Ormurin langi: La balada feroesa de Olaf Tryggvason

Svolder

Borges refiere esta historia que leyó a su vez en las sagas de Snorri Sturluson. En el año mil,  la batalla de Svolder enfrentó a Olaf Tryggvason, rey de Noruega, contra los reyes de Dinamarca y Suecia. A bordo de La Gran Serpiente (Ormen Lange, el drakkar vikingo más grande jamás construido) el guerrero Einar Tambarskelfir combatía junto al rey Olaf. Cuando Einar tensó su arco para disparar de nuevo, la cuerda se rompió estrepitósamente. Entonces ocurrió el momento épico:

Preguntó el rey: “¿Qué es eso que se rompe con tal ruido?”

y respondió Einar tirando el arco: “Noruega, rey, entre tus manos”.

La batalla se perdio y proféticamente se quebró Noruega. Allí desapareció también La Gran Serpiente y allí sobrevivió Einar. De Olaf Tryggvason nunca se supo. Cuenta una tradición que logró alcanzar la costa y que habiendo salido de la historia, entró en un monasterio. Otra tradición cuenta que un día retornará a bordo de La Gran Serpiente. Similares cosas narran del rey Arturo o del rey Don Sebastián.

Luchando contra el tiempo, que es el olvido, el antiguo folklore de las fascinantes islas Feroe todavía canta la gesta que aconteció en Svolder. Todavía se sigue rompiendo el arco y se rompe Noruega entre las manos del rey.

(El texto bilingüe aquí)

Eckartshausen: El arte de restaurar la juventud.

Deflogisticando

En el libro Principios del conocimiento superior, Eckartshausen menciona ciencias y disciplinas exóticas y ocultas. La ciencia de las sibilas, el magnetismo animal, la teoría de los sentimientos o la música visual se dan cita en las páginas de este libro útil y deleitoso. Entre ellas he seleccionado el capítulo sobre el arte de restaurar la juventud, que parece un arte recomendable.

El arte de restaurar la juventud

Jueves de Corpus

Siguiendo la antigua Tradición, es jueves de Corpus Christi. Se adora el Cuerpo y la Sangre de Cristo, dispuestos para la teofagia. El acto de comer el Cuerpo y beber la Sangre de Dios tiene como finalidad la divinización del hombre, la theosis de la que hablan los Santos Padres. Ingerir la sustancia divina y perfecta, libre de todo pecado, mácula e imperfección, comunica dichas cualidades a quien la consume. Desde esta perspectiva, recuerda mucho a la piedra de los alquimistas. La divinización no es sólo espiritual, sino también física, pues ese un retorno completo al Uno.

Dionisio Areopagita, neoplatónico cristiano por excelencia, lo expresa claramente: “Toda acción sacramental reduce a deificación uniforme nuestras vidas dispersas. Forja la unidad divina de las divisiones que cada uno lleva dentro. Logra en nosotros comunión y unión con el que es Uno. Afirmo, además, que la perfección de otros símolos jerárquicos se logra solamente por medio de los divinos y perfeccionantes dones de la comunión. Pues es poco menos que imposible celebrar ninguno de los sacramentos jerárquicos sin que la sagrada Eucaristía, punto culminante de todo rito, logre por su divina operación la unión con el Uno en quien reciba el sacramento. De parte de Dios le dispensa el misterioro don de llevar a perfección sus capacidades, perfeccionando en realidad su comunión con Dios. Los otros sacramentos de la jerarquía son imperfectos en el sentido de que no llevan a término nuestra comunión y unión con el Uno.” (Sobre la jerarquía celeste III, I).

Gregorio Palamás, defensor del hesicasmo como método de realización, dice refiriéndose a la Eucaristía: “Este es un misterio insuperable: Él está unido con la hipostasis humana, lo que significa que él mismo se ha unido con cada creyente a través de la participación de su cuerpo santificado, llegando a ser un cuerpo con nosotros, y haciéndonos templo de toda la divinidad.” (Defensa de los Hesicastas 1, 3, 38).

Guillaume Postel no debe faltar en esta fiesta. Para él la eucaristía es lo específico del cristianismo, lo que lo diferencia de las demás religiones. El efecto es nuestra incorporación, perfección y elevación, tres aspectos con los que se indica la regeneración física, la regeneración espiritual y el retorno al Uno: “Ya que nada puede ser considerado más grande y más manifiesto, más evidente a los sentidos y más omnipotente que el cuerpo sagrado del Cristo (que permanece en nosotros y con nosotros hasta el fin de los siglos, aunque ausente y oculto), que reprime y detiene el orgullo interior del alma y del cuerpo, con razón nos ha provisto Dios de un tan importante remedio a fin de que salgamos victorioso a ejemplo de sí mismo, puesto que Él quiso, sobretodo, que fuésemos arrastrados hacia lo alto con Él, por la incorporación, hasta la misma perfección, y ordenó que nos eleváramos por efecto de este mismo maná que subsiste perpetuamente.” (La llave de las cosas ocultas).

La tradición mandaría concluir esta breve y en absoluto exhaustiva exposición con el Pange lingua. Pero como el caro Cosmógono ya lo incluyó aquí, les remito al mismo y además les dejo con el Locus Iste de Bruckner, que también es muy hermoso.

