Nahmánides. Comentario a Isaías.

He aquí que Mi servidor comprenderá” (Is. 52, 13): el verdadero tema de esta sección es la la comunidad Israel considerada en su conjunto, como sucede también en la formulación siguiente: “No temas, servidor mío, Jacob”, y en esta otra: “Tú eres Mi servidor, Israel, en ti seré glorificado”, así como en otras muchas secciones. Sin embargo, según el Midrash, el versículo que ahora consideramos hace referencia al Mesías. Por ello es necesario que lo consideremos y que lo expliquemos según las enseñanzas de los libros. Por otra parte, en otro comentario, se declara que el Mesías, hijo de David, del que habla la Escritura, no será vencido y no será muerto por sus enemigos. He aquí, a modo de comentario, lo que los textos enseñan sobre esto.

Explicación del versículo

He aquí que Mi servidor comprenderá”. Así es, en el tiempo de la liberación, el Mesías comprenderá y tendrá inteligencia del fin; sabrá que ha llegado el momento de su venida y que el momento final ha llegado, y entonces podrá desvelarse al conocimiento de todos aquéllos que esperan en él. Y se dice “comprender” en atención a lo que está escrito en el libro de Daniel: “Pues estas palabras permanecen ocultas y selladas hasta el momento final. Muchos serán los purificados, los blanqueados y sanados; los malvados harán el mal y ninguno de ellos comprenderá, pero los inteligentes comprenderán” (Dan. XII, 9-10). Daniel quiere decir que de entre los malvados, algunos harán el mal para lanzar el oprobio sobre los talones del Mesías y retrasarle en su misión; no creerán en él y ninguno de los malvados comprenderá (que ha llegado) el fin, y algunos de ellos se equivocarán y seguirán a uno tenido falsamente por Mesías. Pero los inteligentes discernirán el verdadero fin y lo esperarán. En función de esto Isaías declara que el Mesías, servidor de YHVH, comprenderá y discernirá el fin.

Entonces se levantará, “subirá, se alzará y será exaltado” (Is. LII, 13), su corazón se exaltará por las vías de YHVH a fin de reunir a los desterrados de Israel, y no por su fuerza o por su poder, sino solamente por su soplo, pues tendrá la confianza de YHVH. Así fue con el primer libertador (Moisés), que se llegó con su vara y su bolsa ante Faraón e hirió a su país con la férula de su boca. Por esta razón se dice en el Midrash: “Él será exaltado por encima de Abraham, se elevará por encima de Moisés y será exaltado por encima de los ángeles de servicio“. Decimos que el Mesías “será exaltado por encima de Abraham” porque aunque este último enseñó la fe de Dios convirtiendo a las gentes sobre las tierras de Nemrod en contra del rango del rey, el Mesías hará mucho más que eso, pues convertirá a pueblos enteros. “se elevará por encima de Moisés”, que se llegó ante Faraón, el rey grande y cruel que le dijo: “Yo no conozco a este YHVH” (Ex. V, 12); aunque era un simple pastor, un hombre de condición modesta, no tuvo ningún temor y liberó a su pueblo de una prensa de hierro. Pero el Mesías aún hará mucho más que él, pues se enfrentará ante todos los soberanos del mundo para liberar a Israel de sus manos y ejecutar la venganza entre las naciones. “Será exaltado por encima de los ángeles de servicio”, pues aun y siendo ellos extremadamente ardúos en materia de liberación, según está escrito: “No hay nadie conmigo para fortificarme contra ellos, excepto Miguel, vuestro príncipe” (Dan. X, 21), y según está dicho: “Ahora volveré para combatir contra el príncipe de Persia” (Ibid. 20); pero el Mesías aún hará más que todos ellos. Con el Mesías será asentada la sabiduría y la proximidad con Dios. Abraham fue llamado por el Nombre, reputado y glorioso, Su amante, y selló con él una alianza nueva; Moisés estuvo más cerca del Nombre, bendito sea, que cualquier otro hombre; los ángeles de servicio se mantienen cerca de Él, a Su izquierda y a Su derecha, pero ninguno de ellos está tan cerca del Nombre, bendito sea, en lo que se refiere al conocimiento, como el Mesías, tal y como está escrito: “Él se llegó hasta el Anciano de los días, y se acercó a Él” (Dan, VII, 13), mientras que de los ángeles de servicio está escrito: “Mil millares le sirven, y una miríada de miríadas se mantiene inmóvil ante Él” (ibid. 10). Por esta razón Isaías declara que él ascenderá por su inteligencia, porque comprenderá supremamente el Nombre, bendito sea; “se elevará y será exaltado de modo supremo” por el conocimiento de Su Nombre, bendito sea, conocimiento que excederá al de todas las demás criaturas que se encuentran ante Él. Por otra parte ya ha sido dicho que también los demás justos son más grandes que los ángeles de servicio.

