Un grano de arena elegido

De muy, muy niño, me apetecía tumbarme en la arena de la playa y, por así decir, buscarme a mí mismo entre todos los granos de arena que a billones aparecían ante mi vista y lo hacía del siguiente modo: acercaba el rostro, delimitaba visualmente un área y, con gran circunspección, iba disminuyendo el perímetro visual seleccionado, avanzando en la escrutación según potencias de 5. Cabe decir que los miopes tenemos una capacidad visual propia de un microscopio y eso ayudaba mucho a mi propósito. Gradualmente, la masa homogénea de la arena iba desapareciendo para dar paso a una visión más precisa de la especificidad de los minúsculos granitos de arena, todos iguales en apariencia, pero todos distintos en esencia. Cuando la vista estaba fijada en apenas una docena de granos, seleccionaba uno, el que me parecía más digno, y me deleitaba en su observación durante largo rato, apreciando su complexión, forma, figura y disposición en el espacio. Me procuraba mucho placer pensar que mi voluntad había escogido a ese granito de arena para arrancarlo de su anonimato dando a su biografía el supremo honor de ser, entre tanta arena, mi Elegido. ¿Qué debía sentir entonces ese granito de arena? ¿Sabía que algun día yo le escogería entre sus semejantes? ¿Se sonrojaba mineralmente por sentirse observado? ¿Se sentía, a partir de entonces, investido de algún tipo de misión trascendental? ¿Le mirarían los demás granos de arena con cierta envidia o con admiración? Luego me iba, satisfecho y convencido de que el devenir de un grano de silicio había cambiado, como si hubiera sido ungido por mi mirada penetrante.

Es posible que este hábito mío, que aún practico, explique esa capacidad que tengo para percibir las especificidades más nimias, entre otras virtudes que, por modestia, no debo explicar.

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Esta entrada fue publicada en General.

2 comentarios el “Un grano de arena elegido

  1. Bellísimo relato,mágico, sencillo,inspirador, yo vivo rodeado de arenas, y a veces hago lo mismo. Le invito a hartarse de arena en el sahara y en el rub al khali.
    http://cautivoenberberia.blogspot.com
    http://latierradelapiedranegra.blogspot.com

    Un abrazo desde el desierto.

  2. Santiago Jubany dice:

    Mi querido amigo, gracias por sus amables palabras. Aún no conozco Rub al-Khali, pero desde este mismo momento, este nombre alcalino que me sugiere, entra a formar parte de mi biografía futura. Conozco el Sáhara africano, desde Zagora hasta Hurgada y algo más al Este, el Négev… Como amante del desierto, ¡me falta tanto aún! Rub al-Khali, sin ir más lejos… Me permito agregar su blog a mi lista de links por entender que es usted una persona de bien… Un abrazo aerónomo de este suyo, marino, a quien puede contar entre sus amigos.

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