Bar Hiya y Nicolás Flamel, alquimistas

En su momento me interesó mucho la posible identidad entre un cosmógono judío, Rabbi Abraham Bar Hiya, y el misterioso personaje que dió pié a Nicolás Flamel, alquimista celebérrimo, para que este iniciara y culminara su obra transmutatoria, siguiendo los pasos que se especificaban en el “Libro de Abraham el judío“, libro famosísimo dentro de la historia de la Alquimia. Flamel escribió un libro, que encontraréis aquí. En razón de ese interés mío, escribí esta hipótesis más que razonable, que he encontrado buscando entre papeles. Y dado que vale la pena, la publico en esta Aula.
Santiago Jubany
SOBRE RABBI ABRAHAM BAR HIYA Y EL LIBRO DE FLAMEL

Rabi Abraham bar Hiya fue uno de los más grandes sabios de Israel en la España medieval y autor de numerosas obras científicas: su viva inquietud intelectual le llevó a estudiar matemáticas, astronomía, filosofía, teología, idiomas… Nació en el seno de una familia principal de Barcelona circa 1070 (+1149), y fue conocido con el seudónimo de ha-nassi, el príncipe, título honorífico que se otorgaba al más elevado dirigente de la comunidad y del magisterio rabínico. Con frecuencia es mencionado con el nombre de ha-sefaradi, el español, ha-barseloni, barcelonés, y con el título arábico Sabasorda, jefe de la guardia, acaso como recuerdo de algún servicio prestado en la corte musulmana. Abraham Bar Hiya gozó en todo momento del respeto y consideración de los grandes de este mundo. En la literatura cristiana del momento era llamado Abraham el judío y sus obras científicas fueron tan celebres como sus escritos filosóficos y teológicos.

Esta es una relación de las obras que se le atribuyen, según el canon establecido por Steinschneider:

I. Yesode hatebuna uemigdol ha-emuna. Fundamentos de la inteligencia y torre de la creencia. Enciclopedia de ciencias matemáticas. Trata de aritmética, geometría, óptica, astronomía y música. Por desgracia, solamente se han conservado fragmentos de la primera parte (editados modernamente por el CSIC, Instituto Arias Montano, en traducción de Millàs Vallicrosa).

II. Hibbur hameschichah vehatishbores. Tratado de geometría. Obra fundamentalmente práctica consagrada al cálculo y a la medición. Su caracter práctico la distingue de la obra anterior, exclusivamente científica. Con el título Liber Embadorum fue traducida en parte al latín por Platón de Tivoli.

III. Surat ha-aretz. Forma de la tierra. Tratado de astronomía y cosmografía en diez capítulos. En él se afirma que la ciencia astronómica ha de ser dividida en dos partes cardinales: la primera parte concierne a la forma del cielo y a sus movimientos, y la otra concierne a la astrología, que no es una ciencia propiamente dicha pues ni es experimental ni consta de pruebas precisas.

IV. Hesebon mahlekot ha-kokabim. Cálculo de los movimientos de los astros. Como su título indica, es un tratado de astronomía y parece ser una sergunda parte de la obra anterior. Está dividida en veinte capítulos y en algunos manuscritos aparecen notas autógrafas de Abraham Ibn Ezra.

V. Luhot. Tablas astronómicas. Libro de efemérides, también conocido con el nombre de Tablas del Nassi (del Príncipe) o Tablas de Albataní, pues nuestro autor seguía a ese astrónomo. Se han conservado algunos manuscritos de este texto anotados por Ibn Ezra.

VI. Sefer haihbur. Libro del cómputo del calendario. El tratado hebreo más antiguo sobre esta materia. Libro para calcular las fechas de la luna nueva, el principio de los años, de los meses y de las estaciones.

VII. Hegyon ha-nefesch. Meditación del alma. Obra filosófica de caracter ético, que pretende sentar unas bases racionales para la religión. Discurso muy influenciado por el neoplatonismo.

