El Fanum necesario

fanum

Toda casa de bien debiera contar con un Fanum, o espacio de recogimiento consagrado a las divinas figuras. No hay excusa para no tenerlo. Sin un Fanum una casa ni es casa ni es nada. El cosmógono es y ha de ser, a fin de cuentas y de acuerdo a la fe cristiana, (que es la única verdadera), el sacerdote de la Ecclesia doméstica, el custodio de las reliquias sagradas y un hombre piadoso. Ante el Fanum se reza, al salir de la casa y al llegar a la misma, y se formulan votos solemnes a la divinidad ante las eventualidades cotidianas.

Algunas personas apocadas dicen no tener espacio para colocar un pequeño oratorio en su casa, pero yo creo que la razón es otra: que tienen vergüenza, sin embargo, este problema yo no lo tengo. Para colocar una lavadora, un espejo negro de 60 pulgadas y un tresillo si que tienen espacio, pero para colocar y cuidar un Fanum, aunque sea pequeño, no. Parece mentira.

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3 comentarios el “El Fanum necesario

  1. Ateneo dice:

    Apocamiento y vergüenza son las “virtudes” propias de hoy en día pero, eso sí, dirigidas solameten hacia lo que la mayoría no corrige, critica o pueda desvirtuar la opinión que de nosotros mismos tengan sus constituyentes.

    Lo digo de buena tinta pues yo mismo he pertencido al género que aúna esas dos características junto con otras no menos destacables, llevando mi Fanum propio conmigo a todas partes per sin su manifestación visible y consecuente.

    Gracias por esta noble observación.

  2. Daniel dice:

    Estoy de acuerdo con tener un espacio en la casa dedicado para la oración. (Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.) Pero no te sigo en tener ìdolos y figuras en el altar que pongamos, Jesús ya no esta crucificado, Él resucitó. Poner figuras es idolatría. Yo en lo personal purifico la habitación en la que oro. La purifico de toda energía que haya entrado, de otras personas o incluso de la mia, si es que incurrí en alguna actividad profana, me purifico para poder entrar en santidad “desvistiéndome” de las cargas y preocupaciones de la vida material. Nunca oro ni rezo sin antes haberme purificado a mi y a la habitación. Pero dedicarle a ponerle figuras, utensilios y/o velas sería también vanidad de espíritu. Asi sea.

  3. Puede ser, Daniel. En todo caso, mi alma se recrea en Cristo, en su Nacimiento, en su Muerte, en su Resurrección, en su Ascensión, en su Transsubstanciación y en la esperanza de su Parusía. Y se recrea mi alma pronunciando su Nombre en toda ocasión y en todo idioma, venerando su figura como la prefieran las comunidades que por todo el mundo le veneran, respetando con gran dilección sus símbolos y ritos tan diversos, gustándole a Él mismo en el sacramento de la Misa, en compañía de los suyos, su Iglesia Universal, cumpliendo con diligencia los mandamientos que nos propuso para nuestra salvación y todo lo que es de Cristo, lo amo y más quisiera amarlo.
    La Tradición dice que no hemos de abandonar la religión de nuestros padres, y pues los míos no fueron iconoclastas, no veo motivo para empezar a serlo yo, pero tampoco le aceptaré el argumento de que Cristo resucitó, que ya no está en la cruz y que sobra esa memoria: no. También mi novia se ha hecho mayor y no por eso quito del marco las fotos de su juventud. Ítem, nosotros estamos, ahora, en la cruz del mundo y recordar que también Cristo lo estuvo nos da fe y esperanza en que nuestro devenir no será distinto del Suyo.
    En cuanto a las latrías, cuide cada cual de vigilar las suyas, porque hay muchas que no son evidentes y de ellas, la mayoría resultan mucho más dañosas que el daño que pueda venir de santiguarse ante la Cruz.
    En lo relativo a las energías del aposento, su celo para que permanezca intacto por lo profano, la purificación suya y de su estancia antes de orar y eso que me explica, también diferimos: yo procuro orar tanto si voy limpio como si voy sucio, si estoy puro como si estoy impuro, si estoy sano o si estoy enfermo, si he pecado como si no, y a veces me descubro rezando y pecando al mismo tiempo, pues mi intención es orar siempre, y este orar, que sea indiferente de si rezo en mi casa, en la Iglesia, en el trabajo, en la calle, en un hospital o en un bar de carretera, pues quiero orar donde sea,
    A fin de cuentas tampoco soy judío ni musulmán.
    Con toda simpatía, suyo,

    Santiago

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