Platón y la cábala

Hace tiempo que vengo investigando la obra del controvertido Guillaume Postel, cosa que me produce un gran placer intelectual. En Sobre los admirables secretos de los números platónicos se produce un gran encuentro cosmogónico: Platón y la cábala. Postel atribuye un significado cabalístico, no ya a la doctrina de un diálogo concreto, sino al conjunto mismo de la obra platónica. Copio el siguiente pasaje para regocijo de los lectores:

“Como Platón había comprendido a los discípulos de la doctrina de Moisés sobre el nombre de diez palabras y sobre el número diez del Decálogo y  además, los dos veces doce libros de las Sagradas Escrituras habían sido instituidos por los Padres -ya que ni Daniel, ni los libros añadidos a ese número fueron conocidos hasta después del cautiverio de Babilonia-, igualmente él (Platón) ocultó un número secreto en sus obras más importantes. Con este fin, compuso diez libros de la República, y doce de las Leyes. En el conjunto de su obra, compuso tres veces doce libros, esto es, treinta y seis, para representar tres veces el Zodiaco. En esta época, en efecto, tenían otras visiones de las cosas que nosotros no tenemos hoy, muy superiores a la nuestra. Es en este sentido que Platón ha instituido para sus magistrados el número doce, celeste y auspicioso, a ejemplo de los doce patriarcas de Judea y los doce gobernadores de las colonias instituidos por Jano en toda Italia. A fin de mostrar, particularmente en el Timeo, que todas las cosas dependen de los números, comienza de este modo “Uno, dos, tres, ¿Dónde está el cuarto?”. Este misterio del cuarto encubre todo deseo y toda perfección posible en la naturaleza, conforme aparece en la Merkavah, es decir, en la enseñanza que expone el poder del cuatro a los 72 oyentes de Moisés, según Ezequiel, tal y como ha sido expuesta por los modernos en el Ginat Egoz o Jardín de los nogales, y transmitida por nosotros en La exposición latina y hebrea del Candelabro, así como en La llave de las cosas ocultas. Este es el primer género de números en Platón.”

La alucinación de Gylfi (extracto)

Leyendo La alucinación de Gylfi de Sturluson he dado con un fragmento que me ha parecido curioso y que copio a continuación:

También se dice que las Nornas que moran junto al pozo de Urthr, sacan agua de él todos los días y con ella, la arcilla qu erodea al pozo, y la salpican sobre el Fresno para que sus hojas no se marchiten ni se pudran. Tanta virtud hay en ese agua que todas las cosas que toca se vuelven tan blancas como esa película que protege al huevo de la cáscara, como se dice aquí: “Yo sé de un árbol elevado que se llama Yggdrasill, un alto árbol salpicado de arcilla blanca como la nieve. De ahí sale el rocío cuando cae en los valles. Siempre verde se eleva sobre el pozo de Urthr.” El rocío que del árbol cae a la tierra es llamado por los hombres hidromiel y se alimentan de él las abejas. Dos aves se alimentan en el pozo de Urthr. Se llaman Cisnes y de esas aves ha salido el linaje de pájaros que así se llaman.

Epístola de Ficino a Hermolao Bárbaro

A Hermolao Bárbaro, su Anfión, su Hércules y su Apolo.

Dios te salve humanísimo y elegantísimo Bárbaro, verdadera salvación mía después de Dios. Poco hace del día en que partiste y encomendaste tu vida a Dios con mis palabras. Encomienda ahora, por el contrario, con tus palabras, mi vida al vicario de Dios. Tengo por cierto, Hermolao mío, que por sólo una vez que te lo he prometido, te satisfaré tres veces al día, porque tres veces al día le canto a Dios el salmo que dice: Exaltabo te Deus meus rex (145). Y después de rezar cuando lo canto siempre me acuerdo de ti. Todos los doctores hebreos sin controversia concuerdan en que cualquiera que por la mañana, al mediodía y por la tarde, alabe a Dios con este salmo, será heredero de la eterna felicidad. Y tú, por otra parte, lo que debes hacer por mi vida lo entenderás cuando leas nuestro libro sobre la vida, así como una apología añadida al libro. Allí, cuando escuches invocar a Anfión, Apolo y Hércules, entiende siempre que invoco a Hermolao.

Florencia, a 15 de Mayo, 1490.

Marsilio Ficino.

Joaquín de Fiore: Carta al abad de Valdona

Libro de las figuras

La obra del abad Joaquín de Fiore corre una suerte paradójica. Siendo uno de los escasísimos místicos medievales que conservan algo de renombre en nuestros tiempos oscuros, los escritos que le dieron la fama no está al alcance de nadie, debido a la habitual desidia de traducir obras medievales. Aquí cuelgo una obra menor suya de espiritualidad un tanto apocalíptica. En ella comprobamos la fama de profeta de Joaquín: El abad de Valdona espera una respuesta sobre temas proféticos, ciclos cósmicos y edades del mundo. Estos temas ya le eran familiares, a juzgar por el tenor de la epístola. Conforme avanza la lectura se desdibuja la frontera de las cosas. No tenemos claro si los hechos y profecías han de acontecer en el mundo o si acontecen en el alma; si se han de estremecer los elementos o si son estadios espirituales. Acaso sean ambas cosas; la distinción está más en nuestra mente múltiple que en las profecías.

