Canguros en el cañizal

Para evitar que mi hermano y yo nos claváramos una caña y perdiéramos un ojo en el trascurso de nuestras grescas campestres, mi abuelo Marti (de quien ya he hablado en su lugar), nos advirtió de que entre los cañizares habitaban los canguros como en su medio propio y natural. Ignoro por qué escogió este animal para infundirnos temor, ¿tal vez porque -como todos los marsupiales-, es un animal poco plausible y de muy escasa credibilidad, como los fantasmas? No lo sé. Sin embargo, gracias a esta advertencia, ni yo ni mi hermano hemos quedado tuertos.

Confieso que aún hoy, cuando merodeo por entre las cañas durante mis salidas campestres, me perturba la posibilidad de encontrarme frente a frente con un canguro que, al verse descubierto, pretenda hacerme daño.

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