Quienes me conocen, saben que tengo un enorme interés por la virología. Su extraordinaria y simplicísima estructura morfológica, unida a sus hábitos de supervivencia y replicación, los transfoman en seres perfectos, dignos de la más alta estima. Naturalmente, su belleza solo puede provenir de una excelencia en su forma, susceptible de las más altas especulaciones biofilosóficas. A continuación expongo una pequeña muestra de cápsides virales,
para que sean comparadas con estas otras figuras, extractadas de una obra de Johannes Kepler, donde se expone una teoría cosmogónica sobre la constitución del universo, a partir de los sólidos platónicos según se explican en el Timeo,
Esta excepcional morfología merece un estudio profundo, que no descarto abordar, con todo lujo de detalles, cuando tenga ocasión.
Tengo para mí que los virus se configuran en la cola de los cometas que, como todo el mundo sabe, están compuestos de agua, hielo seco, amoníaco, metano, hierro, magnesio y silicatos. Estas sustancias que componen al cometa se encuentran congeladas, fundiéndose conforme se acercan al Sol y cayendo sobre la tierra. Algunas investigaciones (como la panspermia) apuntan que los materiales que componen los cometas son materia órganica esencial para la vida, y que esto dio lugar para que en la temprana formación de los planetas estos impactaran contra la tierra y dieran origen a los seres vivos.
Por eso, los antiguos tenían terror a la aparición de cometas, pues intuían que de su aparición se seguirían pestes, desgracias y grandes mortandades, no como hoy, que se tienen como bellos espectáculos celestes (que lo son, a pesar de todo). En breve, os demostraré esta teoría mía con una tabla astrobioestadística, donde podréis considerar desde un punto de vista histórico, la coincidencia entre la aparición de cometas y la subsecuente aparición de plagas. Por ahora baste con lo dicho.




