Lamento de los mendigos

Es de Matteo Salvatore. A los 7 años no pudo ir a la escuela por carecer de zapatos, pero un viejo ciego que tocaba el violón le enseñó canciones antiquísimas, y no sólo eso: el “vecchio” le enseñó también la manera de cantarlas “con un hilillo de voz, como me enseñaron mis antepasados”, con esa entonación tan adecuada para conseguir una limosnita. Durante 14 años el tal Matteo lo aprendió todo del viejo zorro, con el que acudía, cada madrugada, lloviera o hiciera sol, a cantar serenatas por encargo bajo las ventanas de señoritas enamoradas. El viejo, al morir, quiso ser enterrado con su violón. Matteo siguió su camino y al llegar a Turín, algunos notables se encapricharon de él. Aquí pongo una obra magnífica: “Il lamento dei mendicanti”.

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