¡Gloria a Bertoldo el Negro!

A todos los ciudadanos, pongo en conocimiento: Que nuestro dilecto y amadísimo Bertoldo el Negro, Insigne Prohombre de esta Nación, bajo la égida de Minerva Victoriosa, ha retornado hoy de una larga campaña en los terríficos Prados de la Invención, a los que partió, ¡oh, corazón audaz, generoso y valiente! para conquistarnos nuevas tierras, de las cuales nosotros, y nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos, haríamos perenne disfrute. Y hoy -día feliz-, ha retornado de la campaña, coronado aún por el sudor de la batalla civilizadora, aportando al común los abundantes trofeos que acreditan su Victoria contra el Caos. ¡Deo gratias!

HB  I - V 2ª(Primicia de su triunfo: nuestro HB-1, hecho realidad posible)

¡Dadle vino, ceñid sus sienes con guirnaldas, ofrecedle un pan perfumado y que hoy repose feliz en sus estancias, sintiéndose de nuevo en casa y querido por los suyos! Tiempo habrá para que nos relate sus hechos y para loar su genio con fastos sinceros. Pero hoy, hoy un Duque emocionado le abraza, malconteniendo lágrimas de emoción y orgullo. ¡Finis Coronat Opvs!

Publicado en  on Mayo 10, 2009 at 11:21 pm Comentarios (3)

Papelómano

A estas alturas ya se imponen confesiones importantes, y hoy haré una a riesgo de que el pesado brazo de la ley caiga sobre mí: confieso que soy un papelómano, o dicho de otro modo, un papelófilo, un papirópata y un papirólatra recalcitrante. No lo puedo evitar: me excita sobremanera el papel. Tengo una hermosa colección de libretas, cuadernos, cuadernillos, folios, hojas y cuartillas. Sea papel de 80 ó 90 gramos, hecho a mano, estucado, de arroz, de hilo, de algodón, sulfurizado, de barba, grapado, cosido o encolado, con o sin pautas, con o sin marca al agua… Pero esta filia no es desordenada y tiene unas mínimas exigencias: nada de papel de colores, ni papel reciclado: esos papeles no me satisfacen nada y me disgustan una enormidad, hasta el punto de que puedo llegar a ponerme violento. Y una cosa: que no estén escritos. Nada. Ni una sola palabra escrita ha de haber mancillado su blanca virginidad de papel.

Me siento para escribir, preparo un folio de una pureza exquisita para licuar voluntariosamente mis más profundos sentires con una Montblanc cargada de tinta y piafando nerviosa entre mis dedos; pero no puede ser. Me da pena, lo intento, pero la mirada abismal de la celulosa puede conmigo, me seduce el tuétano espiritual y termino por abandonar en el intento: no seré yo quien vulnere su inocencia vegetal. Ni hablar. Y con todo, que nadie se equivoque: escribo, pero con letras invisibles que quedan plasmadas esotéricamente sobre el papel con trazos imaginados. Así, mi colección de papel en blanco, es mi obra completa y mi legado a la posteridad. Ahora mismo no puedo continuar: he de salir a comprar una libreta antes de que cierren, concretamente una Conqueror con tapas de un azul cobalto maravilloso.

Publicado en  on at 11:48 am Dejar un comentario