San Vicente de Lerins: Reglas para mantener la fe

Traduzco un par de avisos del Commonitorio de San Vicente de Lerins, útiles para mantenerse a flote en la procelosa agitación de los tiempos presentes. Como harán falta en algún momento, aquí están a la vista.

Una regla general para distinguir la verdad de la fe católica de la falsedad de la depravación herética.

Frecuentemente pregunté con sinceridad y atención a muchos varones eminentes por su santidad y erudición, cómo y con qué regla universal, por así decirlo, puedo distinguir la verdad de la fe católica de la falsedad de la depravación herética; y siempre, en todo caso, he recibido la misma respuesta: que si yo o cualquier otro desease detectar el fraude y evitar las trampas de las herejías cuando surgen y permanecer completamente seguros en la fe católica, debemos, con la ayuda del Señor, fortificar nuestra propia creencia de dos modos; primero por la autoridad de la Ley Divina, y después, por la Tradición de la Iglesia Católica.

Pero aquí alguno quizá pregunte, dado que el canon de la Escritura está completo y es suficiente por sí mismo para todo y aún más que suficiente, ¿Qué necesidad hay de añadirle la autoridad de la interpretación de la Iglesia? Y es por este motivo, porque debido a la profundidad de las Sagradas Escrituras, no todos las aceptan en el mismo sentido, sino que unos entienden sus palabras de un modo y otros de modo distinto, y así parece que tiene tantas interpretaciones como intérpretes. Novaciano la expone de una manera, Sabelio de otra, Donato de otra; Arrio, Eunomio y Macedonio de otra distinta; Focio, Apolinar y Prisciliano de otra; Joviniano, Pelagio y Celestio de otra; finalmente, Nestorio, de otra. Por eso, es muy necesario, dado lo intrincado de tan varios errores, que la regla de la recta comprensión de los profetas y apóstoles se establezca de acuerdo con la interpretación habitual eclesiástica y católica.

Además, en la Iglesia Católica misma, debe tomarse toda precaución para que mantengamos la fe que se ha creído en todas partes, siempre, por todos. Ya que católico, en su sentido más cierto y estricto, como dice el nombre mismo y su razón, lo comprehende todo universalmente. Así que observaremos esta regla si seguimos la universalidad, la antigüedad y el consenso. Seguimos la universalidad si confesamos que hay una fe verdadera que confiesa toda la Iglesia en todo el mundo; la antigüedad si no nos apartamos de las interpretaciones que manifiestamente sostuvieron nuestros santos padres y ancestros; el consenso, de modo similar, si en la antigüedad nos adherimos a las definiciones consensuadas y determinadas por todos, o al menos de casi todos los sacerdotes y doctores.

Qué debe hacerse si uno o más disienten del resto.

Entonces, ¿Qué hará un católico si una pequeña porción de la Iglesia se separa de la comunión con la fe universal? ¿Qué, sino preferir la seguridad de todo el cuerpo a la inseguridad de un miembro corrupto y pestilente? ¿Y qué hará si por algún contagio novedoso parece infectar no sólo una porción insignificante de la Iglesia, sino la totalidad de la misma? Entonces estará a salvo adhiriéndose a lo antiguo, que en nuestros días no puede ser seducido por ningún fraude novedoso.

¿Pero qué hará si en la antigüedad misma se hallase error por parte de dos o tres hombres, o en una ciudad o incluso en una provincia? Entonces se cuidará por todos los medios de preferir los decretos, si los hubiera, de un Concilio General anterior a la aspereza e ignorancia de unos pocos. Pero, ¿Y si surgiera un error sobre el que no hubiera decreto? Entonces debe recopilar, consultar e interrogar la opinión de los antiguos, de aquellos que aún viviendo en diferentes épocas y lugares, pero continuando en la comunión de la fe de la única Iglesia Católica, fueran autoridades reconocidas y aprobadas. Particularmente, buscará lo que ha sido sostenido, escrito y enseñado, no solamente por uno o dos, sino por todos igualmente, con un solo consenso, abierta, frecuente y persistentemente, hasta que él mismo lo crea también sin ningún género de dudas.

Platón y la cábala

Hace tiempo que vengo investigando la obra del controvertido Guillaume Postel, cosa que me produce un gran placer intelectual. En Sobre los admirables secretos de los números platónicos se produce un gran encuentro cosmogónico: Platón y la cábala. Postel atribuye un significado cabalístico, no ya a la doctrina de un diálogo concreto, sino al conjunto mismo de la obra platónica. Copio el siguiente pasaje para regocijo de los lectores:

“Como Platón había comprendido a los discípulos de la doctrina de Moisés sobre el nombre de diez palabras y sobre el número diez del Decálogo y  además, los dos veces doce libros de las Sagradas Escrituras habían sido instituidos por los Padres -ya que ni Daniel, ni los libros añadidos a ese número fueron conocidos hasta después del cautiverio de Babilonia-, igualmente él (Platón) ocultó un número secreto en sus obras más importantes. Con este fin, compuso diez libros de la República, y doce de las Leyes. En el conjunto de su obra, compuso tres veces doce libros, esto es, treinta y seis, para representar tres veces el Zodiaco. En esta época, en efecto, tenían otras visiones de las cosas que nosotros no tenemos hoy, muy superiores a la nuestra. Es en este sentido que Platón ha instituido para sus magistrados el número doce, celeste y auspicioso, a ejemplo de los doce patriarcas de Judea y los doce gobernadores de las colonias instituidos por Jano en toda Italia. A fin de mostrar, particularmente en el Timeo, que todas las cosas dependen de los números, comienza de este modo “Uno, dos, tres, ¿Dónde está el cuarto?”. Este misterio del cuarto encubre todo deseo y toda perfección posible en la naturaleza, conforme aparece en la Merkavah, es decir, en la enseñanza que expone el poder del cuatro a los 72 oyentes de Moisés, según Ezequiel, tal y como ha sido expuesta por los modernos en el Ginat Egoz o Jardín de los nogales, y transmitida por nosotros en La exposición latina y hebrea del Candelabro, así como en La llave de las cosas ocultas. Este es el primer género de números en Platón.”

