El Síndrome de Fausto

Descrito, estudiado y comunicado públicamente por primera vez por Santiago Jubany, coincidiendo con el bicentenario del estreno, 29 de marzo de 2008, de la obra homónima de Goethe.

El síndrome de Fausto es un complejo entramado de síntomas psicopatolólógicos definidos esencialmente por la “bulimia intelectual”. Los sujetos que lo padecen poseen un deseo inmoderado o compulsivo de leer, estudiar y penetrar en todos los saberes humanos sin obtener de sus investigaciones ninguna gratificación existencial, antes bien y por contra, relatan una angustia profunda y continuada, sumada a una sensación de hastío vivencial que les mantiene sumidos en una importante desazón. Suelen poseer una gran cultura, reglada oficialmente o no y, cuando sus recursos se lo permiten, enormes bibliotecas cuyo rasgo común es la discontinuidad temática de las materias allí presentes. El sujeto es tan consciente de su superioridad discursiva, que no consigue experimentar placer alguno en la socialización, por no hallar interlocutores lo bastante capacitados como para estimularle a una interacción positiva. Cuando han de relacionarse públicamente es por force majeure. Incluso el reconocimiento público de su erudición les provoca un notable fastidio, cuando proviene de personas que poseen un listón cultural inferior al suyo. Esto nos permitiría establecer paralelismos con el trastorno narcisista de la personalidad. En consulta, tienden a imponerse al terapeuta con una serie de argumentaciones lúcidas cuyo único objeto sería evaluar y examinar la capacitación del mismo, al que a menudo, y en efecto, dejan confundido dada la vastedad y brillo de sus observaciones. Este hecho dificulta mucho un tratamiento efectivo del síndrome. En casos extremos, puede haber rasgos autolíticos, pero rara vez heterolíticos. No es infrecuente el hábito enólico. Dadas las características de este trastorno, no suele haber implicación afectiva con el sexo opuesto y cuando la hay, es dificultosa y desgraciada.

Gracias a Dios no sufro este problema, pero he conocido varias personas que sí lo padecen; por ello he abierto un área de debate aquí, donde iré exponiendo más sobre esta cuestión.

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Esta entrada fue publicada en General.

22 comentarios el “El Síndrome de Fausto

  1. Javier dice:

    me gustaria saber mas sobre este sintoma y cuales son sus concecuencias a la larga con el sindrome att. _Javier Najera

  2. Santiago Jubany dice:

    Estimado Javier,
    Con mucho placer satisfaría su demanda si tuviese la bondad de (por correo privado, naturalmente) delimitarme con más exactitud el alcance de su pregunta. Este síndrome es complejo e ignoro si su demanda es puramente académica o si refleja la preocupación por un caso concreto. En cualquier caso, quedo a su disposición. Un abrazo

  3. Sandra dice:

    Señor Santiago:

    Me interesó mucho este síndrome y me gustaría saber más al respecto. Espero nos podamos comunicar por correo electrónico.

    También me gustaría saber sobre usted, y cómo fue descubierto el Síndrome de Fausto.