La Escritura dice respecto al Mesías: “Como muchos se asombraban ante él …” (Is. LII, 14); “se asombraban ante él” quiere decir que muchos se reirán de él al principio de su venida, exclamando: “¡Es un pobre villano y cabalga sobre un asno!”. Y sin embargo vencerá a todos los reyes del mundo; todos tendrán a bien oprimir a Israel, pero él los liberará de sus manos. También se comportó de este modo Faraon ante Moisés: se burló de él, tal y como lo demuestran estas palabras: “Si los hijos de Israel no me han escuchado, ¿cómo va escucharme Faraon?” (Ex. VI, 12).

Así estremecerá a muchas naciones” (Is. LII, 15), les hablará hasta que exclamen: “El aspecto de este hombre no es humano” (ibid. 14), y entonces dirán que hará estremecer a muchas naciones, pues llevará su palabra sobre ellas y su boca se abrirá para recoger sus palabras.

Delante de él los reyes cerrarán sus bocas” (ibid. 15), su boca será cerrada e incluso en sus recintos de trabajo temerán hablar de él. Todo hombre dirá a su compañero: “Ni siquiera en tu pensamiento maldigas al soberano”.

¿Quién hubiera creído nuestro mensaje?” (ibid. LIII, 1), lo que se está preguntando es esto: “Cuando haya sido extendida la nueva del Mesías entre los pueblos, ¿quién de entre ellos la creerá?”.

Y el brazo de YHVH” (ibid.) que será llevado a la derecha del liberador, así como su magnífico brazo fue llevado a la derecha de Moisés.

¿Sobre quién se ha manifestado?” (ibid. ). Sobre todo aquél que tendrá fe en esto: pues al principio era parecido a una tierna planta creciendo en “una tierra árida”, como siendo incapaz de crecer lo suficiente para producir ramas y dar fruto.

Será despreciado” (ibid. 3), pues carecerá de forma y hermosura, será pobre y vendrá cabalgando en un asno, tal y como sucedió con nuestro primer liberador, Moisés, nuestro maestro, que la paz sea con él, él, que junto con su mujer y sus hijos vino de Egipto cabalgando en las espaldas de un asno.

Hombre de dolores” (ibid.), soportando las iniquidades de Israel, iniquidades que provocan su retraso e impiden que sea rey de su pueblo.

Familiarizado con la enfermedad” (ibid.), pues el enfermo siempre padece grandes dolores, y la enfermedad significa el sufrimiento procedente del excesivo deseo, tal y como está dicho: “Amón sufrió hasta la enfermedad a causa de Tamar, su hermana” (II Sam. XIII, 2), y: “Ninguno de vosotros está enfermo por mí” (I Sam. XXII, 8); y en verdad estará enfermo y padecerá, como los hombres.

Mas son nuestras enfermedades las que padece” (Is. LIII, 4), pues está enfermo y sufre a causa de nuestros crímenes, y deberíamos ser nosotros los enfermos y padecer a causa de ellos. Los dolores deberían ser padecidos por nosotros, pero él soporta su carga y sufre por nosotros.

Y nosotros, nosotros pensamos” (ibid.) al verle pobre y debilitado que ha sido herido por Dios y humillado. Pero de él se dice que está herido (meholal) en el mismo sentido que se dice que la voz de YHVH hace parir (yeholel) a las ciervas.

Fuimos sanados y alcanzamos la paz por él” (ibid.), pues él fue quien padeció.

Por sus llagas fuimos sanados” (ibid.); por las llagas que padece y con las que ha sido herido nos sana, pues el Nombre nos perdona por su mérito; así seremos sanados por nuestros pecados y por las iniquidades de nuestros padres según la expresión: “Que vuelva y sea sanado”, “¡paz, paz, para el que está lejos y para el que está cerca, dice YHVH, yo le sanaré!” (ibid. LVII, 19). Todas estas fórmulas aparecen con mucha frecuencia cuando se trata de la liberación: “Incurable es tu herida, incurable es tu llaga. ¡Nadie cree que tu herida pueda ser vendada, tu úlcera no tiene remedio, tu llaga no se cerrará!” (Jer. XXX, 12-13).

