Gianbattista della Porta

Este señor es Juan Bautista della Porta, alquimista, inventor, un poco mago, filósofo y fino escrutador de la Naturaleza. Para que se hagan ustedes una idea, selecciono un fragmento de su obra “Magia Naturalis“, por entender que tiene su gracia (para el cachorro no, se sobreentiende):

El Dragón Volador
O el cometa. Se hace así; Haz un cuadrilátero con pequeños pedazos de cañas, de manera que la longitud sea igual a la anchura y mitad de su proporción. Pon dos diámetros en las partes opuestas o ángulos, donde se corten unos a otros. La atarás con una cuerda pequeña del mismo tamaño. Sean juntadas con otras dos que salen de los extremos del ingenio. Entonces, lo cubrirás con papel o fino lino, de manera que no soporten peso alguno. Entonces de lo alto de una torre, o desde un sitio elevado, suéltala donde el viento sea igual y uniforme, no a los grandes vientos, que romperían la hechura, no en vientos pequeños, pues si el viento es calmo no la sostendrá, y el viento débil hará que la labor sea vana. Que no vuele recta sino oblicuamente, lo que se consigue con una cuerda que viene de un extremo a otro, y por una larga cola que harás de cuerdas de igual distancia, y papeles anudados hacia ellas. Soltada con gentileza será guiada por las manos del artífice, que no debe moverla sin vigor y perezosamente, sino con firmeza.
Así esta vela voladora vuela en el aire. Cuando se levanta un poco (porque aquí el aire es roto por las tortuosas formas de las casas) y apenas puedes guiarla, o sostenerla en tus manos.
Algunos, colocan una linterna en ella, de manera que parecería un cometa. Otros ponen un buscapies de papel donde se pone la pólvora, y cuando está en el aire, por la cuerda se envía una chispa, por un anillo o algo que la sustente. Esto va hacia la vela y le prende la boca y el ingenio con un atronador ruido vuela en muchas partes, y cae al suelo. Otros atan un gato o cachorro, y así se oyen gritos en el aire.
Un hombre ingenuo tomaría la ocasión, para considerar como hacer volar a un hombre, gracias a grandes alas ligadas a sus hombros y pecho. Pero debería, ya de muy niño, a acostumbrarse a moverlas, y siempre en un sitio alto.
Si algún hombre cree que esto es una maravilla, que considere lo que se afirma que hizo Arquitas el Pitagórico. Pues muchos de los nobles griegos, y Favornius el filósofo, que es el más gran estudioso de antigüedades, ha escrito y afirmado que Arquitas, con cierto arte, hizo volar una estructura de madera que asemejaba un palomo. Estaba bien balanceada en el aire por pesas y movido por un espíritu aéreo interior…”

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