El Espíritu Santo y la divinización

El don del Espíritu Santo, cuya venida se celebra en Pentecostés, es el Espíritu Santo mismo. Para el pueblo cristiano es la menos conocida de las personas de la Trinidad, lo que indica precisamente que su ámbito propio es el del Misterio. Su efecto en el hombre no es ni más ni menos que la divinización, la theosis, la transformación del hombre en Dios por la presencia en él de Dios. Iluminadora es la cita de San Basilio, que ilustra las consecuencias con la imaginería de la gnosis: “El Espíritu Santo, iluminando a aquellos que se han purificado de toda mancha, los hace espirituales por medio de la comunión con Él. Y como los cuerpos límpidos y transparentes, cuando un rayo los hiere, se convierten ellos mismos en brillantes y reflejan otro rayo, así las almas que llevan el Espíritu son iluminadas por el Espíritu; se hacen plenamente espirituales y transmiten a los demás la gracia, de ahí el conocimiento de las cosas futuras, el conocimiento de los misterios, la comprensión de las verdades ocultas, la distribución de los dones, la ciudadanía celeste, la conversación angélica. De Él viene la alegría interminable, la permanencia en Dios, la semejanza con Dios; el cumplimiento de los deseos: convertirse en Dios.”

De ahí la importancia de festejar dignamente Pentecostés.

Cartografía teológica (IV): Mapamundi de Hereford

El afamado mapamundi de Hereford es un mapa medieval clásico en la tradición de San Isidoro de Sevilla; por ende tiene forma de T. La tierra aparece como un círculo cuyo centro es Jerusalén.

Hereford 1

El detallismo del mapamundi es exhaustivo y supera lo terrestre. En el Calvario se vislumbra a Cristo Crucificado. Fuera de la esfera del mundo aparece Cristo Juez. También el ángel de la Anunciación, María y el Espíritu Santo. Dispuestos en derredor, los ocho vientos de la rosa. Ciudades reales o míticas, criaturas ordinarias y fantásticas -i.e: dragones, cocodrilos, esfinges, unicornios- están diseminadas a lo largo del mapa. Toda clase de razas pueblan el orbe: gigantes, judíos, escitas, trogloditas, cátaros, cinocéfalos, etc.

Hereford 2

Se mezcla la tradición bíblica con los mitos griegos. En la isla de Creta aparece un laberinto, el del minotauro, siguiendo la planta del que está representado en la catedral de Chartres. Lejos de allí, en las montañas de Armenia, está depositada el Arca de Noé.

Hereford 3

Hereford 4

¿A qué toda esta riqueza y aparato? Originalmente expuesto a la contemplación en una capilla de la catedral de Hereford, trasciende el fin meramente geográfico. Su objetivo es la contemplación de la variedad del mundo. Ficino nos habla de un reloj diseñado para atraer la influencia de las esferas planetarias, del modo de crear un talismán con el mismo propósito y acerca de como decorar la propia habitación para obtener el mismo resultado. La peculiaridad de nuestro mapamundi es que  no busca atraer la influencia de las esferas planetarias. Es a la vez locus memoriae y talismán diseñado para atraer, curiosamente, la influencia de la propia esfera terrestre, de la Tierra misma; de las distintas y contrarias cosas del mundo armonizando en un todo, cuyo espacio abarca Cristo, a la vez dentro y fuera del mismo, sometido y liberado del tiempo.

El experimento de Eckartshausen

Eckartshausen es uno de los escasos personajes que logran mantener la vista clara en medio de las tinieblas del siglo de las luces. Por eso, quizá, se han traducido muy pocas obras suyas. En “Los principios del conocimiento superior” expone un experimento muy interesante:

El resultado de mi experimento fue el siguiente: Si un cuerpo humano yace ligeramente vestido en posición horizontal sobre una cama con almohadas flexibles que a su vez descansa sobre muelles elásticos, y si esta cama está en un constante y suave movimiento, se produce una sensación muy agradable. Esta sensación pueda aumentarse mediante un olor agradable, una bebida agradable y con el reflejo de un color hermoso. Esto fortalece los nervios de modo extraordinario.

Me he propuesto, en aras de la ciencia, reproducir el experimento empleando mi persona como sujeto. No, por favor, no intenten disuadirme. Uno debe tener disciplina suficiente como para sacrificarse por el conocimiento.

Averroes: Sobre el discurso poético

Sigue a continuación mi traducción del comentario menor de Averroes a la Poética de Aristóteles. Aunque es poco lo que se conserva, no obstante es un fragmento muy jugoso: Qué es la literatura y para qué se usa. La dificultad de su lectura es la habitual de los filósofos musulmanes. Una de las tesis expuestas es que la literatura desarrolla las facultades mentales, particularmente la imaginativa, para ascender a razonamientos y contemplaciones superiores. Acaso esto explique por qué buena parte de los decimonónicos poetas malditos y decadentistas -Baudelaire, Huysmans, Verlaine o Wilde- terminaron dándose al catolicismo y a la teología.

Sobre el discurso poético