Carta al Abad de Valdona

Ormurin langi: La balada feroesa de Olaf Tryggvason

Svolder

Borges refiere esta historia que leyó a su vez en las sagas de Snorri Sturluson. En el año mil,  la batalla de Svolder enfrentó a Olaf Tryggvason, rey de Noruega, contra los reyes de Dinamarca y Suecia. A bordo de La Gran Serpiente (Ormen Lange, el drakkar vikingo más grande jamás construido) el guerrero Einar Tambarskelfir combatía junto al rey Olaf. Cuando Einar tensó su arco para disparar de nuevo, la cuerda se rompió estrepitósamente. Entonces ocurrió el momento épico:

Preguntó el rey: “¿Qué es eso que se rompe con tal ruido?”

y respondió Einar tirando el arco: “Noruega, rey, entre tus manos”.

La batalla se perdio y proféticamente se quebró Noruega. Allí desapareció también La Gran Serpiente y allí sobrevivió Einar. De Olaf Tryggvason nunca se supo. Cuenta una tradición que logró alcanzar la costa y que habiendo salido de la historia, entró en un monasterio. Otra tradición cuenta que un día retornará a bordo de La Gran Serpiente. Similares cosas narran del rey Arturo o del rey Don Sebastián.

Luchando contra el tiempo, que es el olvido, el antiguo folklore de las fascinantes islas Feroe todavía canta la gesta que aconteció en Svolder. Todavía se sigue rompiendo el arco y se rompe Noruega entre las manos del rey.

(El texto bilingüe aquí)

Eckartshausen: El arte de restaurar la juventud.

Deflogisticando

En el libro Principios del conocimiento superior, Eckartshausen menciona ciencias y disciplinas exóticas y ocultas. La ciencia de las sibilas, el magnetismo animal, la teoría de los sentimientos o la música visual se dan cita en las páginas de este libro útil y deleitoso. Entre ellas he seleccionado el capítulo sobre el arte de restaurar la juventud, que parece un arte recomendable.

El arte de restaurar la juventud

Jueves de Corpus

Siguiendo la antigua Tradición, es jueves de Corpus Christi. Se adora el Cuerpo y la Sangre de Cristo, dispuestos para la teofagia. El acto de comer el Cuerpo y beber la Sangre de Dios tiene como finalidad la divinización del hombre, la theosis de la que hablan los Santos Padres. Ingerir la sustancia divina y perfecta, libre de todo pecado, mácula e imperfección, comunica dichas cualidades a quien la consume. Desde esta perspectiva, recuerda mucho a la piedra de los alquimistas. La divinización no es sólo espiritual, sino también física, pues ese un retorno completo al Uno.

Dionisio Areopagita, neoplatónico cristiano por excelencia, lo expresa claramente: “Toda acción sacramental reduce a deificación uniforme nuestras vidas dispersas. Forja la unidad divina de las divisiones que cada uno lleva dentro. Logra en nosotros comunión y unión con el que es Uno. Afirmo, además, que la perfección de otros símolos jerárquicos se logra solamente por medio de los divinos y perfeccionantes dones de la comunión. Pues es poco menos que imposible celebrar ninguno de los sacramentos jerárquicos sin que la sagrada Eucaristía, punto culminante de todo rito, logre por su divina operación la unión con el Uno en quien reciba el sacramento. De parte de Dios le dispensa el misterioro don de llevar a perfección sus capacidades, perfeccionando en realidad su comunión con Dios. Los otros sacramentos de la jerarquía son imperfectos en el sentido de que no llevan a término nuestra comunión y unión con el Uno.” (Sobre la jerarquía celeste III, I).

Gregorio Palamás, defensor del hesicasmo como método de realización, dice refiriéndose a la Eucaristía: “Este es un misterio insuperable: Él está unido con la hipostasis humana, lo que significa que él mismo se ha unido con cada creyente a través de la participación de su cuerpo santificado, llegando a ser un cuerpo con nosotros, y haciéndonos templo de toda la divinidad.” (Defensa de los Hesicastas 1, 3, 38).

Guillaume Postel no debe faltar en esta fiesta. Para él la eucaristía es lo específico del cristianismo, lo que lo diferencia de las demás religiones. El efecto es nuestra incorporación, perfección y elevación, tres aspectos con los que se indica la regeneración física, la regeneración espiritual y el retorno al Uno: “Ya que nada puede ser considerado más grande y más manifiesto, más evidente a los sentidos y más omnipotente que el cuerpo sagrado del Cristo (que permanece en nosotros y con nosotros hasta el fin de los siglos, aunque ausente y oculto), que reprime y detiene el orgullo interior del alma y del cuerpo, con razón nos ha provisto Dios de un tan importante remedio a fin de que salgamos victorioso a ejemplo de sí mismo, puesto que Él quiso, sobretodo, que fuésemos arrastrados hacia lo alto con Él, por la incorporación, hasta la misma perfección, y ordenó que nos eleváramos por efecto de este mismo maná que subsiste perpetuamente.” (La llave de las cosas ocultas).

La tradición mandaría concluir esta breve y en absoluto exhaustiva exposición con el Pange lingua. Pero como el caro Cosmógono ya lo incluyó aquí, les remito al mismo y además les dejo con el Locus Iste de Bruckner, que también es muy hermoso.