Despertares de Renard

Pues no hay nada vulgar en Renard ni en sus costumbres, lógico es que el momento de despertar suyo tampoco tenga nada vulgar: es completamente lógico. Cuando Renard amanece, lo hace en virtud de su propio elan espiritual, sin tener necesidad de despertador alguno. El despertador es el artefacto más insano, nefasto y pernicioso que ha creado el desingenio humano. Destruye completamente el harmónico descensu del alma al cuerpo y arruina la fase REM del sueño, que es esencial para cosmogonizar. Por consiguiente, amigos, yo os digo: ¡No! ¡Arrojad vuestros despertadores, cosmógonos en ciernes! ¡Arrojadlos al río o a un descampado, donde no puedan hacer daño a nadie!

Por contra, lo que sí os está permitido es dormir con vuestro músicos al costado del lecho, y cuando estos perciban que retornáis de vuestro periplo onírico, que se apresten a tocar lo siguiente,

mientras vosotros rezongáis un poco más entre amantes y flazadas. Con la última nota deberéis alzaros, eso sí, porque el mundo ha necesidad de vuestro consejo. No seáis negligentes en considerar estas cosas que os digo con la mayor circunspección y pensando únicamente en vuestro bien.

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