VIII. Meguilat ha-megalle. Libro revelador o Libro del Revelador. Obra muy preocupada por el mesianismo. En ella se afirma que el Mesias vendra en el año 5118 (1358). calculo del año de la redencion mesianica basada en el libro de Daniel i el Pentateuco. (Existe traducción al catalán: Abraam bar Hiia. Llibre revelador. Barcelona, 1929)

IX. Carta apologética dirigida a Jehuda Barzilai Albarceloní y “a los sabios del país.

Como traductor colaboró con Platón de Tívoli, cristiano, y colaboraron juntos en alguna obra de astrologia, geomancia y medicina, v.gr. el de horarum electionibus de Ali ben Ahmed Al-imrani, libro astrológico; todos los manuscritos conservados de esta obra estan datados en Barcelona y firmados con el nombre Abram iudeos ispanus. Nuestro autor jugó un papel importante en la transmisión de la ciencia griega a los cristianos de Europa al traducir los textos originales del árabe al latín y es el único, entre los autores españoles, en haber utilizado el hebreo en lugar del árabe como lengua de trabajo, incluso en sus tratados más cientificos (a fin de que pudieran ser estudiados también por los judíos franceses). Como vemos, su obra conocida es, esencialmente, la de un científico convencido en todo momento de que las verdades científicas han de ajustarse naturalmente a las verdades reveladas por las Sagradas Escrituras; en este sentido, Abraham bar Hiyya aparece ante nuestros ojos como una especie de escolástico avant la lettre.

Múltiples autores judíos posteriores utilizaron la obra de Rabbi Abraham, citándola explícita o implícitamente en su propia obra: es el caso de Judá Ha-leví (Cuzari), Abraham ibn Ezra (coment. Daniel), Maimónides (epist. a Temán), Moshe ben Nahman (Liber redemptionis), Yosef Albo (Libro de los fundamentos), Abrabanel (Fuentes de la salvación), entre otros. Entre los cristianos encontramos a Alfonso de Espina (fortalitium fidei) y al obispo Pierre d’Ailly (elucidarium astronomicae).

Henri Bates, francés, es el primer cristiano que cita y traduce parte de su obra, titulándola liber redemptionis israel, atribuyéndola a Abraham princeps.

Pico de la Mirandola conoció la obra astrológica y predictiva del rabino, citándola extensamente en su obra y refiriéndose al rabino como: “…Abraham iudaeus, non qui dicitur avenazre,sed quem uocant nasi. (Abraham el judío, no el que se llama Ibn Ezra, sino al que llaman príncipe).” (Pico de la Mirándola. Disputationes in astrologiam).

En su obra Yesodé ha-Tebunah, Bar Hiyya, después de decir que el pilar de la ciencia tiene cuatro fundamentos, (ciencia de la enseñanza o ciencia de los discursivo; ciencia física que estudia todos los seres y profundiza en el contenido de sus naturalezas y en el camino de su formación; de la ciencia humana y la ciencia política), afirma: “..El cuarto fundamento explica aquella ciencia divina que los sabios paganos denominan Ciencia de las Ciencias y tiene dos columnas: la primera trata de todas las cuestiones previas para las ciencias anteriores, cuestiones aceptadas por via de tradición y que nuestra ciencia demuestra oportunamente; la segunda columna estudia la unidad de dios y la luz resplandeciente y todos los seres incorpóreos que no necesitan ninguna clase de cuerpo, como las milicias del mundo superior. El texto bíblico aplica a esta ciencia las dos palabras ya vistas (comprender y conocer) para hacernos saber que para estudiar las ciencias anteriores no es preciso haber estudiado la ley pero que esta ciencia no puede comprenderse bien si no es por medio de la ley y de los libros santos.”

La naturaleza intelectual de nuestro polígrafo hace decir a Gershom Scholem, comentando las influencias que otrora recibieron los judíos ashkenazis:

“…Además de los elementos de Sa’adiá, en parte mal interpretados, fue cada vez mayor la influencia de Abraham Ibn’Ezra y de Abraham Bar Hiya, a través de quienes el pensamiento neoplatónico llegó al norte de Francia y a los Hasidim de Alemania. Esta corriente trajo consigo una mezcla indefinida de tradiciones relativas al ocultismo cuyas fuentes son difíciles de determinar. Las combinaciones mas extraordinarias de ocultismo helénico, magia primitiva judía y antiguas creencias alemanas en los demonios. Es característico que Eleazar de Worms utilice el término “filósofo” en la acepción empleada en los escritos latinos medievales sobre alquimia y ocultismo, es decir, para designar al sabio versado en esas ciencias ocultas. Siempre que aparece un filósofo en su libro de psicología, introduce ideas herméticas de este tipo.” (Gershom Scholem. Las grandes tendencias de la mística judía).