Andamos errantes, como ovejas. Cada cual volvióse por su propio camino” (Is. LIII, 6); los hijos de Israel se desesperan porque a causa de su exilio todas sus intenciones se limitan a las cosas del mundo; cada uno no se ocupa sino de sí mismo, de su casa y de sus quehaceres. Deben llorar y rogar ante YHVH, día y noche, a fin de expiar la iniquidad de Israel y acelerar la llegada del final liberador; pues a causa de su arrepentimiento el Mesías vendrá de inmediato, en caso contrario será retenido hasta que alcance el fin del que ha sido hecho el juramento, tal y como está escrito: “Él levantó su mano derecha y su mano izquierda hacia los cielos, y juró por el Viviente de los mundos” (Dan. XII, 7).

Está dicho: “Y el Eterno había hecho recaer en él la iniquidad de todos nosotros” (Is. LIII, 6), y la iniquidad mencionada recae sobre él, pues padece cada vez que sus carros son retenidos. Pero nosotros no vemos así las cosas, sino que por el contrario nos ocupamos de nuestras cosas entre los pueblos.

Es maltratado y él se humilla” (ibid. 7); al principio de su venida, pobre y cabalgando sobre un asno, verá caer sobre él a sus opresores, a los opresores de cada ciudad y a sus ejércitos, y le humillarán por el oprobio, y le insultarán. Ler insultarán, a él y al Dios en el nombre del que viene, tal y como sucedió con Moisés, nuestro maestro, a quien le dijo Faraon: “Yo no conozco a este YHVH” (Ex. V, 2), y a pesar de ello Moisés no le replicó ni una sola palabra; no le respondió: “Es el Dios de los cielos y de la tierra que muy pronto se revelará contra ti”; sino que por el contrario se calló. Asimismo, el Mesías no repsonderá ni una sola palabra y se callará. Pero jamás dejará de recordar a Israel y de clamar a todos los reyes de las naciones: “Así habla YHVH: Envíame a Mi pueblo y que Me sirva” (Ex. VIII, 16).

Será como un cordero cuando es llevado a la matanza” (Is. LIII, 7), y pensará para sí: aunque quieran matarme cumpliré la misión de mi Creador, pues este es mi deber, tal y como lo proclamaron Hanania, Michael y Azariah: “Sabe, ¡oh rey!, que nosotros no serviremos a tus dioses” (Dan. III, 18). Nuestros maestros, bendita sea su memoria, dijeron lo mismo: “Aquél que se sacrifique para ser salvado, no será salvado” (Torat Kohanim IX, 5). En cuanto a la expresión utilizada aquí, Jeremías dice: “Soy como cordero llevado a la matanza”; el poeta añade: “durante todo el día fui abatido” (Sal. LXXIII, 14), y dice: “Como los degollados que yacen en el sepulcro” (Sal. LXXXVIII, 6).

Por medio de la opresión y del juicio fue apartado” (Is. LIII, 8); pensará para sí que ha sido apartado de su pueblo y que ha sido rechazado como su príncipe y juez.

Pensará: “En cuanto a su generación, ¿quién de entre ellos ha reflexionado?” (Ibid.); les hablará y les mostrará las vías del Nombre, bendito sea.

Dirá: “Yo he sido excluido de la tierra de los vivos” (Ibid.), por el hacer de su pueblo, que constituye su llaga. La Escritura dice en alabanza suya que tan sólo cuidará de su vida por Israel.

Y su tumba será donada a los impíos” (Ibid. 9), y esta donación se expresa en la Escritura por el pensamiento que culmina en el corazón, como sucede en los versículos: “Yo he donado mi corazón para la búsqueda” (Ecc, I, 13), “no pienses que tu sirvienta” (I Sam. I, 16), y la donación se expresa a través de la palabra, como sucede en los siguientes versículos: “Tú darás la bendición sobre el monte Garizim” (Deut. XI, 29), “las darás sobre la cabeza de la víctima” (Lev. XVI, 21). Está dicho: decidirá por sí mismo ser enterrado entre los impíos de las naciones; reflexionará y dirá: “Así sea. Ellos me matarán y este lugar será mi tumba”, y esto es lo que indican las palabras: “Que labre su sepulcro en las alturas” (Is.XXII, 16), lo cual indica el lugar en el que piensa que será enterrado tras su muerte, pero él jamás será allí enterrado. Lo mismo sucede con las palabras: “En la tumba en la que he sido enterrado” (Gen. L, 3), pues a pesar de estas palabras, él no ha sido aún enterrado.

Y el rico por sus muertes” (Is. LIII, 9): nos dirá que serán muchas las muertes que donará a su persona. Pensará que los ricos opulentos de Israel que no desean su venida le matarán, por la lapidación o por el fuego, ejecutandole o estrangulándole. Por eso se dice “sus muertes” en plural, en relación con las muertes que tuvieron lugar en la oscuridad de Egipto.