    Atentamente

    Sandra

  4. Santiago Jubany dice:

    Respondo a Sandra y a Miguel, por entender que la cuestión que plantean puede ser resuelta en un único post.
    Usted lo ha dicho: hambre de conocimiento de la misma forma que podía haber aludido a la sed de saber. El conocimiento siempre ha sido asimilado a algo nutricio, a algo alimenticio y el ejemplo más eximio de ello podemos encontrarlo en el fruto del árbol de la ciencia, que se cita en Gen, 3,6cuyo fruto era bueno para comer”. Hay un paralelismo histórico-cultural tan obvio entre el comer y el saber que no me detendré a exponerlo aquí en aras de la necesaria brevedad.
    En el contexto presente, el “síndrome de Fausto” consiste, (por decirlo de algún modo), en una bulimia de conocimientos, en la que el sujeto ingiere-asume información de forma inmoderada sin que esta llegue a metabolizarse fácticamente en un Conocimiento “saciante”, acumulativo en el orden del yo y procurador de una satisfacción realizante y placentera.
    En nuestro caso, la necesidad se traduce en una “ansia”, en una deambulación (“paseos sin rumbo”, dice Miguel), en la vivencia dolorosa de un vacío íntimo que los saberes civiles no llegan a colmar, de forma que el sujeto procede a investigar otros géneros de conocimiento –esotéricos, ocultistas, mágicos, extraños, etc.- que prometen, (como en el caso del dr. Fausto) esa plétora existencial de la que carece, aún y a riesgo de que su razón desfallezca en manos de la locura o la extravagancia.
    No, en modo alguno es patológico perseverar apasionadamente en la búsqueda del conocimiento, ni lo es hacer de la propia vida una pesquisa de la verdad, ni mantener viva una curiosidad saludable por la naturaleza de las cosas, no confundamos los términos: el afecto de este síndrome tiende al aislamiento, al tedio, al desencanto, sufre de forma muy notoria… Por querer vivir intensamente la vida, deja de vivirla, por eso el relato de Fausto es una tragedia, no una comedia, como tragedia es la del Quijote.
    Podría hablarle de ese antídoto que es el amor de Margarita, encarnación de la virtud, de la sencillez y de la fe, pero por ahora lo dejaremos aquí. En consulta, se abordaría el tratamiento insinuando que todo conocimiento obtiene su culmen en la sabiduría, concepto muy distinto al del conocimiento y que, por su naturaleza, merece un discurso distinto.
    Con afecto, quedo a su servicio y me excuso por la brevedad a que el medio obliga. Un saludo

  5. Sandra dice:

    Muchas gracias por su respuesta, hace ya unos días que había escrito pero creo que hubo un error en la página.

    Le agradezco su tiempo y la respuesta en Wikipedia, soy la chica que escribió al último.

    Lo felicito pues se nota que es un hombre muy culto y dedicado a su profesión. Espero que sigamos en contacto, pues tengo ciertas dudas pero más personales.

    Sandra

  6. Santiago Jubany dice:

    Querida Sandra, gracias por tus amables palabras, que entenderé como un estímulo personal para superarme más y estar a la altura de este dulce elogio tuyo.
    Para contactar conmigo de forma privada, en valgris@gmail.com y entenderé como un honor personal poder ser de alguna ayuda. Con afecto, un abrazo

  7. Sandra dice:

    Gracias por brindarme su correo, con más tiempo (y menos pena) podré escribirle. Hasta pronto.

  8. Fran dice:

    Hola Santiago.

    ¿No consideras que ese hastío iniciático susceptible de alcanzar la categoría patológica no es más que el necesario combustible de cualquier pensador crítico obstinado en no conformarse con “la sencillez”, “la fe” y otros tantos resortes escapistas inventados por el hombre durante siglos para eludir su responsabilidad como ignorante?. Extrapolando el fenómeno al campo de la salud orgánica; ¿cuánta gente sufre, ha sufrido y sufrirá debido a la inevitable conciencia de un VIH por el momento imbatible?. ¿Significa ésto que “lo sano” consiste en investigar con una sonrisa pintada en la cara, sin prisas (organizando una fiesta de vez en cuando incluso), mientras aprendemos a negar tranquilamente que podemos morir en cualquier momento?. ¿No es precisamente la urgencia, la sensación de vacío, la necesidad inevitable en cualquier caso, lo que nos impulsa a satisfacer definitivamente nuestras carencias?.

    En definitiva, ¿determina la ausencia de respuestas en un determinado plazo la calidad de la pregunta?.

    Las mejores y más potentes respuestas de la historia humana no han sido destiladas precisamente tras una carrera adolescente de 2 meses cantando en televisión, sino tras años de constancia, amor a la verdad y dedicación obsesiva-compulsiva a una respuesta permanentemente oculta que, si bien en ocasiones resulta desalentadoramente escurridiza, nos ayuda a sentirnos un poco más cerca de la divinidad.

    Nos ayuda a sentirnos Reales.