Una de sus teorías, explicada básicamente en su Meguillat ha-Megalle, es que el hombre posee una potencia permutativa en razón de la cual no puede conservar su cuerpo en una forma única y definitiva, pues su organismo no es capaz de reemplazar una humedad constitutiva cuya pérdida gradual es la razón de la vejez y la muerte, no obstante, si el hombre pudiera devolver el grado de humedad que anteriormente poseía, en cualidad y cantidad, jamás moriría. Y agrega que antes del pecado original aquella potencia permutativa estaba asociada a una fuerza reintegrativa, fuerza que perdió a causa del pecado y que Dios devolverá al hombre el día de la resurrección. Queremos entender que estas potencias permutativa y reintegrativa la poseen no sólo el hombre sino todos los vivientes que experimentan transformación y descomposición, incluidos los minerales y metales.

La Enciclopedia Judaica, en el epígrafe dedicado a Abraham bar Hiyya, resume sus concepciones acerca de la naturaleza diciendo, entre otras cosas: “...La materia se divide en materia pura y las superfluidades de la materia, mientras que la forma se divide en una forma abierta y una forma cerrada. El primer estadio en el proceso de la creación es la emanación de una luz que sale de la forma cerrada. Esta forma cerrada es demasiado pura para combinarse con la materia y se identifica con la forma de los ángeles, almas, etc. La luz ilumina la forma abierta, dándole las cualidades necesarias para que pueda combinarse con la materia. Una parte de la forma abierta se combina con la materia pura y de esta unión, se crearon los firmamentos. La otra parte une las superfluidades, creandose así los cuatro elementos y los seres del mundo corpóreo…” Encyclopaedia Iudaica, p. 132 y ss.

Siendo como fue, un más que notable hombre de ciencia, no deja de ser curioso que la historia de las ideas le recuerde como el hombre que puso fecha concreta a la venida del Mesías: 1358; la práctica mayoría de autores antiguos que le mencionan lo hacen en este sentido. El método que utiliza Rabbi Abraham para llegar a esta conclusión, método que anteriormente ya había empleado Saadiá Gaón, consiste en la interpretación de las fechas y cómputos que encontramos en el libro del profeta Daniel (que también tuvo muy entretenido a Newton); estas elocubraciones las complementa Hiyya con consideraciones de tipo astrológico y argumentos basados en la temurá, el notaricón y la gematria, fórmulas de permutación alfanumérica empleadas en la exégesis escritutaria.

En cualquiera de los casos, es manifiesto que todo el aparejo intelectual que utiliza para argumentar el gran acontecimiento mesiánico, se desplomó más allá de la fecha por él prevista, esto hizo que un sabio dijera de él: “...de todo cuanto escribió con respecto a lo ya pasado, bastóle con su doctrina para exponerlo y demostrarlo científicamente, pero de todo cuanto aseguró que sucedería, no sucedió nada”. (Isaac Arama. El sacrificio de Isaac). En cualquiera de los casos, Abraham bar Hiyya está plenamente convencido de la veracidad de sus cálculos y transmite al lector sus certidumbres con una extraña mezcla de elocuencia, pasión y lúcido fanatismo: el Mesías viene y las profecías se cumplen…

Hemos relatado someramente aquí la vida de este sabio judío catalán, para que el lector pueda cotejar estos datos con los datos que Nicolás Flamel suministra acerca del Libro de las figuras jeroglíficas. Nuestra pretensión, como siempre, no está tanto en demostrar como en sugerir y en este caso insinuar la identidad entre Abraham Bar Hiya y el mítico Abraham el Judío. Para que el lector no deba ir a buscar el libro de Flamel, nos hemos permitido extractar los pasajes del Libro de las figuras jeroglíficas añadiendo, si era el caso, alguna nota aclaratoria que viniera a reforzar nuestra hipótesis. Como es evidente y se verá, esta hipótesis se desmarca de aquella otra opinión que defiende el caracter ficticio, simbólico, de los hechos relatados por Flamel, sin embargo, y siempre a nuestro juicio, nada permite sostener esta conjetura. En efecto, toda la crónica flameliana es razonablemente creible, desde su adquisición del misterioso libro, a su peregrinaje a Santiago de Compostela y en su relato nada hay que sea extraordinario o fabuloso.

