Este libro es esencial, tanto o más que el propio Timeo platónico. Lo tengo en una estima enorme y me lo he leído algunas veces. Si alguien que no esté versado en la materia se atreve con él y no lo entiende, que no se apure, que continúe con su lectura y que disfrute del placer de no-entender, que es uno de los placeres más finos y delicados que existen.