  9. Santiago Jubany dice:

    Excelentes reflexiones las tuyas! A mi juicio, la enorme carga dramática del Fausto estriba entre dos cosmovisiones diametralmente opuestas: la de un universo creado y regulado por el Logos divino y la de otro universo que es una suma de fuerzas cósmicas ciegas y azarosas. La primera visión proviene de la religión tradicional y exige fé y demanda. La segunda visión es el discurso de la Magia, y reclama voluntad y exigencia. Por ello es revelador este párrafo, en el que vemos a Fausto procurando interpretar el pasaje evangélico de san Juan:
    “Aquí dice: «En el principio fue la Palabra». Ya empiezo a atascarme, ¿quién me ayudará a seguir? No puedo darle tanto valor a la Palabra”.
    ¡Es incapaz de otorgar “tanto valor” al propio Cristo Cosmocrator pero al ver el Pentáculo mágico, exclama:
    “¡Qué diferente es el efecto de este signo sobre mí! Tú, Espíritu de la Tierra, me resultas más cercano. Siento que mis fuerzas aumentan, ardo como si hubiera bebido un vino nuevo; siento valor para aventurarme por el mundo, para afrontar el dolor y la fortuna que me reporte la tierra, para adentrarme en la tempestad y no temer el crujido de la nave al zozobrar… Mis sentidos se abren a nuevos sentimientos. Mi corazón está plenamente entregado a ti. ¡Revélate!, ¡aunque me cueste la vida!”
    Bastarían estos dos fragmentos para iniciar un amable y jugoso coloquio: usualmente se dice (no sin razón) que el pensamiento mágico antecede históricamente a la religión, pero Fausto pretende invertir los términos para ir de la religión a la magia, de la fé a la voluntad, del Logos al talismán, de la oración obediente al ritual que exige y fuerza a la Naturaleza para que obedezca.
    Fausto es un contemporáneo, sin duda: en él confluyen todas las condiciones de posibilidad de la Ciencia.
    Has extrapolado, con lucidez, los términos del coloquio anterior al HIV. Me gusta tu atrevimiento. Además es atinado. Sin embargo, me permito recordar que, cuando el HIV no era más que un enigma, un manojo de síntomas, sin etiología, sin curación, sinónimo de muerte segura y símbolo vívido de nuestro ancestral miedo al contagio pestífero, cuando los propios médicos habían de estrujar su juramento para asistir a enfermos con Kaposis espeluznantes, supuraciones y neumonías fulminantes, sólo entonces, digo, podían contar los enfermos con la atención y abnegación incondicional de las monjas, las únicas que estaban dispuestas, (al contrario de Fausto), a entregar su vida para dar a esos enfermos lo que todo el mundo les negaba: Amor. Hoy sí, pero en 1983 no había tiempo para fiestas.
    Por eso, Margarita (el amor) redime a Fausto de su erudición patológica, de su locura mágica en el último segundo, devolviéndole la razón a costa de su propia vida. Sobre esto también hay mucho que hablar.
    Por último: me llama la atención tu alusión al trastorno obsesivo-compulsivo, posiblemente, la expresión más eminente del miedo al caos (obsesión) y del antídoto para prevenirlo (compulsión); he observado tics O.C. en gran cantidad de personas de enorme erudición y cultura, de hecho, la historia de los genios está plagada de O.C.’s.
    La obsesión del Caos nos impulsa compulsivamente a buscar respuestas en la ciencia, en el acervo cultural colectivo, pero estas lecturas nos suscitarán (como a Fausto), nuevas preguntas y más ansiedad. Finalmente, llegamos a nuestra masa crítica, implotamos y optamos por la irracionalidad. Podemos seguir hablando de ello, siempre con la torpeza propia de este medio. Nos puede ayudar a sentirnos, simplemente, reales, con las servidumbres y tributos que la realidad impone, cuya aceptación, posiblemente, es donde toma raíz la verdadera Libertad.
    El tema está abierto. Un abrazo.

  10. Fran dice:

    Al parecer, no concibes alternativa alguna más allá de la inaprensible erudición absoluta. Agotada ésta, agotada la carrera idealista del pensador. Agotadas las fuentes históricas del pensamiento, agotada la esperanza. Agotadas las respuestas, agotada la Ciencia.

    Al parecer, el único resultado realista tras el hastío, radica en el regreso al hombre; probablemente incluso en el regreso a Dios. El regreso al amor, en cualquier caso, en todas y cada una de sus formas concebibles.

    No puedo negar que la alternativa propuesta es, como poco, relajante. Sin embargo, bajo mi punto de vista, es falsa.

