el envite. Empieza a sonar “La chanson d’Ève” de Gabriel Fauré y hace su entrada una joven vestal de ojos glaucos, ataviada con azafranado peplo. El público está enervado, pero guarda un silencio tenso y respetuoso. La muchacha empieza a desplazarse mayestáticamente entre los brutos: los tantea, los acaricia, los besa y corona la testuz del bicho con guirnaldas, que porta en un cestito de mimbre. Este acto merece de las reses una mansedumbre tan agradecida, que empapan la arena no con su sangre, sino con lagrimones de bondad salada.

Los que gustamos de los toros y de las vestales, asistimos al evento desde el tendido, sumidos en un éxtasis inenarrable. La faena culmina con ovaciones en la grada, vuelta al ruedo en hombros y salida de la diestra por la puerta grande. Su nombre y apellidos serán grabados en una estela de mármol sita en la entrada de la plaza para eterna memoria. Esta tauromaquia es digna de ver y acontece una vez al año con ocasión de las fiestas de san Isidro  (patronímico que, como todo el mundo sabe, significa: el Don de Isis). Esta ceremonia, además de ser muy bella de ver, si se celebra, trae muy buena suerte a una Nación, no como la otra.

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2 comentarios el “Tauromaquia correcta

  1. Ioannes ViBcherius dice:

    Excelso. Amo a los bravos astados, me producen un indecible asco los diestros, picadores, banderilleros, etc…, y los que creen que disfrutan del “arte” del rejoneo y de similares y crueles memeces. No quiero hacer más comenatarios, pues me sale la bilis por todos los orificios del cuerpo pensando en la “fiesta nacional”. Que se vayan a la mierda todos los aficionados a la tauromaquia. Y además, la próxima vez que vaya a un ruedo, iré con minifalda.

  2. Querido Ioannes, suscribo enteramente sus opiniones al respecto de esa abominación llamada “fiesta nacional” consistente en matar toros. Es una cosa francamente absurda.
    Nada que ver con las tauromaquias cretenses, en las que valerosos y fornidos príncipes saltaban con enorme gracia sobre los lomos del toro, apoyándose en las astas del mismo. Y ahí quedaba el evento, para gusto de los espectadores. Ni nada que ver con la tauromaquia valesana que aquí se ha expuesto.
    Los otros, los que vos me citáis con tan duras, pero justas palabras, son unos bárbaros.
    Siempre vuestro, con afecto indisimulado,
    Renard

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