El perro-estufa

(Este es mi fiel perro-estufa, trabajando)

El perro-estufa tiene la divina misión de calentar nuestro lecho mientras no lo ocupamos, de forma que esté caliente cuando nos acostamos. Esta es una función impagable, pues como todo el mundo sabe, los pensadores tenemos cierto natural friolero. Además, en ciertos momentos y si está entrenado para tal fin, permite apoyar los pies sobre su cuerpo, a modo de escabel, de forma que estos obtengan un calor natural y saludable, que favorece mucho el estudio. Por otra parte, el perro nos hace compañía, al tiempo que sustituye nuestros ojos y oídos mientras estamos absortos, advirtiéndonos de cualquier cosa anómala.
Muchos sepulcros medievales representan al difunto con los pies apoyados sobre su perro-estufa, con lo que se evidencia que nosotros no hablamos por hablar.

(Detalle del sepulcro de Ramón Berenguer II)

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