    El problema del erudito no reside en su honesto vacío; el problema del erudito es, que si bien carece de calor, jamás ha dejado de creer en el hombre como remedio. Esto supondrá su perdición, dado que el hombre resultará ser tan huérfano como él mismo. Así, su destino circular inevitable, su eternamente insaciable apetito de Todo, terminarán por atormentarlo, obligándolo a determinar la esterilidad cualitativa del conocimiento; obligándolo a elegir, ya puestos, la opción más relajada del mismo; la de partida.

    En tu discurso, equiparas Naturaleza y Ciencia. Todos hemos conocido a personas víctimas de la neurosis asociada a la obsesión por lo inabarcable, pero esas personas persiguen la Ciencia del hombre, no la Verdad. Hablamos de un buscador de ciencia encarnada en genios, magos e incluso dioses, capaces todos ellos de destilar la Realidad gratuitamente para el agradecido erudito.

    El auténtico Filósofo, sin embargo, nada tiene que ver con la erudición. El auténtico Filósofo no necesita intermediarios; en éso consiste precisamente su carrera. El auténtico Filósofo reniega del hombre (o cualquier encarnación idealizada del mismo) desde el principio. El auténtico Filósofo carece de tics, carece de tormento e incluso carece de libros en su estantería (literalmente).

    En definitiva, el auténtico Filósofo trata de comprender la Realidad diseccionando la Realidad, no debatiendo la naturaleza de la misma con exégetas encumbrados. Sólo así la Realidad se desnuda para él, implacablemente.

    Un abrazo.

  11. Santiago Jubany dice:

    Leyendo y completando intuitivamente tu comentario, podría estar de acuerdo con muchos de los conceptos que expresas. Y con todo, como en todo, son menester las matizaciones, los comentarios a pie de página, las notas marginales… pues la naturaleza de la cuestión a examen no se presta ni es proclive a afirmaciones taxativas en uno u otro sentido; en cierto modo se impone -y esa es mi posición personal al respecto-, un escepticismo generoso.
    Hombre, Dios, Naturaleza, Verdad, Realidad, Conocimiento, (entre otros), son los elementos constituyentes de una inaprensible ecuación universal que aparece a la conciencia humana con todas sus incógnitas, con todas sus X ansiogénicas: intuimos la magnitud de la ecuación y percibimos claramente las incógnitas, algo muy íntimo y muy humano nos impulsa a resolver esta ecuación, en un gesto heroico pero inexorablemente condenado al fracaso, y esto por una razón: porque nosotros mismos, en nuestra intimidad existencial, somos y estamos imbricados en la propia formulación. Nos está vedado el poder observarla desde fuera y por consiguiente, los éxitos de nuestra pesquisa sólo podrán satisfacer, en mayor o menor mesura, algunas de las X: las que corresponden a nuestro horizonte personal.
    Curiosamente, esta ecuación ontológica tiene la virtud de aliviar a unos, por la vía de pensar “Alguien (Dios) la planteó”, y de angustiar a otros: “Estoy sólo (yo) ante ella”. De ahí parten dos planteamientos vitales opuestos, cuyo único punto de concordancia es que ambos son dos planteamientos Humanos.
    Vistas así las cosas, es obvio que la erudición no aporta nada existencialmente satisfactorio.
    ¿Existen una falsa filosofía y una filosofía auténtica? A mi juicio, no, por tanto, no puede darse un filósofo autentico y un falso filósofo, porque la Philía, en su acepción de amor y amistad, no es alienable de su sentido perfecto, esto es, una vocación intensa y amable “hacia” la Sabiduría en este caso. Dado lo anterior, o se ama (y se es filósofo) o no se ama (y no se es filósofo). Y atención: no se confunda la Sabiduría (Sophía) con el Conocimiento (Gnosis). Pero esto ya son harinas de otro costal, también sabrosísimas de debatir, por cierto.
    Sobre la Verdad… Quid est veritas?
    Un abrazo.

  12. Fran dice:

    Completamente de acuerdo; no conviene demasiado confundir Gnosis con Sophia, so pena de cerrar la puerta inadecuada tras nuestras espaldas.

    No obstante, me gustaría asegurar las reglas del juego terminológico.