Flamel, describiendo el libro: “No era papel ni pergamino como los demás, sino que era de cortezas (asi me pareció) de tiernos arbustos. Sus tapas eran de fino cobre, grabado con letras y figuras extrañas. Creo que podían ser caracteres griegos u otra lengua antigua similar, pues no sabía leerlo, y no eran letras latinas o galas, ya que de esas entiendo un poco”. Parece claro que Flamel ha adquirido un libro cuya portada está escrita en caracteres hebreos.

En el interior, las hojas de corteza estaban grabadas con gran perfección y escritas con buril de hierro, unas letras latinas coloreadas, muy bellas y claras”. Podemos suponer que estas hojas de corteza son hojas de papiro. Sin embargo cuesta creer que puedan grabarse hojas de corteza, de tiernos arbustos, con un buril de hierro. Quizás la expresión grabadas deba entenderse en el sentido de dibujadas con plumilla de hierro (buril de hierro) en lugar de pluma de oca, según la costumbre de la época.

En el primer folio aparecian en gruesas letras capitales doradas: -Abraham Judío, Príncipe, sacerdote, levita, astrólogo y filósofo. A la nación judía dispersa por la ira de Dios, SALUD, D. I.

Aunque no se dice, es evidente que el frontispicio está escrito en latín y no en hebreo, porque Flamel puede leerlo bien.

Abraham el Judío: que como hemos podido leer anteriormente, es el título que la cristiandad aplicó a Bar Hiyya. Príncipe: es decir, ha-nassi, título que la comunidad judía aplicó a Bar Hiyya. Sacerdote: no hemos encontrado referencias históricas que permitan atribuir a Hiyya la condición de Cohen, a saber, de sacerdote. Levita: Esto es, de la tribu de Leví y por extensión, primogénito, pues solo los primogénitos podían ejercer el levirato. No podemos afirmar de Bar Hiyya, taxativamente, a saber, que fuera sacerdote y levita, porque la biografía suya que nos ha llegado es extraordinariamente magra. Astrólogo: que fue el oficio principal de Bar Hiyya al que dedicó, como hemos visto antes, gran parte de su producción escrita. Filósofo: título que a Bar Hiyya cuadra cómodamente y que él mismo se aplica a sí mismo a lo largo de su obra. A la nación judía dispersa por la ira de Dios: detrás de esta dedicatoria está la amarga queja del exilio, exilio que los Sefarditas españoles, sobre todo, vivían con mucha intensidad y especial sensibilidad (consultar, por ejemplo, la obra poética de Jehuda ha-Levi). Salud. D.I: ignoramos el sentido de las dos mayúsculas D.I. y, habida cuenta de que pueden querer decir cualquier cosa, nos abstendremos también aquí de proponer una interpretación.

Después de esto, aparecían grandes imprecaciones y maldiciones con la palabra varias veces repetida: MARANATHA, dirigidas a todo el que posase ahí sus ojos, si no era sacrificador o escriba” La expresión Maranatha la hallamos también en el Nuevo Testamento y su traducción viene a significar: Dios viene. Y Flamel especifica que esta palabra estaba repetida varias veces, como si el autor pretendiera subrayar la inminencia del acontecimiento mesiánico. En cuanto a las maldiciones, no afectan a Flamel, porque él mismo es escriba.

El que me vendió el libro no sabía lo que valía, ni yo cuando lo compré. Creo que se lo robaron a los miserables judíos, o lo encontraron oculto en el antiguo lugar en que habitaban”. Obviamente solamente pudo ser robado o encontrado en la Guenizah de alguna judería. Flamel escribe en el s.XIV y Abraham Hiyya es del XII. Durante estos dos siglos, los “Calls” catalanes ya habían conocido muchos pogroms y los consiguientes saqueos de bienes de propiedad judía.

