Eureka! Después de mucho tiempo extraviados, hoy he encontrado mis apuntes de teología, de cuya pérdida me quejaba amargamente hace un par de días. Esto me pone muy feliz, pero me hace sentir tonto, la verdad. Para evitar que se perdieran, hice una copia, pero guardé la copia junto al original, de modo que a la hora de perderse, se perdieron ambos al mismo tiempo. Estas cosas ya pasan. Pero es igual, ahora estoy tan contento que hasta pondré un par de páginas aquí, en rigurosa primicia, para satisfacción exhibicionista y un tanto pecaminosa de un servidor:
Aquí vengo a afirmar que un ente dado guarda estricta identidad con cualquier otro ente, que cualquier ente es diferente de sí mismo, que existe un espacio actual que guarda continuidad con un espacio precedido y otro precedente, etc.
Aquí se examina la naturaleza del espacio en relación al ente que lo ocupa, cómo un ente puede estar en dos lugares al mismo tiempo, cómo el ente puede estar en dos tiempos distintos simultáneamente y otras cosas de gran enjundia que en su momento se estudiarán…
Este hallazgo de hoy me ha recordado la parábola del hijo pródigo, cuyo retorno al lar paterno me colma de felicidad, al tiempo que me permitirá reanudar estos “Elementos” con la alegría de un niño…cosa que haré de inmediato.


[...] Esto es lo que algunos temen. Sin embargo, según mis cálculos, bastante más exactos y mucho más de fiar, un eventual desastre no se verificaría en el orden de la masa, sino en el orden del continuum espacio-temporal, que experimentaríamos cognitivamente (si pudiéramos) como un dejá-vu de nanosegundos, de manera que (si durase dos segundos) podríamos ver la misma ola marina dos veces consecutivas, para escándalo de Heráclito. No más. El argumento -basado en mis cálculos propios- es muy largo y no lo expongo por pura pereza. Algún apunte ya lo expuse aquí y aquí. [...]