    Por Conocimiento entiendo lo que el erudito entiende; cantidades inagotables de ciencia, de aplicación específica o no, al alcance de unas manos siempre demasiado vacías (por definición, la infinitud del universo obliga a su permanente revisión).

    Por Sabiduría entiendo lo que el Filósofo entiende, al margen de qué objeto sea ése tan digno de ser reverenciado. Un objeto integrado como “Verdad” en cualquier caso, para cualquier amante verdaderamente pasmado por su belleza y utilidad trascendente.

    Ahora bien, ¿qué significa esa Verdad para un perfil como el mío, capaz de declararse a sí mismo heredero legítimo de su persecución?.

    No estoy de acuerdo contigo cuando afirmas que nuestro horizonte de control ha de ser necesariamente contingente, limitado a nuestra experiencia inmediata, a nuestro devenir incontrolable, a nuestra finitud.

    No estoy de acuerdo contigo si pretendes afirmar que el hombre es incapaz de hacer honesta antropología de su propio espejo; de valorar su personal carrera evolutiva desde una posición capaz de trascender sus intereses subjetivos particulares.

    Ciertamente, la mayor parte de los hombres se abandonan a su propia inercia histórica sin mayores pretensiones, pero en ocasiones, no sólo es perfectamente posible sino absolutamente necesario comprender qué está pasando, por encima de esa dinámica indirecta que aparentemente nos atrapa.

    “La Verdad” consistiría precisamente en determinar con el rigor adecuado ese “qué está pasando”, “cómo está pasando” y “por qué está pasando”. Una vez adquirida la conciencia necesaria, el Filósofo se convierte así en ingeniero de su propio destino; un ingeniero capaz de diseñar un “qué debería pasar” verdaderamente favorable a su supervivencia.

    En síntesis, el hombre sufre el mundo carente de manual de instrucciones, pero, como sucede con cualquier sistema determinista, eventualmente se evidencia la posibilidad de implementar una configuración estratégica optimizada al servicio de su propósito original; funcionar correctamente el mayor tiempo posible mediante el menor coste energético.

    No es necesario perderse en la vastedad del cosmos para aislar el pequeño paquete de variables que conforman la psique de cualquier ser vivo susceptible de perpetuar su integridad estructural mediante sencillos mecanismos de realimentación sistémica.

    ¿Mecanicista?. No, Real. Tratar de derribar esta postura sugiere un mero síntoma de inclinación hacia las respuestas fáciles, aceptables emocionalmente pero desde luego torpes en términos de economía real.

    Existen multitud de alternativas para sentir que vivimos correctamente, que somos felices y que logramos hacer sabios a nuestros hijos, pero sólo una de ellas es plausible en términos de optimización logística.

    A esa “sólo una de ellas” llamo yo Verdad.

  13. richeutz dice:

    El hombre se encuentra ante sí y ante el mundo, ésa es su doble conciencia. O dicho de un modo más afinado, se encuentra ante la conciencia de sí y ante la conciencia de lo otro. Colegir de esa conciencia dual un “sufrir en el mundo” no constituye precisamente un acto de objetividad. Por supuesto que “el hombre es capaz de hacer honesta antropología de su propio espejo”, en definir en qué consiste y cómo se desarolla este acto de honestidad radica precisamente la cuestión. Me sorprende la noción de verdad que expones. Ésa es precisamente la verdad en minúsculas, la verdad parcial y en constante cuestión de las diferentes ciencias y lo que determina el límite de las mismas: para analizarla, no tiene más remedio que disecarla, prescindir de la constante actualización de la misma. La Filosofía tiene, debería tener, otro objeto. La realidad no es susceptible de ser diseccionada porqué está viva, la “vivenciamos” cada vez que la pensamos, y al pensarla, nuestra dual conciencia la modifica. Ésa “variable” eternamente innovada es la que no permite ser aprehendida, es la que se nos escapa constantemente, felizmente desde mi particular punto de vista, y no trágicamente, según el particular punto de vista de otros. La ineludible distancia-abismo entre las dos conciencias, la imposibilidad de establecer una identidad entre ambas es la que posibilita que sigamos pensando: curiosamente la Verdad en mayúsculas no parece esconderse en la resolución definitiva del complejo entramado de lo real, sino en el vacío existente entre las dos conciencias.
    Un abrazo.