En el segundo folio, consolaba a su nación, aconsejándola abandonar los vicios y, sobretodo, la idolatría, y esperar con paciencia la venida del Mesías que vencerá a todos los reyes de la tierra, y reinará con su pueblo en gloria eterna. Sin duda se trataba de un hombre muy sabio” Ya hemos visto que Bar Hiyya pronosticó la venida del Mesías para el año de 1358 (curiosamente este acontecimiento debía suceder en vida de Flamel). Aconseja a los judíos que abandonen, sobretodo la idolatría, esto es, que se resistan al bautizo y a convertirse al cristianismo, único medio que tenían para conservar vida y bienes. La llamada a la paciencia es comprensible si se piensa que para Hiyya, el Mesías vendría al cabo de 150 años solamente.

En el tercer folio y en los siguientes, para ayudar a su cautiva nacion a pagar los tributos a los emperadores romanos, y para hacer otra cosa que no diré, les enseñaba la transmutación metálica con palabras comunes, pintaba los vasos a un lado, y advertía sobre los colores de todo el resto, excepto del primer Agente del que nada hablaba; pero, -como él decía-, lo pintó con gran artificio en el tercer y cuarto folio. Y aunque estuviese muy claramente pintado, nadie lo pudiera interpretar de no estar muy avanzado en su Cábala tradicional y de no haber estudiado mucho los libros de los filósofos”. Es decir, Abraham el judío explica la transmutación en palabras comunes y representa los vasos que son precisos para acometer la empresa. La finalidad es que los judíos puedan pagar los fortísimos impuestos a que estaban sometidas las comunidades hebreas. Es curioso que Flamel no transcriba en su libro esas palabras comunes que enseñan la transmutación metálica.

Esto era lo que se contenía en estos primeros folios. No diré lo que, en un muy bello y claro latín, estaba escrito en los demás folios, pues Dios me castigaría al cometer yo una maldad aún mayor que aquel de quien se dice que deseaba que todos los hombres del mundo tuvieran una sola cabeza para cortársela de un golpe”. Es difícil suponer lo que decía en los demás folios, ¿tal vez un ataque a la figura de Jesucristo que Flamel se niega a reproducir? En cualquier caso, se dice en un muy bello y claro latín: no olvidemos que Bar Hiyya era traductor. La cita final es de Calígula, referida por Suetonio.

(Las esculturas del cementerio de París) representan dos cosas, a saber: primero los misterios de nuestra resurrección futura e indudable en el día del Juicio y advenimiento del buen Jesús”. De nuevo, basándose en el libro de Abraham, encontramos nuevas alusiones al advenimiento del Mesías.

Son estos dos espermas masculino y femenino, descritos al principio de mi Sumario Filosofico los que se engendran (así dicen Razi, Avicena y Abraham el judío), en los riñones, entrañas y operaciones de los Cuatro Elementos. Son la humedad radical de los metales, Azufre y Mercurio; no los vulgares que venden los drogueros, sino los que nos dan estos hermosos y queridos cuerpos que tanto amamos”. (Consultar el párrafo anteriormente citado, extraído de la Enciclopedia Iudaica y que refleja las tesis de nuestro rabino: aquella humedad que el cuerpo pierde a lo largo de su vida y cuya perdida es la causa de la decrepitud y muerte en los cuerpos animados, es la humedad radical de la que habla ahora Flamel.

Siempre empezaba de nuevo; y cuando estaba a punto de perder la esperanza de entender estas figuras, hice una promesa a Dios y a Santiago de Galicia para impetrar la interpretación de éstas a algún sacerdote judío en alguna de las Sinagogas de España. Con el consentimiento de Pernelle y llevando conmigo el resumen de estas figuras, tomé el hábito y el bordón” Flamel viene a España, sobre el 1380, para buscar ayuda en la interpretación del libro. Pero no se dirige a Barcelona ni a Girona, perque ignora de dónde es natural Bar Hiyya, sino a León, ciudad que, a la sazón, contaba con una importantísima escuela rabínica (donde estaba tomando cuerpo, por cierto, el Zohar).

Se llamaba Maestro Canches” Que verosímilmente es una corrupción manifiesta del apellido Sánchez.

Hasta aquí nuestras notas y comparación de lugares comunes entre ambos autores, hipótesis que esperamos poder ampliar con más detalle a medida que vayamos hallando nuevas pistas o indicios que permitan aclarar, o contradecir, científicamente, el enigma de Abraham el Judío.

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