La alucinación de Gylfi (extracto)

Leyendo La alucinación de Gylfi de Sturluson he dado con un fragmento que me ha parecido curioso y que copio a continuación:

También se dice que las Nornas que moran junto al pozo de Urthr, sacan agua de él todos los días y con ella, la arcilla qu erodea al pozo, y la salpican sobre el Fresno para que sus hojas no se marchiten ni se pudran. Tanta virtud hay en ese agua que todas las cosas que toca se vuelven tan blancas como esa película que protege al huevo de la cáscara, como se dice aquí: “Yo sé de un árbol elevado que se llama Yggdrasill, un alto árbol salpicado de arcilla blanca como la nieve. De ahí sale el rocío cuando cae en los valles. Siempre verde se eleva sobre el pozo de Urthr.” El rocío que del árbol cae a la tierra es llamado por los hombres hidromiel y se alimentan de él las abejas. Dos aves se alimentan en el pozo de Urthr. Se llaman Cisnes y de esas aves ha salido el linaje de pájaros que así se llaman.

Epístola de Ficino a Hermolao Bárbaro

A Hermolao Bárbaro, su Anfión, su Hércules y su Apolo.

Dios te salve humanísimo y elegantísimo Bárbaro, verdadera salvación mía después de Dios. Poco hace del día en que partiste y encomendaste tu vida a Dios con mis palabras. Encomienda ahora, por el contrario, con tus palabras, mi vida al vicario de Dios. Tengo por cierto, Hermolao mío, que por sólo una vez que te lo he prometido, te satisfaré tres veces al día, porque tres veces al día le canto a Dios el salmo que dice: Exaltabo te Deus meus rex (145). Y después de rezar cuando lo canto siempre me acuerdo de ti. Todos los doctores hebreos sin controversia concuerdan en que cualquiera que por la mañana, al mediodía y por la tarde, alabe a Dios con este salmo, será heredero de la eterna felicidad. Y tú, por otra parte, lo que debes hacer por mi vida lo entenderás cuando leas nuestro libro sobre la vida, así como una apología añadida al libro. Allí, cuando escuches invocar a Anfión, Apolo y Hércules, entiende siempre que invoco a Hermolao.

Florencia, a 15 de Mayo, 1490.

Marsilio Ficino.

Joaquín de Fiore: Carta al abad de Valdona

Libro de las figuras

La obra del abad Joaquín de Fiore corre una suerte paradójica. Siendo uno de los escasísimos místicos medievales que conservan algo de renombre en nuestros tiempos oscuros, los escritos que le dieron la fama no está al alcance de nadie, debido a la habitual desidia de traducir obras medievales. Aquí cuelgo una obra menor suya de espiritualidad un tanto apocalíptica. En ella comprobamos la fama de profeta de Joaquín: El abad de Valdona espera una respuesta sobre temas proféticos, ciclos cósmicos y edades del mundo. Estos temas ya le eran familiares, a juzgar por el tenor de la epístola. Conforme avanza la lectura se desdibuja la frontera de las cosas. No tenemos claro si los hechos y profecías han de acontecer en el mundo o si acontecen en el alma; si se han de estremecer los elementos o si son estadios espirituales. Acaso sean ambas cosas; la distinción está más en nuestra mente múltiple que en las profecías.

Carta al Abad de Valdona

Ormurin langi: La balada feroesa de Olaf Tryggvason

Svolder

Borges refiere esta historia que leyó a su vez en las sagas de Snorri Sturluson. En el año mil,  la batalla de Svolder enfrentó a Olaf Tryggvason, rey de Noruega, contra los reyes de Dinamarca y Suecia. A bordo de La Gran Serpiente (Ormen Lange, el drakkar vikingo más grande jamás construido) el guerrero Einar Tambarskelfir combatía junto al rey Olaf. Cuando Einar tensó su arco para disparar de nuevo, la cuerda se rompió estrepitósamente. Entonces ocurrió el momento épico:

Preguntó el rey: “¿Qué es eso que se rompe con tal ruido?”

y respondió Einar tirando el arco: “Noruega, rey, entre tus manos”.

La batalla se perdio y proféticamente se quebró Noruega. Allí desapareció también La Gran Serpiente y allí sobrevivió Einar. De Olaf Tryggvason nunca se supo. Cuenta una tradición que logró alcanzar la costa y que habiendo salido de la historia, entró en un monasterio. Otra tradición cuenta que un día retornará a bordo de La Gran Serpiente. Similares cosas narran del rey Arturo o del rey Don Sebastián.

Luchando contra el tiempo, que es el olvido, el antiguo folklore de las fascinantes islas Feroe todavía canta la gesta que aconteció en Svolder. Todavía se sigue rompiendo el arco y se rompe Noruega entre las manos del rey.

(El texto bilingüe aquí)

Eckartshausen: El arte de restaurar la juventud.

Deflogisticando

En el libro Principios del conocimiento superior, Eckartshausen menciona ciencias y disciplinas exóticas y ocultas. La ciencia de las sibilas, el magnetismo animal, la teoría de los sentimientos o la música visual se dan cita en las páginas de este libro útil y deleitoso. Entre ellas he seleccionado el capítulo sobre el arte de restaurar la juventud, que parece un arte recomendable.

El arte de restaurar la juventud