René Descartes

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Uno de los momentos más hermosos de mi vida fue cuando, en la Universidad de Medicina, mi profesor de anatomía dijo que, a juzgar por mis ideas, yo era cartesiano. Sí, lo soy. Es más, soy más cartesiano que el propio Descartes, cuyas fastuosas obras son una fuente constante de inspiración. Además de ser un genio, René era un prodigio de vagancia: se hacía leer los libros, escribía en la cama, era un libertino y cuando tuvo que romper su feliz rutina para acudir en servicio de una reina, falleció. Eso no creo que me pase a mí.

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