Estoy extremadamente feliz: mi señora Andrea, a día de hoy, me ha hecho presente de este producto abusivamente cosmogónico: miel silvestre recogida por los indios Yanomami en la jungla, cuidadosamente preparada por las abejas amazónicas (que son venenosísimas), allá en las Indias Occidentales.
La he probado y la he hallado extremadamente nectárea, por lo cual, a partir de hoy, la degustaré diariamente, a razón de tres gotas sublinguales tomadas en ayunas, no fuera el caso de que muriera a causa de un ataque de satisfacción. Sabe Dios que este tipo de presentes me procuran unas sicalipsis tan enormes que he de estar dos días sin salir de casa.
Por ende, he decidido nombrar a mi señora Andrea (natural de Hispalis), ruinóloga oficial del Duque, un servidor, porque es experta licenciada en esta materia. A partir de este momento, cualquier paisano que tenga dudas al respecto, que me lo haga saber, y le transmitiré a ella la cuestión, pues por ahora no deseo compartir sus conocimientos ruinológicos con nadie. Más adelante, ya veremos, pero por ahora, no.