  14. Santiago Jubany dice:

    Dada la profusión del tema, sugiero -si procede-, derivarlo al foro, porque los comentarios de blog no permiten ni cursivas, ni negritas, ni tipografías, ni más formato que las mayúsculas.
    Ruego a los amigos interesados en esta materia que continuemos la discusión aquí: http://filosoforum.superforos.com/viewforum.php?f=2

  15. Kaina dice:

    Bueno leyendo lo que yace en este apartado me doy cuenta de mi cuadro clinico. Dios mio! esto da pie a que se abran mas oportunidades para conocerme; en un principio pense que mi caso era neonarcisismo pero se asemeja mas aun a este sindrome me da gusto….mucho gusto saber que mi perfil no es ajeno a os demas, espero no terminar siendo un sociopata(tal vez ya lo soy) me doy esperanzas.
    Saludos camaradas!

  16. Daniela Palacios dice:

    Narcisistas! Ególatras! e ilusos… Seleccionan con pinzas cada una de las palabras que utilizan en el blog. Leen y releen sus propios comentarios esperando las alabanzas de los demás. Cierran los ojos y se deleitan con la idea de agonizar en un síndrome que justifica su necesidad de reconocimiento social.

    Pero la realidad se impone y en este caso el libro SÍNDROMES MODERNOS PARA DUMMYS nos dice: el sujeto que e.n r.e.a.l.i.d.a.d sufra éste síndrome jamás escribiría en un blog (ni en este, ni en ninguno), porque no encontraría satisfacción alguna en el reconocimiento de su sabiduría por parte de otros a los que encuentra inferiores.

    Y ahora me estan odiando porque saben que en el fondo tengo razón… Ja,ja,ja,ja,ja

  17. Santiago Jubany dice:

    Querida Daniela y demás amigos participantes, vivimos en unos tiempos de tal mediocridad, de tan enorme mediocridad, que no es raro que algunas personas escojan una enfermedad muy rara (como es el síndrome de Fausto) para transmitir a los demás la excelencia de sus propios problemas personales. Lo he visto en tantas ocasiones que la cuestión no ofrece lugar a dudas.
    Sobre si escribirían o no en un blog, no sabría decir. Lo que sí sé, y lo reitero, es que los “fáusticos” sufren mucho y no son muy proclives a tontear con lo suyo. Un abrazo

  18. Kaina dice:

    hahahahahaha! vale más reirse de las penas. No encontraremos solucion al enojarnos o ignarar a aquel que tome el tema a juego. Invito a mi amigo sarcastico a handar en el tema y ya despues que sepa verdaderamente la sintaxis podra ser una opinion acertiva. Pero te agradezco tu comentario Daniela Palacios Said, es muy chistozo y guarro. Te invito a participar mas en el foro para que pongas ese toque de perspicacia incomoda entre nosotros los lamados “fáusticos”. Pero en verdad Daniela un Fuausto-egoista-egolatra como tu refieres si vive lleno de insatisfaccion y de vacio…..para el resto de su vida.

  19. Psico-Mexicano dice:

    Interesante la descripción del síndrome, pero me queda la duda de ¿Quíen y cuántos avalan la excistencia de dicho síndrome? Alguna asociación, estudios científicos, cuántos casos etc… Porque si queremos (a quienes nos interesa) que la psicología sea considerada seriamente una ciencia me parece que estas cuestiones deben ser consideradas. Gracias de ante mano por la respuesta.

  20. Namenlos dice:

    Señor me ha llamado mucho la atención con la publicación aquí presente, si fuera amable de recibir mi correo podriamos debatir a fondo la crísis de este síndrome y sus consecuencias, para aclarar mis dudas.

  21. Ahora me he dado cuenta de que quedaba por responder, sobre este tema, una cuestión planteada por psico-mexicano, que se añade a la de namenlos. Estos días ando un poco apurado de tiempo, pero tomo nota y daré las respuestas pertinentes a la mayor brevedad posible. Gracias.

  22. Dryan dice:

    Una pregunta, Cual es la edad en que se manifiesta este síndrome comúnmente? y esas personas en realidad no son felices?

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