De termas (y III)

A las 9 de la mañana he salido a la terraza y he tomado un café  Por lo visto todos los inquilinos aún están durmiendo, porque estoy solo. A ver si habré quebrantado alguna norma sin querer. Al rato, una señorita de aspecto agradable ha ocupado una mesa y ha llegado hasta mi una intensidad floral. Cuando ya me iba, le he preguntado por su perfume. Al parecer, es un eau de parfum cuyo nombre ignora porque lo ha sustraído a su hermana. “¿Le gusta, señor?” – “Mucho. Y más le diré: ignoraba lo gris que era esta terraza del mundo hasta que ha llegado usted con su fragancia“. Ha sonreído, halagada, y se ha comprometido a revelarme el nombre de la mixtura odorífera. Por mi parte, he vuelto a la chambre. La Santa Compaña de pacientes, enfundada en sus batines, empezaba a bajar con destino a los churros dominicales.
Ducha Kneipp: Bien. A los 10 minutos de manguerazos helados y ardientes ya he confesado todo lo que sabía.
Quiromasaje parcial (o hemimasaje): Bien. Avisados como estaban, no me han crujido ningún bloqueo emocional. Pero me los han cambiado de sitio. Nada que no pueda resolver en un par de días.
He cumplido. Ya estoy perfectamente desestresado, no vaya a ser que vuelvan a empezar. Copa de Cointreau, siesta y última cena. Mañana es Pentecostés, fiesta grande. Preparar una homilía al respecto para el Cosmógono. Me ha salido un micrograno en el párpado inferior derecho, notablemente molesto. Percibo una frecuencia sonora paraacufénica, debida, creo, a una hiperestesia auditiva. Nada importante. Centrarme en la homilía y en el perfume de la dama matinal. Mañana será otro día. Llueve al modo inglés.

De termas (II)

Ya lo sabía, pero ahora puedo reafirmarme en ello: no me gustan los jacuzzi; esos hervores acuáticos me hacen sentir lo que debe sentir una patata hirviendo dentro de una olla, esto es, angustia. Genéricamente hablando mi complexión espartana rehuye estos placeres tan muelles y en esa pétillant infusión de mí mismo no consigo alcanzar la sicalipsis que han conseguido los otros pacientes con meridiana facilidad. Con todo, he resistido y, dado que he venido para hacer salud, me doy por satisfecho, pues no he muerto.

La terma romana –hammam-, muy bien, como remedio plausible que es: se suda a oscuras, en soledad y nadie te molesta.

La comida balnearial es aceptable y no le demos más vueltas ni nos hagamos la mala sangre.

Por la tarde, quiromasaje bajo unos chorros de agua milagrosa. La intención era buena, pero, habida cuenta de mi aversión a ser manoseado, tampoco he llegado a ese gusto que los usuarios proclaman después de una sesión. A mi edad, es natural tener contracturas musculares, adquiridas con los años a base de muchas frustraciones y desengaños, de forma que, siendo como son de mi propiedad, estoy un poco apegado a ellas y soy renuente a que me las quieran remover, aunque sea con buena fe. No obstante, he descubierto que si me aprietan la nalga con fuerza usando el pulgar, me duele. Esto será el ciático, ya veo.

(Nota personal: no decir al quiromasajista “si me haces crujir un solo hueso te arranco el corazón”. Se tensa.)

De termas (I)

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He decidido ir a tomar las aguas a un establecimiento que las procure, con el compromiso explícito de ser obediente a los tratamientos salutíferos que me propongan, sin rechistar y con la mansedumbre que se espera de los huéspedes que frecuentan tales lugares.

He llegado de noche, me he dirigido al piano bar, he tomado un ligero tentempié y he disfrutado de una amena audición que ha perpetrado funcionarialmente el señor pianista para solaz de los inquilinos. Ha tocado my way, que es una pieza que me gusta mucho y que tengo previsto versionar algún día.

He coincidido con una excursión de jubilados. Qué menos para apaciguar los naturales instintos que suscitan estos lugares, de implícita y cierta promiscuidad, pero contrarios al propósito indeclinable de templar los humores discrásicos. Estos seniores no venían incluidos en el forfait, por lo cual –supongo-, han sido una gentileza de la casa…

Mapa de la Kalenda Maia

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Este es el mapa de la Kalenda de este año. No sé si me gusta mucho lo que veo, pero esto es lo que hay sobre las cabezas de nuestra condición caída. Como es natural, esto no afecta para nada las facultades del espíritu, que están por encima de las constelaciones, bajo la égida de Cristo y, por consiguiente, no se ven afectas por el conciliábulo del cielo viejo, que aquí presento. Seguiré estudiando el asunto en los próximos días i a veure si en treiem l’aigua clara.

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Carta de Pico a Hermolao

De Pico de la Mirándola, agrego esta carta que dirige a su amigo, relativa a la manera en que hay que exponer la filosofía auténtica, sin aderezarla en demasía con arreglos retóricos y demás superfluidades. La traducción no es mía pero es tan literal que dudo que al propio Pico le gustara. Por lo demás, todo lo relativo al Mirandolano es importante. Por eso lo pongo en los anaqueles de nuestra librería.

Hermolao

Un Sepher Yetzirah cristiano

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Ludovico, que es un sabueso como pocos, ha descubierto a través de medios singulares, lo que parece ser -y de hecho es-, un Sepher Yetzirah de escuela cristiana, escrito en copto. Lo tenemos en proceso de traducción y después de un estudio introductorio que haremos al alimón, lo publicaremos Dios mediante. No puedo dar más datos porque nadie desea que nos pisen este proyecto, lo que si podemos prometer es que es un texto re-evolucionario. Permanezcan atentos a sus pantallas.