Caprice dangereux

Para gente de paladar fino y gustos caprichosos propongo un menú no menos caprichoso, a saber: jugar a la ruleta rusa gastronómica. A tal efecto, se tomarán 40 gramos de la seta conocida con el ominoso nombre de Amanita Phalloides, que se pondrá a la brasa de un fuego de sarmientos sobre una parilla, tanto tiempo como se tarde en rezar un Credo in unum Dei. Sazónese con un chorrito de buen aceite de oliva y una pizquita de ajo y perejil. Se tendrá preparada una botella de “Chateauneuf du Pape“. Procédase al ágape vestido con un chaqué y actúese con solemne parsimonia, saboreando bien, degustando con delectación perversa el que podría ser el último yantar de la vida, pues de todos es sabido que la Amanita Phalloides es un hongo tan letal que bastan 50 gramos para causar una muerte inexorable; no existe antídoto alguno contra este envenenamiento, que provoca una catástrofe orgánica masiva e irreversible que puede tardar hasta 72 horas en empezar a manifestarse. Como se comprenderá es menester pesar con científica exactitud el peso de este hongo cuyo umbral letal (según la Societat Catalana de Micologia) se cifra en aquellos 50 gramos. Al parecer esta seta es sabrosísima, pero de ello no quedan testimonios vivos. Este menu reclama una confesión y eucaristía previa si se es católico. Yo no lo he probado porque tengo el Síndrome de los Médicis, lo cual me impide y priva de estos tontos placeres de la vida. En teoría, estos 40 gramos (o 30, si se es muy tiquismiquis) no tendrían que causar un daño irreversible, pero claro, depende de las naturalezas de cada cual. Esta receta agradará y tentará a los aficionados al deporte de riesgo, a los suicidas indecisos, a los genios medio locos y, en general, a los gastrónomos sin manías.

Este quiso probarlo a la brava y de cualquier manera y aún tuvo cierta suertecilla…

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Esta entrada fue publicada en General.

Un comentario el “Caprice dangereux

  1. richeutz dice:

    A modo de acotación decir que este tipo de caprichos deben ser considerados en los límites de lo que yo denomino asuntos nouménicos, dado que darles cabida en los márgenes de lo fenomenal, amén de ser condenables religiosa y cívicamente en una república bien ordenada,descarta la que a mi modo de ver constituye una de las principales gracias de los modos caprichosos, a saber,la posibilidad de recordarlos y gozarlos reiteradamente, vaya, desde mi modesta opinión, que es eso, opinión y modesta.

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