Está dicho: “Aunque no había cometido violencia alguna” (ibid.), refiriéndose a los impíos, que no son sino las naciones, pues él no vino para hurtarles cosa alguna.

Ni engaño en su boca” (ibid.), refiriéndose a los ricos de Israel.

Quiso YHVH aplastarle y lo enfermó” (ibid. 10), pues el Nombre quiso que él padeciese por sí mismo.

Si tú has cometido en su alma alguna falta” (ibid.), pues él pensará que están en él el pecado y el delito, y que soporta todo esto a causa de la disminución de su mérito, a pesar de que su mérito será completo. En cuanto a las palabras “si tú has cometido”, son palabras del Nombre glorioso y bendito encargadas de expresar su deseo, pues está dicho que si él soporta todo esto su alma será humilde, no presentará queja alguna y no tendrá ninguna duda sobre Mi comportamiento, y entonces Le daré un salario justo, pues podrá ver a su descendencia. Dicen “si” en el mismo sentido que se dice en el versículo: “Si vuelves, Yo te haré regresar, y permanecerás ante Mí” (Jer. XV, 19).

Podrá ver a su descendencia” (Is. LIII, 9), pues en él se realizará lo que ha sido escrito: “Tus hijos tomarán el lugar de sus padres, y tú les establecerás como príncipes de toda la tierra” (Sal. XLV, 17). Sus días durarán para siempre, tal y como está dicho: “Él te pidió la vida y tú se la concediste, y le donaste largos días, eternos, para siempre” (ibid. XXI, 5). Esto mismo es lo que dicen los Pirqé de Rabí Eliezer cuando comentan el versículo: “Que sus años se prolongan de edad en edad” (ibid. LXI, 7).

Y que el deseo del Eterno prosperase en su mano” (Is. LIII, 10), pues por él será cumplida la liberación que el Nombre, bendito sea, desea, y enseñará a todos los pueblos a comprender y a conocer a YHVH; y éste es el deseo de YHVH, tal y como está escrito: “pues esto es lo que yo deseo. Oráculo de YHVH” (Jer. IX, 23).

Por la fatiga de su alma podrá ver y será saciado” (Is. LIII, 11); por su propio padecimiento será saciado de la ignominia por la gloria, por su propio mérito, y “por su conocimiento, el justo volverá justa a la multitud” (ibid.), pues sabrá reconocer quienes son los justos que deben ser liberados, en todos los procesos sabrá distinguir a los justos, de acuerdo con las palabras: “Él respirará en el temor de YHVH, (…), y juzgará con justicia a los débiles” (ibid. XI, 3). En cuanto a las iniquidades cometidas por la multitud, cargará con ella y la preparará para el arrepentimiento, según las palabras: “Para llevar todo el peso de la casa de José” (I Re. XI, 28), lo cual significa la reparación de sus actos, igual que sucede con el versículo: “Volved a vuestros asuntos” (Ex. V, 4).

Por ello le daré su parte entre la multitud” (Is. LIII, 12), es decir, todos los pueblos serán su parte y se herencia, y “repartirá el botín” (ibid.) de las poderosas naciones entre él y sus servidores.

Porque él ha vaciado su alma para la muerte” (ibid.), pues vació su alma con miras a la muerte, padeciendo la muerte en su pensamiento, sacrificando su propia persona hasta la misma muerte, de acuerdo con las palabras: “No vacíes mi alma” (Sal. CXLI, 8), lo cual significa que no vacíes tu alma del deseo, de aquello que desea ver, pues la retribución del deseo es llamada “llenado del alma”, según la expresión: “Mi alma se llenará de ellos” (Ex. XV, 19), mientras que la anulación del deseo es llamada “vaciado del alma”.

Él fue contado entre los pecadores” (Is. LIII, 12), él se considera a sí mismo como formando parte de los pecadores, según he indicado antes.

Y cargó con el pecado de la multitud” (ibid.), es decir, no cargó solamente con el peso de sus propios actos, sino con todos los de la multitud.

Intercedió por los pecadores” (ibid.), pues padecerá en su alma la iniquidad y los pecados de los malvados, según el versículo: “El Eterno le hizo padecer todas nuestras iniquidades” (ibid. 6).

Así pues, en este versículo no se pone en cuestión el hecho de que será librado a manos de sus enemigos, ni el hecho de que será condenado a muerte, ni el hecho de que será colgado de un árbol, sino que lo que se afirma es que verá a su descendencia, que sus días serán prolongados, que su reino será elevado entre todos los pueblos y que los reinos poderosos constituirán su botín.

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Un comentario el “Nahmánides. Comentario a Isaías.

  1. Felicidad dice:

    Interesantísimo

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