La ele germinada

A día de hoy, 9 de Abril de 2009, Jueves Santo, día de la última cena y de la institución de la Santa Eucaristía, he descubierto la razón última por la que Renard II, Duque de Valgris, no se equivoca nunca, incluso diría más, carece de la posibilidad de cometer errores, ni siquiera errores ínfimos, errores de escrúpulo o errores infinitésimos.

El descubrimiento ha tenido lugar mientras tomábamos unos dry Martini en la orilla del mar –pésimamente preparados, dado que a falta de coctelera han sido coctelados con un bote taponado por la mano de un anciano experto en desgranar guisantes y, por ende, se había terminado la Bombay Sapphire-. El Dogo estaba disertando sobre el continuum espacio-temporal, y de repente lo he descubierto: ha pronunciado con una perfección excelsa la palabra “col·legir” (colegir en castellano), pero no ha sido el término en sí, ha sido su pronunciación de la “ele geminada”, qué digo geminada, germinada. Nadie capaz de proferir la ele germinada en tercera posición, id est, en la posición del trino, puede errar. Debo decir que sólo yo y los que hemos tenido ocasión de escuchar al duque elucubrando hemos podido delectarnos con esa profusión precisa y preciosa de la ele que germina. Me siento privilegiada y contenta. Laval dixit.

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