Este joven de aspecto adusto fue uno de los mayores genios del Renacimiento: sería injusto no referirlo aquí. Con apenas 34 años se murió, pero le cundieron mucho: hablaba y escribía latin, griego, italiano, francés, germano, lombardo, piamontés, siciliano, suizo, español, eslavo, turco, árabe, caldeo, hebreo, ladino y seguramente, el catalán, entre otros. A los 23 añitos, desafió a todos los doctores de la Iglesia para que debatieran con él lo que defendió aquí. De más joven, yo creía ser su reencarnación, pero ahora ya no lo creo. Hace algunos años viajé a Mirándola únicamente para honrar su busto, situado en una plaza la mar de entrañable.
P.S.// Por cierto, en 1498, Pico della Mirandola fijó en el 2012 el fin del mundo, por si interesa.
