La valla antivoyeurista

Sólo Dios sabe los esfuerzos que llegan a hacer los antivoyeurs para conservar su privacidad a salvo de las miradas ajenas: primero inventaron las paredes, luego las vallas, siguieron las persianas y más tarde las cortinas. Cualquiera diría que en sus ratos libres invocan al demonio o ejercen actividades antisociales, si no, no se comprende tanta molestia. Pero lo que ya es el colmo de la mezquindad es que contraten a cosmógonos renegados para conseguir una confinación definitiva y además, barata. Por eso añado aquí un artículo titulado: “Intimidad poligonal“. Para que se vea hasta dónde puede llegar aquella neurosis cuando se alía con las matemáticas:

stewart-ian-intimidad-poligonal

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